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A la hora de relacionarse con el mundo digital, los jóvenes les llevan una ventaja considerable a las generaciones mayores. (GFR Media)

Los jóvenes de América Latina son escépticos con respecto a sus gobiernos, tienen una visión del mundo basada en el equilibrio y un nivel mayor de conciencia social que, aunque contrasta con sus escasas habilidades para relacionarse personalmente por su inherencia con la era digital, les facilita la interacción para comprometerse a favor de un mundo mejor.

Esta es una gruesa conclusión de la Encuesta Intergeneracional sobre Actualidad Latinoamericana realizada por Tendencias Digitales para el Grupo de Diarios América (GDA), que analizó 4,447 sondeos digitales hechos en los 11 países que conforman la red de medios de esta organización, La Nación (Argentina), O Globo (Brasil), El Mercurio (Chile), El Tiempo (Colombia), La Nación (Costa Rica), Prensa Gráfica (El Salvador), El Universal (México), El Comercio (Perú), El Nuevo Día (Puerto Rico), El País (Uruguay) y El Nacional (Venezuela), con el objetivo de conocer la opinión de la región sobre temas políticos, sociales, de igualdad, religión, información y economía, entre otros, en este segmento de la población. El estudio (con un nivel de confianza del 95%) contó con el apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Para el análisis, se tomaron como referencia grupos sociales enmarcados en las llamadas generación Z (menores de 23 años), generación Y (entre 24 y 36 años), generación X (entre 37 y 51 años) y Baby boomers o más (mayores de 52 años).

Vale aclarar que, si bien aquí se incluyeron todos los grupos de edad, el análisis se centra en los jóvenes de las generaciones Y (millennials) y Z (centennials), que conformaron el 64 por ciento de la muestra, por lo que los grupos de mayor edad fueron tomados como referencias y elementos de contraste.

Con excepción de los Baby boomers y la generación Z, que tuvieron una relación de seis hombres por cada cuatro mujeres, en los demás grupos hubo un equilibrio entre géneros.

Una de las primeras conclusiones está relacionada con la orientación sexual, donde se encontró que en todas las generaciones, la mayoría se declara heterosexual; sin embargo, al detallar porcentajes, la generación Y tiene el mayor número de homosexuales (12 por ciento) y las mayores concentraciones de bisexualidad están en la generación Z (18 por ciento).

En nivel educativo, los mayores niveles de educación formal están entre los millennials; mientras que más de la mitad de los más jóvenes (generación Z), declaran haber terminado su secundaria, una condición definida más por procesos propios de la edad y no por rezagos académicos.

Situación personal y ciclo de vida

Los menores (la generación Z) dicen estar solos en el campo afectivo y el 50 por ciento se declaran soltero y sin pareja; mientras que los de la generación Y son los más proclives a las uniones libres: el 39 por ciento de ellos manifiestan tener pareja y mantenerse solteros.

Aunque podría parecer curiosa esa tendencia, la psicóloga clínica Sandra Herrera manifiesta que el escepticismo de los jóvenes frente a las instituciones abarca también al matrimonio formal, porque tienen una mente más abierta a la libertad y a la autonomía y no a los condicionantes sociales, por eso tienen relaciones más flexibles y un poco menos duraderas, lo que no significa que no tengan pareja, sino que son dados a las uniones libres incluso en el mismo sexo.

Volviendo a la encuesta, los centennials son los que tienen menos hijos, al punto que solo el 4 por ciento de sus integrantes dicen tenerlos, en comparación con el 20 por ciento de los integrantes de la generación Y.

Los jóvenes que tienen hijos fueron padres en su mayoría entre los 20 y los 30 años, siendo los millennials los que ostentan el porcentaje más alto de paternidad o maternidad en dichas edades.

Escépticos e insatisfechos

En temas de país, gobierno y ciudadanía, más de la mitad de los jóvenes considera que la situación de sus países es mala y la tercera parte la califica de muy mala. Una calificación que relacionan específicamente con limitaciones en la libertad de prensa, violaciones a los derechos humanos, descuido por el medio ambiente y graves problemas de comunicación, lo que deriva que casi la mitad de ellos (generaciones Z y Y) se declaren abiertamente insatisfechos con el gobierno, siendo los más jóvenes los más inconformes.

Resulta llamativo que en todos los grupos etarios la corrupción de los gobiernos, la indolencia con el medio ambiente y la violencia de todo tipo son los temas de mayor preocupación, mientras que entre los más jóvenes, la violación de los derechos humanos, el acoso sexual y el futuro de la humanidad son relevantes y, de acuerdo con la encuesta, deberían ser tratados con prioridad.

Juli Altieri tiene 24 años, es internacionalista y la representante para Argentina de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia (LAC), fundada en el 2014 y compuesta por miembros en 20 países de la región. Al tratar de explicar estas posturas, afirma que existe una crisis de representatividad de los partidos políticos que no han podido interpretar las necesidades de los jóvenes, que siguen reacios a la política tradicional.

Prueba de ello es que para la misma generación Z, los partidos políticos no son necesarios para el funcionamiento de un país, a pesar de que junto con los Y presentan los porcentajes más bajos de participación en agrupaciones políticas o movimientos estudiantiles, comparados con las generaciones de mayor edad.

“No es que seamos escépticos a la democracia, sino que al estar orientada por políticos vetustos que se mantienen en el poder, no dejan lugar a las nuevas caras y a las nuevas ideas. Eso es algo que queremos cambiar, buscando espacios de manera autónoma para llenar estos vacíos e incluso arriesgándonos a proponer nuestros nombres en los procesos electorales, en pro de la democracia y de cambios querecojan las inquietudes de los más jóvenes”, enfatiza.

