


Por décadas, los llamados tumores sólidos como el de páncreas, ovario o riñón, han sido el gran desafío de la inmunoterapia moderna. Hemos visto avances impresionantes en tumores hematológicos como leucemias, linfomas y mielomas. Estos avances son mayormente debidos a inmunoterapia con anticuerpos monoclonales y, más recientemente, con los anticuerpos biespecíficos y con las células CAR-T. Las terapias de células CAR-T (del inglés Chimeric Antigen Receptor T-cells) son diseñadas para reprogramar el propio sistema inmune del paciente. Se extraen linfocitos T de la sangre, se alteran genéticamente en el laboratorio para que reconozcan una proteína de la superficie tumoral y luego se reintroducen en el paciente para buscar y destruir esas células cancerosas.

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