"Problemas familiares" supuestamente llevaron a Keishla Pérez Biggio a ordenar la ejecución de su madrastra, según la Policía.

Keishla Pérez Bigio regresará mañana al Tribunal de Bayamón para la lectura de acusación por el asesinato de su madrastra Hilda Padilla Romero en la avenida Los Filtros en Guaynabo.

También comparecerá William Avilés González, quien está acusado de haber sido contratado para asesinar a la empresaria el 30 de septiembre de 2019.

En la audiencia de estatus y lectura de acusación, ante la jueza Nerisvel Durán Guzmán, ambos tendrán que informar cómo se declaran - culpable o no culpable - ante los cargos que enfrentan.

El juez superior de Bayamón, Pedro Saldaña, encontró causa para juicio contra ambos, el pasado 10 de marzo, contra Pérez Bigio y Avilés González.

Saldaña halló causa por los cargos de asesinato, tentativa de asesinato y violación a la Ley de Armas, tanto contra Pérez Bigio, hijastra de Padilla Romero; y Avilés González. Mientras, desestimó los cargos por disparar desde un vehículo de motor y poner en riesgo la seguridad y orden público al disparar un arma de fuego.

La lectura de acusación se había pautado para el 24 de marzo y el comienzo del juicio para 30 de abril, pero todo quedó aplazado ante la declaración de emergencia por el coronavirus COVID-19.

Durante la vista preliminar declaró la hija mayor de Padilla Romero, el agente investigador y el testigo estrella, Luis Enrique González Martínez, el asesino confeso de la empresaria.

González Martínez admitió en la sala del tribunal que asesinó Padilla Romero para ganarse unos $1,500, de los cuales unos $750 los gastó en ropa, un celular y para comprar sustancias controladas.

Dijo que el dinero restante lo usó para pagarle a Avilés González por manejar el vehículo desde el que le disparó a la víctima.

Según el testimonio de González Martínez, Pérez Bigio, lo había contactado al menos un mes antes del asesinato, indicándole que necesitaba que “le hiciera una vuelta… que (Padilla Romero) le estaba haciendo la vida imposible a ella y a sus hijos” y que “no podía tener trabajo con su papá”.

Durante la vista preliminar se alegó que Pérez Bigio y Padilla Romero tenían problemas por razones económicas.

Padilla Romero trabajaba en la empresa de construcción de su esposo, Juan Pérez Colón, padre de Pérez Bigio.

Durante el contrainterrogatorio del testigo estrella en la vista preliminar, el abogado Edwin Castro, quien representa a Avilés González, estableció que, en la declaración jurada, no se indica la secuencia de los 14 disparos que, según González Martínez, hizo ese día.

También, se le cuestionó un disparo que hizo por el lado derecho de la guagua de la víctima cuando él había declarado que los había realizado en el izquierdo.

Mientras, la representación legal de Pérez Bigio argumentó que el hombre no entregó ni la foto que alegadamente le había compartido la acusada para identificar a la víctima ni las conversaciones que mantuvieron por mensaje de texto.

Padilla Romero fue baleada en la tarde del 30 de septiembre del año pasado mientras conducía una guagua Honda Pilot, color negra, donde también estaban las dos hijas de la empresaria, ambas menores de edad y quienes no resultaron con heridas físicas en el atentado.


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