El Instituto Nacional de Migración aseguró que se les permitió el paso a cientos de inmigrantes el lunes por la noche porque la cancillería mexicana abogó para que no continuaran a la intemperie, sufriendo las inclemencias del clima.

La caravana de miles de migrantes hondureños que buscan llegar a Estados Unidos avanza por el suroriental estado mexicano de Chiapas en un brutal éxodo que se cobró al menos una vida y en el que los migrantes denunciaron violaciones a derechos humanos por parte del gobierno Mexicano.

A ritmo ligero, familias enteras, muchos hombres pero también madres solteras con hijos, han convertido el asfalto en un río de personas, una muchedumbre agotada pero sin intenciones de desfallecer.

De acuerdo con el refugio para migrantes del municipio de Suchiate, fronterizo con Guatemala, se registraron 7,125 personas de la caravana que entraron a territorio nacional mexicano, entre ellas, 1,500 mujeres y 2,400 niñas y niños.

No obstante, al menos un joven perdió la vida al caer de uno de estos vehículos, según constató Efe. Y según reportan medios locales, seis migrantes habrían muerto al volcar un tráiler en el que viajaban también en Chiapas, sin formar parte de la caravana, ejemplificando los peligros que enfrentan en la travesía.

Algunos pedían limosna. Sin apenas nada en los bolsillos y escaso equipaje, viajan con lo puesto y agradecen la ayuda del pueblo mexicano, que les reparte agua, comida, medicamentos y ropa en un ejemplo de enorme solidaridad.

La valentía, la ilusión por una vida mejor, se contagia entre los participantes de esta gran marcha.

"Estamos con todos los ánimos de seguir para arriba. Para adelante. Y en Estados Unidos esperamos a ver si nos dan el permiso para entrar", comentó César Armando Rodríguez, un hondureño de 43 años que viaja con tres compañeros empujado por la pobreza de su país.

"¡No somos criminales!", entonaban algunos durante la caminata rumbo a la pequeña localidad de Huixtla, a unos 35 kilómetros (aproximadamente unas 20 millas) de su punto de partida en Tapachula.

Precisamente este lunes varios colectivos sociales y la caravana migrante alzaron la voz contra las autoridades, con quienes el viernes mantuvieron un duro choque al forzar su entrada a territorio mexicano.

Ante decenas de medios de comunicación nacionales e internacionales, describieron este movimiento como un "éxodo" fruto de décadas de "hambre y muerte", apuntó Irineo Mujica, director de la ONG Pueblo Sin Fronteras.

Elena Lourdes Urbina denunció la separación de su hijo y su nieto, quienes están en una estación migratoria junto con más de mil personas que buscan tramitar una solicitud de refugio.

Esta enorme marcha, que se suma a otras realizadas con anterioridad, ha puesto en jaque a varios países y amenaza con romper la frágil relación diplomática entre México y Estados Unidos desde el arribo del republicano Donald Trump a la Casa Blanca.

"Tristemente parece que la Policía mexicana y los militares son incapaces de parar la caravana que se dirige a la frontera sur de Estados Unidos. Criminales y desconocidos de Medio Oriente están mezclados", alertó este lunes Trump en Twitter.

Pese a los esfuerzos del gobierno mexicano para detener el contingente, el río de personas no ha dejado de crecer y, de hecho, se habla que otra caravana podría ingresar al país, mientras que hay centenares de migrantes atrapados en el puente fronterizo entre Guatemala y México.

El futuro presidente de México, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, pidió este domingo al Gobierno de Chiapas proteger a los migrantes en su travesía y ofreció visas de trabajo a partir del el 1° de diciembre, cuando asuma el cargo.

La solidaridad del pueblo mexicano reconforta a la caravana migrante

¡Viva México!, se escucha a lo largo de la caravana migrante que busca llegar a Estados Unidos cada vez que centenares de mexicanos reparten, de forma altruista desde vehículos o a pie, comida, agua, medicamentos o ropa.

"Me duele el corazón de ver a los niños y ahí sentimos nosotros la humanidad de ellos, y cómo el gobierno no hace nada", cuenta a Efe emocionada Reina Lucía Ochoa, una habitante del estado de Chiapas que a pie de carretera repartía tortas (bocadillos).

Como un atenuante a las inclemencias, a su camino reciben el aliento de centenares de mexicanos, que distribuyen desde medicamentos a comida o ropa.

O los invitan a subir a camiones y furgonetas para facilitarles un viaje que, en el mejor de los casos, los llevará a la frontera con Estados Unidos, a más de 2,000 kilómetros (1,240 millas) de distancia.

La lluvia los recibió a su llegada a la localidad de Huixtla, pero también el cobijo de sus habitantes.

También de las autoridades municipales, que les ofrecieron dos centros deportivos parcialmente cubiertos, como de organizaciones como la Cruz Roja -que no ha dejado de repartir agua durante la caminata-, hasta las congregaciones religiosas.

En la única iglesia católica del pueblo, varios centenares de migrantes, la mayoría hondureños pero también nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos, se protegen de la lluvia mientras reciben agua y, sobre todo, atención médica proporcionada por monjas.

"Todos llegan deshidratados, traen dolor muscular y es lógico. Y son lo que más tienen junto a la micosis (infección en la piel) en pies, ingles o axilas" por rozaduras, explicó sor Beatriz Salinas de la Cruz.

La monja y enfermera ofrecía a quienes lo necesitaban breves consejos y medicinas aportadas por la congregación.

Pese a advertencias en radios locales sobre cadenas de mensajes que alentaban al odio hacia los migrantes, la mayoría de participantes en este masivo movimiento, que ya califican de éxodo sin precedentes, dan las gracias a los mexicanos.

"Excelente, me han ayudado con comida, agua y algunos aventones (viajes) en carro", dice Sergio Cáceres, un hondureño que va en silla de ruedas.

"Se están portando bien. Nos ayudan bastante, en alimentación, en aventones y en comida", agrega Norma Montalván, que con 23 años viaja con su esposo y dos hijos.

Con estos gestos, como el de un joven en bicicleta que tras hablar con un hombre de unos 60 años le da unas monedas, esta ola de migrantes que anhelan el sueño americano recobra el espíritu en una travesía llena de peligros.


💬Ver 0 comentarios