

22 de mayo de 2026 - 6:00 AM


Una estudiante que tenía problemas en la clase de Química creó su propio sistema de estudios diarios para repasar los conceptos que más difíciles se le hacían para dominar la clase. La maestra de un estudiante de primer grado lo graba mientras lee un cuento en voz alta y obtiene recomendaciones sobre el próximo texto que puede leer para atender sus rezagos. Otra maestra prepara, en minutos, una asignación interactiva para sus alumnos, basada en los estándares y destrezas exactas que requiere el currículo de su clase.
El uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) para la educación cada vez cobra más auge y, aunque existen preocupaciones, ya no puede ser opción ignorar estas tecnologías en la enseñanza, coincidieron tres educadoras.
Si la meta es preparar a los alumnos para ser profesionales, para tener éxito luego de la escuela, la tecnología debe ser parte esencial de su preparación, sostuvo Lisvette Flores Quiñones, facilitadora docente de tecnología educativa de la Oficina Regional Educativa (ORE) de Caguas del Departamento de Educación.
“He visto toda la transformación de la tecnología, cómo ha evolucionado, y considero que la inteligencia artificial es una estrategia adicional que tienen los maestros para hacer que nuestros estudiantes tengan una nueva manera de pensar… La utilizas a tu favor o la utilizas en tu contra, y necesitamos enseñarles a los estudiantes a usarla a su favor”, expresó Flores Quiñones, quien tiene 25 años de experiencia en la agencia.
La clave es cómo enseñar a los alumnos a usar las herramientas disponibles de forma responsable y ética, sostuvo Tania Reyes Miranda, maestra del taller de Información Tecnológica del programa de Administración de Empresas de la escuela Juan Ponce de León, en Florida.
“Como yo les digo a ellos (los estudiantes), la inteligencia artificial es como un zafacón. Todas las personas echan ahí, echan ahí, no sabemos qué cosas sirven y qué cosas no sirven hasta que tú le pides y tú puedas evaluar si lo que está diciendo es real”, expresó Reyes Miranda.
Ante el surgimiento de servicios basados en modelos de lenguaje –como ChatGPT o Claude- las preocupaciones han aumentado entre docentes por la posibilidad de que los alumnos cometan deshonestidad académica y entreguen tareas confeccionadas por la tecnología.
Tanto Reyes Miranda como Flores Quiñones señalaron que las nuevas tecnologías obligan, a su vez, a crear nuevas formas de enseñar y evaluar.
En vez de ver la inteligencia artificial como enemigo, se debe ver como un apoyo, indicó Flores Quiñones. Por ejemplo, Reyes Miranda destacó que informa a sus estudiantes que los errores ortográficos no serán aceptados en sus trabajos, pues tienen acceso a herramientas que corrigen los escritos.
“Si le pido un ensayo, pues es llevar a que ese estudiante pueda estimular su pensamiento crítico porque le va a ayudar la inteligencia artificial a que él haga un mejor ensayo. Yo puedo hacer un borrador de mi ensayo y le puedo decir a la inteligencia artificial, ‘bueno, te voy a pasar este documento, verifícame en qué punto tú crees que debo llevarlo a la investigación, en qué punto yo debo mejorar’. Después, se le enseña al estudiante a revisarlo, a validar”, detalló Flores Quiñones.
Educación aprobó, en diciembre del año pasado, su “Guía para el uso de la inteligencia artificial en el aprendizaje estudiantil”, que establece los lineamientos básicos para el uso de esta tecnología en los salones de clases. Previamente, en 2024, se había publicado el manual “La inteligencia artificial en el sistema educativo”.
La subsecretaria de Asuntos Académicos de Educación, Beverly Morro Vega, explicó que el uso de herramientas de inteligencia artificial en el sistema escolar público dependerá del grado, pero siempre estará centrado en las necesidades educativas de los estudiantes y en ser un complemento, no una sustitución del trabajo de seres humanos.
“El reto de todo sistema educativo va a ser crear el balance. Hay que crear el balance entre el estímulo al aparato perceptivo de los estudiantes, que está directamente relacionado con su desarrollo cognitivo, versus el uso e integración de la tecnología”, argumentó.
La guía aprobada el año pasado establece cuál es el contenido apropiado para los alumnos de 13 años o más, enseñar conceptos de integridad académica y ciberseguridad, entre otros. Presenta a los maestros el modelo SENSE, creado por Educación, que establece que la inteligencia artificial se debe usar en las aulas con seguridad, ética, narrativa, sinergia y evaluación.
Morro Vega enfatizó que el acceso a herramientas de inteligencia artificial generativas en las escuelas solo se da dentro del ecosistema Microsoft, con quien Educación mantiene contratos y que cuenta con elementos de seguridad para ambientes educativos.
Los más pequeños, hasta el sexto grado, no tendrán acceso a herramientas de inteligencia artificial generativas. Su exposición en el salón de clases a tecnología con inteligencia artificial se limita a “aceleradores de aprendizaje” que ayuden, por ejemplo, a fortalecer destrezas de lectura o de matemáticas, indicó la subsecretaria.
La maestra de Tecnología de la Escuela Elemental El Coquí, en Salinas, Karlalizbeth Cruz, usa programas -como Reading Progress y Minecraft- con sus estudiantes de primero a tercer grado para apoyar el aprendizaje de la lectoescritura.
“La misma inteligencia artificial los ayuda a hacer los trabajos. Por ejemplo, ahora mismo ellos están haciendo algoritmos en inglés, como si fueran programadores. Ellos escriben una palabra y (la herramienta) le va dando la idea de cómo escribirla (correctamente)”, explicó Cruz.
Uno de los programas, por ejemplo, le sugiere las lecturas que puede dar a un alumno según su grado y las destrezas que ya domina. “Si el nene tiene cinco palabras que no leyó bien, pues vuelve y se las repite. Les da ejercicios. Ya yo no paso trabajo haciéndolos, le digo ‘hazme cinco ejercicios de selección múltiple’, y se los va dando”, expresó la maestra de nivel elemental, al hacer hincapié en el tiempo que ahorra en tareas administrativas.
Morro Vega destacó que, en Puerto Rico, no se ha optado eliminar el uso de tecnología en la educación de los grados primarios, como ha ocurrido en otros países, pero sí limitar su uso para que los menores no brinquen etapas del desarrollo.
“Lo que queremos es asegurarnos que de 5 a 12 años, aproximadamente, nuestros niños estén enfocados en desarrollar las habilidades cognitivas que se fundamentan, sobre todo, en el estímulo del aparato perceptivo, que ocurre cuando el niño juega con plasticina, que ocurre cuando juega con bloques, que ocurre cuando practica caligrafía”, explicó Morro Vega.
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