Los socorristas no dan abasto en Mozambique tras el azote del huracán.

Las dramáticas inundaciones que cubren el sudeste de África por el paso del huracán Idai desbordaron ayer los esfuerzos de los rescatistas, que se multiplicaron con escasos recursos para salvar a los miles de damnificados que aguardaban desde hacía días subidos a los árboles y techos o en islotes formados en medio del campo, con el agua cubriéndolo todo a sus pies.

El ciclón provocó deslizamientos de tierra e inundaciones que causaron más de 300 muertos en Mozambique, Zimbabwe y Malawi, los países afectados. En algunos lugares el nivel del agua alcanzó hasta 20 pies. Unas 350,000 personas están bloqueadas en zonas inundadas de Mozambique.

Pero el pronóstico del tiempo anuncia más lluvias para los próximos días como consecuencia tardía del ya superado ciclón, "y la situación probablemente empeorará", según advirtió la oficina de la ONU para asuntos humanitarios.

"Tenemos miles de personas que están bloqueadas en los techos y árboles a la espera de rescate", dijo Caroline Haga, de la Cruz Roja. Los rescatistas, superados por la importancia de la catástrofe, se enfrentan a un dilema. "Desgraciadamente no podemos socorrer a todos, por lo que nuestra prioridad son las mujeres, los chicos y los heridos", añadió.

Algunos damnificados recibieron ayuda desde el aire por no poder ser trasladados a un lugar seguro por razones de logística. "Nadie estaba preparado para las inundaciones. La gente estaba preparada para un ciclón, pero el ciclón provocó en Zimbabwe y en Malawi lluvias torrenciales, que llegaron hasta Mozambique", dijo Haga.

Las organizaciones humanitarias empezaron a llegar a la ciudad portuaria de Beira, en el sur de Mozambique, de 500,000 habitantes y una de las localidades más golpeadas por el embate de Idai. Pero la falta de equipamiento y los cortes de rutas y telecomunicaciones complicaron las tareas, mientras las ONG advertían sobre los riesgos sanitarios, sobre todo de paludismo y de cólera.

"Debemos buscar y salvar a miles de personas, armar refugios y centros de tránsito para los damnificados y permitir el acceso al agua potable", dijo la ONU. La ayuda internacional comenzaba a llegar para tratar de aliviar la crisis mientras las iglesias hacían colectas para los lugares devastados.

Asombro

Los rescatistas estaban asombrados al llegar a la diezmada Beira, que quedó destruida en un 90%. Los habitantes de la ciudad, donde algunos barrios están debajo del nivel del mar, hurgaban entre las ruinas en busca de alimentos, combustible y medicinas.

Pasarán varios días hasta que las aguas bajen desde las llanuras de Mozambique hasta el océano Índico y aún más tiempo hasta que las autoridades puedan determinar exactamente la magnitud de los daños.

"El poder del ciclón es evidente en todas partes. Los contenedores de carga fueron arrastrados por el campo como si fueran piezas de Lego", dijo un asombrado Marc Nosbach, director local del grupo humanitario CARE.

En Zimbabwe, los sobrevivientes trabajaban con picos y palas para encontrar cuerpos entre el barro, que arrastró un centenar de casas en Chimanimani (este), una pequeña ciudad situada en un valle donde el agua y el lodo arrasaron con todo a su paso, incluyendo ocho puentes que se fueron a pique sobre las corrientes embravecidas.

El presidente de Zimbabwe, Emmerson Mnangagwa, fue recibido sombríamente al llegar a Chimanimani, cerca de la frontera con Mozambique, donde las autoridades calculan que el saldo de muertes asciende a unas 350.

Un sobreviviente de Chimanimani, Amos Makunduwa, merodeaba atónito cargando un bolso en el que guardaba las únicas pertenencias que le quedaron. "Hay muerte por todas partes. Empieza a oler mal, toda la zona es como un gigantesco estanque lleno de rocas y lodo. No hay casas. Es como si nadie jamás hubiera vivido aquí", añadió.

El torrente de las aguas fue tan potente que muchas víctimas fueron arrastradas ladera abajo, desde Zimbabwe hasta Mozambique.

Hubo aldeas enteras que fueron totalmente arrasadas por las aguas, dijo el general Joe Muzvidziwa, que encabeza las labores de rescate de los militares en Zimbabwe.

La ONU alertó que el poblado de Buzi, de unos 200,000 habitantes, está en peligro de quedar al menos parcialmente sumergido.


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