Paul E. González Mangual
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La industria del ron

Si comparáramos el Puerto Rico de ayer con el de hoy, nos quedaríamos boquiabiertos por la forma en que nuestras industrias insignias no brillan como antes. Fue para finales del siglo pasado cuando la isla dejó de ser el país de los incentivos contributivos, de albergar a los mejores empleados del mundo y se convirtió en la cuna caribeña del mantengo.

Es imperativo, para la estabilidad y el progreso económico, que como país nos distingamos en alguna industria como lo hacen República Dominicana (turismo), Japón (automóviles), Argentina (carne) y Colombia (café), entre otros. Esas industrias y sus países son reconocidas a nivel mundial casi como sinónimos.

Aunque Puerto Rico, conocido como la Capital del Ron, es el país donde se produce el ron más consumido en el mundo y donde se consume más ron por milla cuadrada, la producción de este destilado a nivel local no compone —como debería— una parte importante de nuestro Producto Nacional Bruto.

La industria del ron —cuyos orígenes se remontan al siglo XIX— tiene potencial gigantesco para ser uno de los motores más importantes de nuestra economía moderna. Tanto es así que en 1969 el Gobierno de turno firmó la Ley 143 para incentivar la producción de espíritus destilados a través de arbitrios y publicidad, lo que dio paso a la creación del Programa de Rones de Puerto Rico. Este programa ha sido un componente importante para que la isla se distinga y cree una ventaja competitiva sostenible sobre otros países. A pesar de todas estas preeminencias, la industria del ron ha pasado a un segundo plano cuando hablamos de desarrollo económico y de fomentar industrias con potencial de exportación. ¿Por qué?

El ecosistema ya está estructurado, estamos en la latitud perfecta para impulsarla y convertirla en nuestra gallinita de oro. Está de más decir que la industria del ron no flaquea por la situación económica o el estado de ánimo en que nos encontremos.

¿Qué esperamos? Sin una dirección clara, estaremos vagabundeando como un monstruo sin cabeza.

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