“No podemos seguir siendo manejados por personas de 80 años que nacieron en un mundo distinto al actual”, remata.

La encuesta revela que para la juventud, ser ciudadano es tener derechos, pero a su vez cumplir deberes, y en este sentido, la generación Z considera los derechos como lo más importante, mientras que los millennials se inclinan un poco más por los deberes.

Frente a esta ardua defensa de los derechos humanos que han asumido los jóvenes, Altieri afirma que es la respuesta natural a posturas extremas tanto de derecha como de izquierda que tienden a manifestarse en contextos autoritarios, negando cosas fundamentales para los jóvenes y, en general, para toda la población.

Justamente el respeto, la honestidad y la libertad son los valores con los que se identifican todos los grupos de población, pero resulta significativo ver que temas como la libertad, la solidaridad, la productividad y la diversidad impactan de manera decisiva en la percepción de los más jóvenes (generación Z); mientras que dichos tópicos en poblaciones un poco mayores (generación Y y generación X) son equiparables al promedio regional.

Aquí vale decir que vivir en armonía es lo que los jóvenes asocian con el concepto de felicidad, y en esto los millennials y la generación Z comparten la misma opinión.

Pese a esta calificación, es llamativo que más de la mitad de los representantes de la generación Z considera que los ciudadanos poco o nada pueden influir con las decisiones de los gobiernos.

Sexualidad amplia y discriminación

La encuesta es generosa en datos relacionados con la sexualidad: la mayoría inicia su vida sexual entre los 16 y los 18 años, la fuente preferida para informarse en estos temas es internet, el 85 por ciento de los jóvenes utiliza anticonceptivos y los condones son el método más usado en todas las generaciones (un poco más en la Z).

Y destaca que entre ellos hay mayor apertura en temas tradicionalmente polémicos, al punto de que la mayoría de la generación Z (85 por ciento) considera que las personas del mismo sexo pueden casarse con todos sus derechos y más de la mitad considera que el aborto y la marihuana deben ser legales en cualquier circunstancia.

Sin embargo, las generaciones Y y Z manifiestan haberse sentido más discriminados, principalmente en las instituciones educativas, a la par que se encuentran más de acuerdo con equiparar oportunidades para todas las personas, independientemente de cualquier condición.

Catalina Martínez Coral, directora regional para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos, considera muy positivo que las personas más jóvenes del continente estén de manera tan generalizada a favor del aborto y de los derechos de las parejas del mismo sexo.

“Esto quiere decir que el trabajo que han hecho las organizaciones sociales ha tenido un impactoen la forma como las personas entienden y promueven los derechos sexuales y reproductivos, pero a la vez es un reto para los estados, que deberán responder en todo el continente con políticas que se encaminen a garantizar la igualdad y equidad de género, y sobre todo, el fin de la discriminación”, sostiene.

Poco religiosos

En este aspecto vale resaltar que los jóvenes de la generación Z se consideran menos religiosos, tanto que el 35 por ciento de ellos se declara poco religioso o nada religioso, seguidos muy de cerca por los millennials (generación Y), con un 29 por ciento bajo la misma condición.

Y aunque la religión católica es la que más se profesa en todas las generaciones, vale aclarar que entre los millennials y la generación Z hay una tendencia decreciente frente a esta religión, en contraste con un aumento en sus preferencias por otro tipo de cultos.

Si de espiritualidad se trata, los más jóvenes son los que menos aceptación tienen en este sentido, algo que deja en evidencia la generación Z, en la que el 48 por ciento de los encuestados se declara poco o nada espiritual, en comparación con el 29 por ciento de la generación Y y el 32 por ciento de los Baby boomers, clasificados en la misma escala.

María Camila González, periodista especializada en temas de religión, de 25 años, asegura que la juventud está más interesada en llevar cualquier relación con la espiritualidad a la acción, más que cualquier acto de pertenecer a un dogma o a una religión.

Esteban Lemus, joven de 23 años, coordinador de Misión País en Colombia, un voluntariado universitario fundamentado en la espiritualidad ignaciana, de carácter católico, agrega que si bien es claro que hoy día muchos jóvenes no se encuentran dentro de una iglesia, sí están “en una búsqueda constante de esa fuente de vida y el sentido trascendental que permita reconstruir la realidad”.

“Los jóvenes se han alejado de la Iglesia católica debido a los malos preceptos que se han construido alrededor de ella, algunos de estos infundados por eventos históricos que cada vez tienen más repercusión, como corrupción en el Vaticano y los casos de pedofilia dentro de las congregaciones religiosas. Pero precisamente veo a la espiritualidad como una búsqueda por la misericordia y un método de reconciliación”, apunta.

Redes, hábitat natural

Aunque es una verdad sabida, la encuesta demuestra que a la hora de relacionarse con el mundo digital, los jóvenes les llevan una ventaja considerable a las generaciones mayores. De hecho, son los mayores compradores por internet, los que buscan por esta vía mayor información política, los que declaran usar más Youtube y los que permiten mayor acceso a la información, a través de las redes sociales en las cuales tienen su perfil, lo que no les impide manifestar que sus cuentas en dichas redes deben ser siempre privadas y piden sancionar cualquier alteración a esta privacidad.

La psicóloga Herrera explica en este punto que la posibilidad de estar conectados de manera virtual ha tornado a los jóvenes menos gregarios, de ahí que para ellos es muy importante el peso que se mide en número de seguidores y en la difusión universal de las ideas en redes sociales, así como proyectarse a favor de causas populares, distantes incluso de su propio entorno.

Contrario a lo que se piensa, la Generación Z es la que manifiesta que más ha pensado en ahorrar para un plan de retiro, son los que más subsidios o ayuda reciben de sus gobiernos y es la que se encuentra menos bancarizada.


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