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El presidente estadounidense Donald Trump durante su cumbre con el líder norcoreano Kim Jong Un en Singapur el 12 de junio del 2018. (Kevin Lim/The Straits Times via AP) (horizontal-x3)
El presidente estadounidense, Donald Trump, durante su cumbre con el líder norcoreano Kim Jong Un, en Singapur. (AP)


Pyongyang, Corea del Norte - En realidad, todo lo que el mandatario norcoreano Kim Jong Un necesitaba el martes en su cumbre sin precedentes con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, era mantener su arsenal nuclear intacto por el momento y una buena foto de un apretón de manos para mostrar que ya forma parte de la esfera internacional.

La sorpresa, probablemente incluso para él, fue que consiguió eso y mucho más

Aunque no hizo ninguna promesa firme de renunciar en un momento cercano al arsenal nuclear que tanto le ha costado conseguir, Kim pudo mostrarse como un igual con el líder de la nación más poderosa del mundo, se le planteó la idea de que el futuro de las maniobras militares conjuntas de Estados Unidos y Corea del Sur podría estar en duda y recibió abundantes elogios de un presidente que apenas el año pasado le apodaba “el hombrecillo de los cohetes”. 

Si se vio forzado a negociar por presión estadounidense, desde luego no era evidente. Y si bajo su régimen quedan escépticos de la campaña que emprendió este año con sus vecinos, la cumbre hizo mucho por dejarles aún más aislados

Todo esto de un líder de 34 años al que se había descartado de forma generalizada como demasiado joven e inexperto para durar mucho cuando asumió el poder a la muerte de su enigmático padre, Kim Jong Il, a finales de 2011. 

Desde el principio de su encuentro, Trump llenó de alabanzas a Kim, al que describió como un “hombre talentoso” que “ama muchísimo a su país”. 

Pero lo que es más importante, Trump sugirió que le gustaría poner fin a las maniobras militares anuales con Corea del Sur -una antigua demanda norcoreana- y dio a Kim mucho margen en la negociación sobre sus armas nucleares, sustituyendo las peticiones de un proceso de desnuclearización inmediato o siquiera rápido por la casi aceptación de que “lleva mucho tiempo”. 

El éxito de la cumbre no estaba garantizado. 

Hasta la misma llegada de Kim, Corea del Norte, quizá incluso más interesada en el encuentro que Trump, se había mostrado visiblemente nerviosa. 

Tras resistirse con demasiado ímpetu a las demandas del gobierno de Trump de que renunciara de inmediato a sus armas nucleares, lo que hizo que Trump suspendiera temporalmente la cumbre, Pyongyang rebajó al instante su tono para volver a contar con Trump. 

Para hacer el trato más atractivo para Washington, Kim también convirtió en un espectáculo para la prensa extranjera el cierre de una instalación de ensayos nucleares, entregó tres prisioneros estadounidenses y anunció una moratoria unilateral en los ensayos nucleares y los lanzamientos de misiles de largo alcance. 

Pero la confianza de Corea del Norte empezó a notarse casi en cuanto Kim llegó el domingo a Singapur. 

Aunque sus medios estatales habían optado por la cautela de informar relativamente poco sobre la cumbre en los meses anteriores, la cobertura se disparó cuando bajó de su vuelo arrendado de Air China, una demostración del pleno apoyo de su poderoso vecino y principal salvavidas económico. Las fotos de la llegada llenaron páginas del diario del partido gobernante y dominaron los noticieros de televisión. 

El paseo nocturno de Kim por Singapur la víspera de la cumbre tuvo una cobertura aún mayor en medios norcoreanos, que emitieron videos en los que se veía a una multitud de curiosos darse un recibimiento de estrella del rock. 

Las noticias de la cumbre en sí no habían aparecido en los medios del país el martes por la noche. Pero si los preliminares eran un indicio, ese apretón de manos histórico con Trump, que ya se ha visto en todo el globo, sería sin duda la portada de los diarios del miércoles. 

Sobre la desnuclearización, el tema clave de la cumbre, Kim parece haberse mantenido especialmente firme. O quizá no se vio muy presionado. 

Aunque los dos mandatarios mencionaron en un comunicado conjunto la necesidad de desnuclearización plena de la Península de Corea, los términos eran muy vagos, y podría argumentarse que no van más allá de promesas anteriores de Pyongyang. Está por ver que Trump estuviera en lo cierto al decir que Kim está comprometido con el proceso. 

Y se puede suponer que eso le parece bien a Kim. 

Eso no fue todo lo que consiguió el mandatario. 

Además de establecerse como un igual y reinventar su imagen exterior como un líder “normal” de un país “normal”, incluso se tomó una selfie con el ministro singapurense de Exteriores que se subió a Twitter, que como todos los medios sociales está prohibido en su país, el objetivo principal de Kim en la cumbre era socavar el apoyo a las sanciones internacionales que frenan desde hace años sus planes de desarrollo económico. 

Su éxito en ese campo pareció casi inmediato. 

Malasia, que había cortado sus lazos con Corea del Norte tras el asesinato del medio hermano de Kim en el aeropuerto de Kuala Lumpur hace un año, empieza ahora a plantear su restablecimiento. 

¿Y qué hay de China, clave para cualquier intento serio de sanciones? Según medios, también estudia suavizar sus restricciones comerciales. 


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