Posiblemente ha escuchado cientos de veces sobre la herencia e influencia francesa en Puerto Rico, ligada al histórico éxodo de nacionales de Francia, que se extendió a lo largo del Siglo XIX y cuyo impacto en la isla ha tenido grandes repercusiones en la sociedad hasta el día de hoy.
Pero, ¿quiénes son estos franceses? ¿Por qué emigraron a Puerto Rico? ¿Dónde se establecieron? ¿De dónde provenían?
Según la directora asociada del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico (UPR), María Dolores Luque de Sánchez, en su ensayo “Con pasaporte francés en el Puerto Rico del siglo XIX (1778-1850)”, durante las décadas finales del siglo XVIII y las primeras del siglo XIX, al menos unos 3,000 franceses se establecieron en Puerto Rico.
Aunque pudiera parecer una cifra ínfima bajo los estándares demográficos modernos, lo cierto es que fue un grupo que aportó grandemente al desarrollo de Puerto Rico a la vez que lograron gran prominencia como exitosos empresarios.

Perfil del inmigrante francés
Para entender mejor la migración de nacionales franceses a Puerto Rico es importante comprender que fueron cuatro los grupos que emigraron a la isla durante el siglo XIX: los franceses criollos, provenientes de las colonias en el Caribe; los de Norte América; los de Francia continental; y los de la isla de Córcega.
“Las principales áreas geográficas en orden del éxodo mayor fueron la isla de Córcega, Burdeos, Marsella, Nantes, Bayona, Normandía, París, la región de los Pirineos, La Rochelle y Tolosa”, explica Luque de Sánchez.
“Los corsos fueron uno de los grupos de mayor afluencia migratoria, constituyeron aproximadamente el 65% del grupo europeo y el 37% del total de los inmigrantes franceses. El resto procedió principalmente de los centros portuarios de la costa atlántica y del sur de Francia, incluyendo el dinámico puerto de Marsella. Mientras que el grupo de las Antillas representó el 38% del total de la inmigración francesa”, añade la experta en tema de la migración francesa a Puerto Rico.
La información que se ha podido corroborar con la documentación existente sobre las fechas de llegada y el lugar dónde se establecieron estos migrantes, coinciden con los periodos de inestabilidad política, tanto en la región del Caribe como en Europa.

Un denominador común identificado entre los franceses que llegaban a la isla es que preferían asentarse en la zona sur y oeste de Puerto Rico, posiblemente debido al surgimiento de pugnas ideológicas y económicas con algunos criollos puertorriqueños en San Juan y algunos pueblos del este, debido a que su ascenso económico en la isla representaba una amenaza para los intereses comerciales de la élite peninsular y criolla.
Según la historiadora, las principales ciudades que atrajeron a estos grupos migratorios fueron —en orden de importancia— Mayagüez, Ponce, Guayama, Yauco, Patillas y San Germán, que se destacaron a lo largo del siglo XIX por ser los principales centros productores de azúcar en la isla.
“Aparte de esos pueblos, otras ciudades recibieron varios de estos inmigrantes como, por ejemplo, San Juan, Río Piedras, Bayamón, Naguabo y Humacao”, indica la profesora, quien señaló además que la edad promedio de estos era de entre 25 y 30 años, siendo un 71% hombres y un 29% mujeres.
“Del grupo de 1,248 individuos cuyo estado civil pudo precisarse, el 53% lo constituían solteros, el 40% casados y el restante 7% lo componían los viudos”, indica.
Los recién llegados tenían experiencia y conocimientos avanzados sobre las técnicas de cultivo de la caña de azúcar y del café, y varios traían consigo capital que podían invertir en estas actividades agrarias y levantar la ya maltrecha economía de la vieja colonia española.
Luque de Sánchez asegura en su ensayo que el inmigrante francés no era “un ave de paso” sino que demostró gran voluntad por arraigarse a Puerto Rico y sus costumbres.

Fuga en masa
En 1791 la exitosa colonia francesa de St. Domingue, hoy día Haití, colapsó tras el alzamiento de los esclavos, quienes sostenían su economía.
“El grupo de los blancos, integrado por los arrogantes propietarios de las extensas plantaciones de azúcar y café, los funcionarios reales, profesionales, mayordomos y artesanos reclamaron el derecho al gobierno propio, pero sus planes no incluían a los mulatos y negros libres”, indica la profesora.
Para entender la magnitud y el impacto de la Revolución de Haití, que se extendió por 11 años, del total de 520,000 habitantes en St. Domingue durante ese periodo, 40,000 eran blancos; 28,000 mulatos y 452,000 esclavos.
Luque de Sánchez señaló que, en los dos primeros meses de la rebelión murieron unos 10,000 esclavos y 2,000 blancos, mientras que 180 plantaciones de azúcar fueron destruidas, así como más 900 fincas de café.
Las ejecuciones y la confiscación de los bienes por los revolucionarios ocasionaron una fuga en masa de criollos y blancos hacia las islas vecinas, principalmente Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. El número de los habitantes blancos en St. Domingue entre 1791 y 1804 descendió de 1092 a 255.

