Adrianne G. Tossas Cavalliery
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La culpa no fue del murciélago …directamente

Mientras avanza la pandemia provocada por el coronavirus en humanos, los científicos han podido rastrear la fuente de la propagación a murciélagos de la especie Rhinolophus affinis. Sin embargo, la similitud de 96% entre la secuencia genómica del virus entre ambas especies, no explica cómo se volvió patogénico. Se cree que el paso del virus de murciélagos a pangolines malayos (Manis javanica) fue crucial para la infección de humanos.

Un grupo de investigadores internacionales dirigidos por el Dr. Kristian G. Andersen, publicó en Nature Medicine un estudio en que comparan los genomas de diferentes cepas de la familia de coronavirus, incluyendo el de murciélagos, pangolines y el causante del SARS-CoV-2.

Se enfocaron en la parte del genoma que codifica para la síntesis de proteínas virales que forman las espinas en su superficie, le permiten infectar células y le dan apariencia de corona. Sus observaciones sugieren que ocurrieron mutaciones fuera de los murciélagos, muy posiblemente en pangolines, resultando en adaptaciones en las espinas que facilitaron enlazarse a proteínas específicas en las células humanas.

Los autores hipotetizan que estas mutaciones pudieron ocurrir en los hospederos animales, o dentro de humanos inicialmente infectados con una cepa inofensiva. De ser posible este segundo escenario, el virus habría estado presente en humanos por un tiempo, quizás años, antes de adquirir la habilidad de transmitirse entre personas y causar esta seria enfermedad.

Aunque se dio a conocer la transmisión comunitaria a partir de infectados en el mercado de Wuhan, China en diciembre de 2019, científicos chinos reportan que el primer positivo al virus fue una persona ajena a ese mercado, el mes anterior al comienzo del brote, aportando así evidencia a la hipótesis del grupo de Andersen.

Este estudio también descarta la idea de que el nuevo virus pudiera haber sido creado en un laboratorio. Y aunque el murciélago no fuera el vector directo del virus, queda comprobado que el comercio ilegal de vida silvestre trae consecuencias negativas para humanos y la biodiversidad en general.

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