

12 de octubre de 2026 - 10:55 AM

Durante tres días, Halima Abdullahi Ibrahim cargó a su hija de 3 años desde su aldea en Somalia hasta un hospital situado a casi 90 kilómetros (56 millas) de distancia. El cuerpo de la niña se estaba hinchando y necesitaba atención médica que no estaba disponible más cerca de su hogar.
Cuando finalmente llegó al Hospital de Referencia de Kismayo, su hija, Asho Hassan Abdi, fue trasladada al centro de estabilización, una sala de paredes blancas con camas de estructura metálica, algunas cubiertas con mosquiteros. Halima sostuvo a Asho sobre su regazo, mientras la niña permanecía envuelta en una tela morada y un trabajador de la salud le examinaba los pies y la parte inferior de las piernas.
Los médicos le diagnosticaron edema, un síntoma de desnutrición aguda severa.
Asho es una de las niñas afectadas por una crisis humanitaria nacional. Alrededor de 1.92 millones de niños somalíes de entre 6 meses y casi 5 años sufren o se espera que sufran desnutrición aguda y necesiten tratamiento durante un período de un año que termina en junio de 2027, según un análisis de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC, en inglés). De esa cifra, se prevé que 433,000 niños padezcan desnutrición aguda severa, la forma que conlleva el mayor riesgo de muerte.

Más de la mitad de los casos de desnutrición infantil proyectados en Somalia se concentran en el sur del país, donde las comunidades enfrentan brotes de enfermedades, inseguridad alimentaria y acceso limitado a servicios de salud, agua potable y saneamiento. Las inundaciones en Somalia previstas, asociadas con el fenómeno de El Niño, podrían desplazar a más familias y dificultar aún más el acceso a esos servicios.
El hospital donde Asho recibía tratamiento admitió a 152 niños con desnutrición aguda severa en agosto, cuatro de los cuales murieron, informó el ministro de Salud de Jubbaland, Ismail Garas.
La crisis ocurre, además, cuando las organizaciones humanitarias disponen de menos recursos para responder. The Associated Press (AP) informó en agosto que el Programa Mundial de Alimentos solo puede ofrecer asistencia limitada, pese al aumento de las necesidades. La emergencia de Somalia también refleja una reducción del financiamiento humanitario, que está debilitando los esfuerzos para combatir el hambre, las enfermedades y la pobreza en todo el mundo.
Sandra Lattouf, representante en Somalia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), dijo que los niños están muriendo por desnutrición, mientras que enfermedades como el sarampión agravan el peligro.

“Tenemos que hacer más por ellos”, expresó Lattouf a AP durante una visita a Kismayo.
La funcionaria pidió una mayor colaboración entre los trabajadores comunitarios de la salud, los líderes locales, las autoridades gubernamentales y las organizaciones humanitarias.
Los efectos del desplazamiento y la reducción de la ayuda humanitaria son evidentes en el asentamiento de Luglow, en las afueras de Kismayo, una ciudad portuaria de más de 250,000 habitantes situada en el sur del país. Refugios con forma de cúpula, construidos con ramas dobladas y láminas de plástico remendadas, se extienden sobre la tierra rojiza, mientras el agua sucia se acumula en los surcos del terreno.
En el centro de nutrición del asentamiento, varias madres permanecen sentadas sobre esteras con sus hijos pequeños en el regazo, mientras integrantes de una delegación de UNICEF que se encuentra de visita se agachan para conversar con ellas.
Ali Adan Ali, comisionado de Jubbaland para los refugiados y desplazados internos, dijo que muchas familias desplazadas no han recibido ayuda humanitaria desde 2023 debido a la falta de fondos de las organizaciones de asistencia.

“La situación actual de los desplazados internos en Jubbaland es muy grave”, afirmó Ali.
Advirtió que las inundaciones podrían obligar a las personas que viven a lo largo del río Juba a trasladarse hacia Kismayo, situada en terrenos más elevados. Esto aumentaría la presión sobre los asentamientos, los centros de nutrición y los hospitales.
El embajador de Suecia en Somalia, Hans Henric Lundquist, visitó el centro de nutrición de Luglow junto a Lattouf y se reunió con funcionarios locales, madres y niños. Señaló que las agencias deben colaborar más estrechamente con las comunidades a medida que las limitaciones de financiamiento se hacen más severas.
“Tenemos que fortalecer la resiliencia, porque a nivel mundial hay una falta de financiamiento”, expresó Lundquist. “Tenemos que trabajar de manera más inteligente que antes”.
El recorrido de Halima ilustra lo que esta crisis puede significar para una familia: un niño con desnutrición severa puede quedar separado de la atención especializada por la pobreza, la distancia y un sistema de salud sobrecargado por el aumento de las necesidades y la reducción de la asistencia internacional. Y esa diferencia puede determinar si vive o muere.
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Esta historia fue traducida del inglés al español con una herramienta de inteligencia artificial y fue revisada por un editor antes de su publicación.
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