Gazir Sued
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Políticos: ¿locura o maldad?

Una siniestra e infame tétrada de (des)órdenes de personalidad caracteriza la psiquis de la clase política dominante en la isla, y crónicas condiciones de demencia colectiva garantizan su alternancia en el poder de gobierno; haciendo del territorio colonial puertorriqueño y su simulacro de estado de ley un gran manicomio tropical, peculiarmente inmune a tratamientos internos; con murallas hechas de falta de imaginación y mar, y sin afueras posibles del caótico orden imperial de la locura…

Pero los personajes que protagonizan esta absurda tragicomedia de lo político en Puerto Rico no están tan locos como sus huestes, y aunque los rasgos conductuales que los caracterizan se asemejan a ciertas clasificaciones psicopatológicas, la verdad es que simplemente no son buenas personas.

Así, cuando actúan como engreídos narcisistas es porque les place sobremanera la borrachera de poder que les inducen sus “admiradores”, sabidos tan sugestionables como propensos a sus manipulaciones y fáciles de engatusar.

Así, cuando actúan como psicópatas y mitómanos es porque su insensibilidad e indiferencia por los sentimientos, pesares y malestares del común entre la gente, les permiten gozar sin remordimientos sus arbitrariedades y caprichos, chanchullos, pillajes y privilegios. Saben que sus ejércitos de fanáticos legitiman sus fraudes y validan incondicionalmente sus malas conductas.

Así, cuando actúan como jeques hedonistas es porque sienten que pueden dar rienda suelta a sus más descarados egocentrismos, y -sabida la complicidad de sus claques y demás fieles seguidores- usar a conveniencia sus posiciones de “servidores públicos” para lograr la finalidad existencial de placerse a sí mismos sin reparos por daños al bien común.

La carencia de empatía, la frialdad emocional, la propensión a la deshonestidad, el goce sádico y la compulsión de mentir, entre otras, son cualidades del (des)orden de personalidad que caracteriza a nuestras élites políticas, no como enfermas mentales sino como malas personas. La diferencia estriba en que los locos actúan sin conciencia y los políticos lo hacen con malicia, premeditación y alevosía…. como los criminales.


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