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A Keishla Pérez Biggio le imputan conspirar para asesinar a su madrastra Hilda Padilla.
A Keishla Pérez Biggio le imputan conspirar para asesinar a su madrastra Hilda Padilla. (Ramón “Tonito” Zayas)

Los crímenes por encargo son poco frecuentes, pero cuando ocurren estremecen a la población por la violencia que los caracteriza y por las particularidades de cada caso, coincidieron expertos en criminología.

El caso más reciente que sacudió al país es el de la empresaria Hilda Padilla Romero, baleada el pasado 30 de septiembre mientras conducía por la avenida Los Filtros, en Guaynabo. Se trata, presuntamente, de un asesinato ordenado por su hijastra Keishla Pérez Biggio motivado por problemas familiares.

“Siempre puede haber un factor de venganza o de dinero, pero este tipo de delito es bien poco frecuente”, comentó el criminólogo Joel Villa, sobre este tipo de crímenes.

Según indicó, los motivos que llevan a estos delitos son variables y no suelen estar enmarcados en un factor común, como los relacionados al narcotráfico.

“Cada caso es separado. No hay una tendencia alarmista de que hay pocos policías y estén matando a mucha gente por este tipo de delito”, señaló.

Agregó que estos casos suelen ser “bien extraños” y se refirió al de los hermanos Erik y Lyle Menéndez, quienes en 1989 mataron a sus padres en la mansión donde vivían, en Beverly Hills, California.

“Son comportamientos atípicos. Desde el punto de vista sociológico, no hay una variable fuerte en estos casos”, sostuvo.

Agregó que en muchas ocasiones la persona que planifica este delito siente que puede cometerlo y quedar impune.

“Si las personas perciben que no va a haber una pena o va a haber una ganancia, sin consecuencias, se van a inclinar a cometer el delito”, dijo.

Aunque insistió en su hasta ahora poca frecuencia, enfatizó que urge estar pendientes a estos delitos dentro de una sociedad en crisis y con falta de suficientes policías investigando casos.

Gary Gutiérrez, también experto en criminología, advirtió que el caso de Padilla Romero ha provocado más visibilidad que otros de este tipo por la clase social de los implicados, la víctima y la alegada autora intelectual del delito: la hijastra de la mujer.

“Todavía se tiene la ilusión de que la clase alta no delinque y delinquen igual que los pobres, excepto que a los pobres los etiquetan de criminales y a los ricos no”, señaló.

El criminólogo insistió en que personas de clase media alta y alta están tan expuestas a situaciones y dificultades socioeconómicas como cualquier otra. Dilemas de este tipo, resaltó, les dificultan mantener su nivel de vida y beneficios asociados. Ante este escenario, dijo, algunos responden a través de la violencia.

Para el sicólogo clínico José Enrique Cangiano, estos tipos de crímenes son parte de la violencia que vive el país.

“Se contrata a una persona, el sicario, para que cometa el acto a cambio de una remuneración o beneficio. Se planifica. Lo que hay detrás es que la culpa se difiere. Quien paga es el responsable (el autor intelectual), no el que lo comete”, dijo.

De acuerdo con Cangiano, el perfil del sicario suele ser una persona de bajo nivel académico, generalmente sin un empleo formal, que tiende a usar la violencia para resolver conflictos. Algunos, dijo, también tienen adicciones a drogas y/o al alcohol.

“Mi preocupación es que pueda ir en aumento (este tipo de crimen por encargo), como ya lo es en otras jurisdicciones. Que se convierta en una modalidad es un peligro porque llevaría la violencia a otro nivel”, deploró.

Agregó que el hecho de que el sicario no conozca a la persona que le ordenan matar produce que no haya un vínculo afectivo con la víctima, ni responsabilidad de la situación.

“Se pierde totalmente el respeto a la vida”, lamentó.