Oleada de franceses
El gobierno español acogió favorablemente la oleada migratoria en la isla, que armonizaba con su política reformista.
“A su vez los inmigrantes aquilataron y aprovecharon la fertilidad de las tierras, la abundancia de ríos que facilitaban el riego, los varios puertos naturales y la proximidad con Saint Thomas —importante centro mercantil y financiero del Caribe— apuntaban hacia la rápida expansión de la agricultura comercial”, indica la profesora.
“Al abrir el siglo XIX, el valor de las exportaciones por el puerto de San Juan reflejó este impacto. En 1803, las exportaciones de azúcar, café, tabaco, algodón y otros productos sumaron $57,500, mientras que para 1810 ascendió a $662,630”, añade.
Sin embargo, la profesora explica que no solo emigraron a la isla plantadores desplazados por la revolución, sino que también lo hicieron representantes del gobierno republicano, aventureros y corsarios.
El comienzo de las Guerras Napoleónicas en Europa, entre 1803 y 1815, y el ascenso al poder de Napoleón Bonaparte —un corso de nacimiento— quebró la alianza y las autoridades españolas en Puerto Rico mantuvieron una política cautelosa respecto a los franceses establecidos en la isla e intentaron someter, sin éxito, a los inmigrantes a una estrecha vigilancia y al secuestro de sus bienes y la expulsión del país.

Múltiples ocupaciones
La profesora indicó que las múltiples ocupaciones que desempeñaron los inmigrantes franceses en Puerto Rico tuvieron un impacto socioeconómico sin precedentes. Del 71% de los oficios de los franceses que emigraron a la isla de los que se tiene registro, el 42.07% eran agricultores, un 37.05% eran labradores, el 10.44% eran hacendados y un 10.44% mayordomos.
“Es incuestionable que la presencia de los corsos fue abrumadora en estas actividades”, argumenta la profesora, “particularmente en los municipios de Yauco, San Germán, Guayanilla y Ponce. A estos les siguieron los franceses de las Antillas y dentro de este grupo sobresalieron los de Saint Domingue, en las categorías de agricultores, labradores y hacendados. Estos se establecieron, preferentemente, en Mayagüez, Guayama, Ponce y Patillas”.
“Varias de estas personas dedicadas a la agricultura no solamente tenían la experiencia y el conocimiento técnico para sus labores, sino que también introdujeron capital, esclavos y maquinarias. El total del capital que pudimos contabilizar fue de 646,231 pesos. Los inversionistas mayores procedieron de las Antillas”, añade.
Entre los más destacados figuran Francis Quinquin, de la isla de Guadalupe y domiciliado en 1817 en Patillas, que trajo consigo un capital de 91,000 pesos y Antonio Duprat, de la isla de Martinica, quien introdujo 26,000 pesos y se estableció en Guayama en 1819.
Aunque el número de inmigrantes de la Luisiana francesa fue muy reducido con respecto de los demás grupos, su aportación en metálico fue considerable puesto que ascendió a 129,000 pesos o un 20% del total.

Las inversiones mayores de la Francia continental procedieron de las ciudades portuarias de Burdeos y Nantes. El número de propietarios de esclavos fue de 123 personas, quienes introdujeron 1,014 esclavos. Estos se concentraron mayormente en los municipios de Ponce, Mayagüez y Patillas.
Algunos de ellos, antes de establecerse definitivamente en la Isla, ya eran propietarios de tierras, haciendas de caña y de café. Estas fueron adquiridas en visitas que, con antelación a su asentamiento, realizaban a la Isla o mediante socios intermediarios.
Algunos apellidos corsos
Y si aún le queda duda sobre la importancia de la comunidad de origen francesa en la isla, vea esta lista de apellidos que, según indica el portal cibernético de la Asociación de Corsos de Puerto Rico, son algunos de los apellidos paternos identificados y corroborados de corsos establecidos en Puerto Rico:
- Agostini
- Alers
- Altieri
- Antonmattei
- Antonsanti
- Bartolomei
- Benedetti
- Brignon
- Casablanca
- Casanova
- Castillo
- Costa
- Crescioni
- Delucca
- Díaz / Dias
- Dominici
- Fantauzzi
- Farinacci
- Filiberti
- Ferri
- Filippetti
- Franceschi
- Franceschin
- Franchi
- Franco
- Fraticelli
- Giacomini de Porrata
- Giorgetti
- Giuliani
- Giusti
- Graziani
- Grimaldi / Gremaldi
- Lamberti
- Lombardi
- Lucchetti
- Malatesta
- Marcucci
- Marquez
- Massol
- Mattei
- Minet
- Modesti
- Molinari
- Molinelli
- Pietri
- Negroni
- Nigaglioni
- Olivieri
- Palazzi

