

17 de enero de 2026 - 9:11 PM

Mientras Irán volvía a experimentar una tensa calma tras una ola de protestas que provocó una sangrienta represión, un clérigo de línea dura pidió el viernes la pena de muerte para los manifestantes detenidos y amenazó directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una muestra de la ira que embarga a las autoridades en la república islámica.
Trump, sin embargo, adoptó un tono conciliador, agradeciendo a los líderes de Irán por no ejecutar a cientos de manifestantes detenidos, otra señal de que podría estar alejándose de la idea de un ataque militar. Las ejecuciones, así como la muerte de manifestantes pacíficos, eran dos de las líneas rojas establecidas por Trump para una posible acción militar en el país.
Las duras medidas represivas, que han dejado varios miles de muertos, parecen haber logrado sofocar las protestas que comenzaron el 28 de diciembre por la maltrecha economía de Irán y que desafiaban directamente a la teocracia del país.
No ha habido señales de protestas durante días en Teherán, donde la vida comercial y callejera ha vuelto a una aparente normalidad, aunque se mantenía un corte de internet, que ya ha durado una semana. Las autoridades no han informado de disturbios en otras partes del país.
“Irán canceló la ejecución de más de 800 personas”, dijo Trump a los periodistas en Washington. “Respeto mucho el hecho de que lo cancelaron”.
Trump no aclaró con quién habló en Irán para confirmar el estado de las ejecuciones planeadas.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, informó el viernes que el número de muertos por las protestas era de 3,090. La cifra, que supera al de cualquier otra ronda de protestas o disturbios en Irán en décadas, sigue aumentando. La agencia ha sido precisa a lo largo de años de manifestaciones, y se apoya en una red de activistas dentro de Irán que confirma todas las muertes reportadas.
The Associated Press no ha podido confirmar de forma independiente la cifra de fallecidos. El gobierno de Irán no ha proporcionado cifras de bajas.
El sermón del ayatolá Ahmad Khatami, transmitido por la radio estatal iraní, provocó cánticos entre los asistentes a la oración, incluyendo: “¡Los hipócritas armados deben ser ejecutados!”.
Khatami, miembro de la Asamblea de Expertos y del Consejo de Guardianes de Irán, conocido desde hace mucho tiempo por sus opiniones de línea dura, describió a los manifestantes como los “mayordomos” del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y como “soldados de Trump”.
“Deberían esperar una dura venganza por parte del sistema”, indicó Khatami con respecto a Netanyahu y Trump. “Los estadounidenses y los sionistas no deberían esperar la paz”.
Su encendido discurso se produjo mientras aliados de Irán y Estados Unidos buscaban reducir las tensiones. El presidente ruso Vladímir Putin habló el viernes con el presidente iraní Masoud Pezeshkian y con Netanyahu, informó el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov.
Rusia se había mantenido en gran medida en silencio sobre las protestas. Moscú ha visto cómo varios de sus aliados clave han sufrido golpes, como la caída del expresidente de Siria, Bashar Assad, en 2024, los ataques efectuados el año pasado por Estados Unidos e Israel contra Irán y la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro este mes por parte de tropas estadounidenses, mientras la guerra en Ucrania consume sus recursos y su atención.
Días después de que Trump prometiera a los manifestantes que “la ayuda está en camino”, las manifestaciones y la posibilidad de una represalia inminente de Estados Unidos parecían haber mermado. Un diplomático dijo a The Associated Press que altos funcionarios de Egipto, Omán, Arabia Saudí y Qatar habían expresado sus preocupaciones a Trump de que una intervención militar estadounidense sacudiría la economía global y desestabilizaría una región ya de por sí volátil.
Desde el exilio, Reza Pahlavi, cuyo padre, el sha de Irán, fue derrocado por la Revolución Islámica de 1979, instó a Estados Unidos a cumplir su promesa de intervenir.
“Creo que el presidente (Trump) es un hombre de palabra”, dijo Pahlavi a periodistas en Washington. Añadió que “independientemente de si se actúa o no, nosotros, como iraníes, no tenemos otra opción que continuar la lucha”.
“Regresaré a Irán”, prometió. Horas después, instó a los manifestantes a salir a las calles nuevamente de sábado a lunes.
A pesar del apoyo de simpatizantes en la diáspora iraní, Pahlavi no ha logrado adquirir un mayor atractivo en Irán. Pero eso no le ha impedido promoverse como líder transicional del país si el régimen cayera.
Khatami, el clérigo de línea dura, también proporcionó las primeras estadísticas generales sobre los daños de las protestas, afirmando que 350 mezquitas, 126 salas de oración y otros 20 lugares sagrados habían sufrido daños. Otras 80 casas de líderes de la oración de los viernes —una posición importante dentro de la teocracia iraní— también registraron daños, un posible indicio de la ira de los manifestantes contra cualquier símbolo del gobierno del país.
Dijo que 400 hospitales, 106 ambulancias, 71 vehículos del departamento de bomberos y otros 50 de emergencias también sufrieron daños.
Aun cuando las protestas parecían haber sido sofocadas dentro de Irán, miles de iraníes exiliados y sus simpatizantes han salido a las calles en ciudades de Europa para expresar su ira contra el gobierno de la república islámica.
En medio de la continua desconexión de internet, algunos iraníes cruzaron fronteras para comunicarse con el mundo exterior. En un cruce fronterizo en la provincia oriental de Van, en el este de Turquía, varios iraníes que cruzaron el viernes dijeron que viajaban para sortear el apagón de comunicaciones.
“Regresaré a Irán después de que abran el internet”, dijo un viajero que solo dio su nombre de pila, Mehdi, por razones de seguridad.
También cruzaron la frontera algunos ciudadanos turcos que escapaban de los disturbios en Irán.
Mehmet Önder, de 47 años, estaba en Teherán por su negocio textil cuando estallaron las protestas. Dijo que se mantuvo en su hotel hasta que fue cerrado por razones de seguridad, y luego se quedó con uno de sus clientes hasta que pudo regresar a Turquía.
Aunque no se aventuró en las calles, Önder dijo que escuchó disparos.
“Entiendo de armas, porque serví en el ejército en el sureste de Turquía”, dijo. “Las armas que disparaban no eran simples pistolas. Eran ametralladoras”.
En una señal del potencial para que el conflicto cruce fronteras, un grupo separatista kurdo de Irak dijo que, en los últimos días, lanzó ataques contra la Guardia Revolucionaria iraní en represalia por la represión de Teherán contra las protestas.
Un representante del Partido de la Libertad del Kurdistán, o PAK, dijo que sus miembros han “tenido una función en las protestas a través del apoyo financiero y de operaciones armadas para defender a los manifestantes cuando sea necesario”. El grupo dijo que miembros de su brazo militar dentro de Irán lanzaron los ataques.
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