Juan Alicea

Punto de Vista

Por Juan Alicea
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Tiembla la tierra… ¿cuál es el plan?

Desde el 28 de diciembre, más de 1,200 temblores sacuden a nuestra isla. Finalmente, Puerto Rico experimenta lo que sabíamos que pasaría:  sismos que destruyen hogares, escuelas y para muchos, la fe en nuestra capacidad de planificar una recuperación. Luego de sobre dos años del huracán María y ahora tras innumerables temblores, el pueblo mira a su alrededor preguntándose cuándo verán la planificación de la reconstrucción de la isla materializarse. 

Para enfatizar la premura con la tenemos que movilizarnos, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) solicitó al gobierno local que, antes de la próxima temporada de huracanes, no haya refugiados en campamentos como parte de la respuesta a la emergencia provocada por los sismos. Ante el panorama actual, esto parece poco probable. A sobre dos años de María, aún hay gente sin recuperarse de ese golpe, imaginemos cuánto podrá tomar la recuperación de los terremotos. 

La realidad de la que tenemos que partir es que no se conoce que exista un plan integrado, ordenado y coordinado, lo cual es imprescindible cuando sabemos que gran parte de la infraestructura de la isla está llegando al final de su vida útil. Ha sido un reto encima de otro, pero la realidad es que nuestra infraestructura no aguanta más y ponerla al día necesita colocarse en la más alta de las prioridades gubernamentales. ¿Más estudios? Estudios tenemos, y muchos. En los pasados 40 años se han realizados estudios sobre la infraestructura local en los siguientes renglones: aeropuertos, puertos, vivienda, escuelas y hospitales (construidos previo a la adopción del Reglamento de Edificación del 1987 y por tanto representan riesgo), puentes y carreteras, infraestructura eléctrica e infraestructura de agua potable y aguas usadas. Estudios tenemos. Nos falta sentido de propósito para arreglar lo que ya sabemos que tenemos que arreglar y cómo. 

Un proceso de reconstrucción requiere de planificación cuidadosa que permita atender todos los aspectos necesarios, y siguiendo prioridades. Este plan debe incluir qué haremos con esas viviendas informales que ponen en riesgos continuo a sus residentes (muchas de ellas van ligadas al cuadro de la pobreza y ese es un tema que requiere, no solo de ingeniería, sino de sensibilidad); cómo haremos para reforzar las escuelas que tienen un diseño que no resiste movimientos sísmicos; cómo arreglaremos los hospitales en los cuales existen condiciones de vulnerabilidad. De igual forma con la infraestructura de agua potable, aguas negras, las represas de agua, la infraestructura del servicio energía eléctrica, los puentes y carreteras de las vías públicas de Puerto Rico, los puertos y aeropuertos, entre otros. La misión es intimidante en su alcance, pero es impostergable. 

Y sin embargo, tenemos que atajar la situación de que miles de personas viven ahora mismo en casetas o bajo carpas y requieren de un plan claro cuandollegue la época de huracanes, que comienza en cuatro meses y se extiende hasta noviembre. Este problema no lo podemos separar del rol protagónico de las agencias federales que no han liberado los fondos necesarios para la recuperación. Y sin embargo tengamos en cuenta que esos fondos, aun si se liberan, no resolverán nada a largo plazo si continuamos administrando el desastre como hasta ahora.  

Por tanto, el primer paso en la dirección correcta tiene ser recalibrar como vemos la reconstrucción de Puerto Rico para que se produzca con sentido de futuro. Los especuladores locales y del exterior que ven cada capítulo de nuestras desgracias como una oportunidad para lucrarse sin ética, no pueden tener cabida en este proceso. Los trabajos de reconstrucción continuarán necesitando prioritariamente del conocimiento y experiencia de nuestras profesiones, tanto de la ingeniería, como la agrimensura, para que los mismos cumplan con todos los códigos de construcción vigentes. Esto es importantísimo porque en la medida que nos arrope la impaciencia o las agendas político-partidistas, proliferarán nuevamente las construcciones informales, y caeremos en el círculo vicioso de construir fuera de los códigos para luego ver las estructuras venirse abajo nuevamente con el próximo fenómeno atmosférico.  

Son sobre $80 mil millones federales los identificados para Puerto Rico y detenidos por la burocracia y actitud federal, por un lado, y los episodios de mala gobernanza local que hemos visto por el otro. Ya es hora de establecer credibilidad y reconstruirnos, y ello lo lograremos con nuestras acciones concretas y pensadas. El tiempo apremia, y las necesidades son muchas. Ahora es el momento de probarnos, no solo ante el exterior, sino ante nosotros mismos. 

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