Pablo Escoba (semisquare-x3)
Pablo Escobar sigue siendo una figura que atrae a los turistas que visitan Colombia. (EFE)

Mientras en Colombia se retiraba la avioneta que estaba sobre la fachada de la Hacienda Nápoles, la cual fue propiedad de Pablo Escobar, en Australia, al otro lado del mundo, una hamburguesería que lleva el nombre del narcotraficante servía su plato estrella con adornos imitando cocaína y billetes enrollados.

Algo parecido sucedía en Francia: en el corazón de París, meseros de una discoteca llamada "Medellín", vestidos con chalecos antibalas, les servían tragos a sus clientes, quienes disfrutaban de música latina rodeados de un ambiente que le rinde tributo a Escobar.

La respuesta

Cuando trascendió la noticia del retiro de la aeronave, Óscar Jairo Orozco, director del Parque Hacienda Nápoles, le dijo a los medios de comunicación que el objetivo era alejar al lugar de los imaginarios del narcotráfico.

"El parque ya no tiene relación con sus antiguos dueños, queremos ser recordados como una zona de entretenimiento y las propuestas de integración familiar, por eso quisimos desmontar ese símbolo (la avioneta)", detalló Orozco.

Pero mientras instituciones colombianas buscan que al país no se le estigmatice con el tema de las drogas, los extranjeros, ya sea en su países o cuando están de visita, disfrutan de ese mundo y de establecimientos temáticos que se valen de la vida de Pablo Escobar.

La paradoja

Fabian Sanabria, antropólogo y doctor en sociología vinculado a la Universidad Nacional, explica que la imagen y el recuerdo de Escobar jamás se podrá borrar, “ni siquiera quitando la avioneta de la Hacienda Nápoles”. 

“Hay reconocer que el narcotráfico existió y dejó una profunda huella que reencarnó en la corrupción. Pero eso no quiere decir que no hayan quienes busquen hacer realizaciones culturales, a través de narconovelas, por ejemplo. Eso no se puede prohibir”, dijo el académico.

En opinión de Sanabria, los bares o restaurantes son un simple oportunismo comercial de sus dueños y es un acto de “ramplonería” (de mal gusto) que indigna a la gente. 

Por su parte, Felipe Cárdenas, antropólogo director de la Maestría en Educación de la Universidad de La Sabana, cree que la imagen de Pablo Escobar es un mito que se presta para la manipulación mediática, lo que explica la apropiación de la cual se valen los extranjeros para sacarle provecho a un negocio o atracción.

“Esa novelería alrededor de Escobar y del narcotráfico va en ese contexto de una sociedad marcada por el espectáculo, que experimenta la pérdida de valores y principios. Eso lo hace ver (a Escobar) como un héroe”, comenta Cárdenas.

Pero no es la primera vez que la vida de un criminal suscita el interés y la curiosidad. 

Por ejemplo, en la ciudad de Chicago, en Estados Unidos, se ofrece un tour para adentrarse en la vida de Al Capone, uno de los mafiosos más buscados a principio del siglo XX en ese país. Al igual, en Medellín, se ofrece el conocido "narcotour" para visitar la tumba de Escobar.

Y si no es posible evitar que eso siga pasando, entonces ¿cómo se puede utilizar la vida de un narcotraficante como para advertir a la sociedad de lo perjudicial de una vida criminal?

Cárdenas considera que con la prohibición no se logra nada. El antropólogo opina que con la memoria del conflicto del país hay que crear contenidos educativos integrales orientados a buscar un sentido de nación que refuercen los valores de ciudadanos cívicos.

“Yo no creo que los espacios se deban censurar. Hay canales educativos que de manera asertiva el país puede aprovechar para que situaciones como están no vuelvan a ocurrir”, dice.

Entretanto, Sanabria se refiere a la demolición del edificio Mónaco, propiedad que en otro tiempo fue de Pablo Escobar, la cual se consensuó hace unos meses en Medellín.

“Yo en lugar de demoler un edificio haría un centro histórico contando la memoria de Pablo Escobar. Así se puede tener una versión de lo que ocurrió para que no vuelva a suceder. Un lugar donde se muestre el horror y las ambivalencias del personaje y no apostarle a la hipocresía, como quitar una avioneta, borrar un edificio, y hacer como si aquí no hubiera pasado nada”, opina.


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