Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Kryptonita contra el cáncer

“No sabe lo bien que me siento, doctor, gracias a algo diferente que estoy haciendo todos los días por las mañanas”. 

A continuación, mi paciente me ensenó un email con este mensaje:

“LA CURA PARA EL CÁNCER.

En tu botiquín puedes encontrar la Kryptonita para el cáncer. Según las más recientes y sorprendentes investigaciones, DETIENE y CURA el cáncer. Y no solo eso, alivia de manera muy importante los efectos secundarios de la quimioterapia. En un vaso con 2 dedos de agua, agregar el jugo de un limón pequeño y ½ cucharadita de bicarbonato de sodio… Es muy barato. Dado que nadie se puede enriquecer ni hacer montones de dinero con algo tan simple, nadie lo promueve. Así de sencilla y así de brutal es la realidad”.

Con gran entusiasmo, el paciente continuó explicándome cuán importante es este asunto de alcalinizar la sangre… porque la acidez propicia el cáncer. 

La verdad es que no deja de asombrarme la manera en que se diseminan estos conceptos, a veces con la rapidez de un relámpago. Poco tiempo después de este incidente, otros pacientes me han preguntado acerca del mismo tema. Todo esto gracias a la computadora y al internet. A veces pienso que no es gracias a, sino por la desgracia de… las redes sociales. 

Empecemos por definir lo que es alcalino y lo que es ácido. Todos entendemos lo que es acidez porque ¿quién no ha experimentado una sensación de quemazón estomacal que llamamos acidez? Pero en términos científicos ¿qué significa? Con tal de medir el grado de acidez o alcalinidad de una sustancia, hace mucho tiempo se diseñó el método del pH. Este sistema asigna valores que van desde 1 a 14, el 1 representando la sustancia más ácida posible, como lo es el ácido hidroclórico (ácido muriático) y el 14 la más alcalina (ejemplo la lejía). Un pH menor de 7 se considera “ácido” y uno mayor de 7 se considera “alcalino”.

Ahora examinemos cuidadosamente la receta de “Kryptonita”. Contiene limón, que es una sustancia ácida compuesta de ácido cítrico y además tiene una sustancia alcalina que es el bicarbonato de sodio. Por tanto, lo que añade uno, el otro lo quita o lo neutraliza. Primer disparate. Es equivalente a tomarse un laxante y a la misma vez tomar un remedio para combatir la diarrea. 

Veamos ahora qué pasa cuando consumes la “Kryptonita”. Al ingerir ese mejunje alegadamente alcalino, este cae en el estómago, donde el pH del brebaje cambia, porque entra en contacto con los jugos gástricos que son muy ácidos. Cuando se absorbe del estómago, la alcalinidad de la sangre se queda igual. El pH normal de la sangre fluctúa entre 7.35 y 7.40; cualquier desviación de estas cifras, por más mínima que sea, es muy peligrosa y puede causar la muerte. Si tu pH subiera por encima de 8 o descendiera por debajo de 7, hace rato ya tu cuerpo estaría en la morgue del hospital. Con el fin de evitar fluctuaciones del pH de la sangre,el cuerpo humano está equipado con unos amortiguadores químicos (buffers) para combatir cualquier cambio. Si los amortiguadores no fueran suficientes, entonces los riñones y el pulmón se encargarían de corregir el exceso de ácido o de alcalinidad. Yo los invito a que se midan el pH de la sangre en un laboratorio antes y después de tomar esa bebida de bicarbonato con limón, y comprueben ustedes mismos este segundo disparate. 

¿Entonces de dónde proviene esa noción absurda de los beneficios de la alcalinización? Casi todos los reclamos que circulan por el internet tienen una base presuntamente científica, y el concepto de alcalinidad no es una excepción. La “ciencia” detrás del concepto es la siguiente: nos cuentan que el Dr. Otto Warburg ganó el Premio Nobel de Medicina en 1931 por descubrir que el cáncer no puede sobrevivir en un ambiente alcalino. Y ese es el tercer disparate.  Lo que le ganó el Premio Nobel a Warburg fue su descubrimiento de la enzima “citocromo c oxidasa”. También descubrió  que el metabolismo de  las células cancerosas produce un ambiente acido y estas son perfectamente capaces de vivir en ese ambiente. Sin embargo, el internet está lleno de aseveraciones que sostienen incorrectamente que Warburg descubrió que el cáncer es causado por un pH ácido y que no puede vivir en un ambiente alcalino. La triste realidad es que no hay la más mínima pizca de evidencia científica para apoyar que la fórmula del limón con bicarbonato pueda prevenir, y mucho menos tratar, el cáncer. 

Otra vertiente del concepto de alcalinización es la del agua alcalina, a la venta en los supermercados y “health food stores”. Esta se ha promovido para prevenir el cáncer y combatir el envejecimiento, la osteoporosis y la obesidad. Parafraseando aquel personaje político local: “Si alguien tiene la evidencia que me la traiga” o mejor aún, que la publique en un foro científico prestigioso. 

¿Y a quién se le ocurrió esta noción tan  incongruente y disparatada? A veces pienso que hay gente que no tiene nada mejor que hacer para entretenerse, o algunos megalomaníacos quizás sueñan que han curado el cáncer y al despertar piensan que realmente han hecho un descubrimiento trascendental. ¿O quizás fue que alguien, experimentando con esa “Kryptonita”, se tomó una sobredosis y se le fue a la cabeza? 

Pero por favor, no piensen que yo estoy prejuiciado en contra del bicarbonato de sodio. Al contrario, creo que es una sustancia excelente para limpiar los terminales de la batería del auto… y mi madre también lo usaba para preparar un sabroso dulce de lechosa, y muy bueno que le quedaba. Hay quien también lo usa para la acidez estomacal si se le ha extraviado el antiácido que el médico le prescribió, pero su efecto no es duradero. Sin embargo, como sustituto de la quimioterapia o de la inmunoterapia para el cáncer… no pierdan el tiempo. Es una pena porque sería una alternativa muchísimo más barata. En eso estoy totalmente de acuerdo con los adeptos a ese remedio.  

En cuanto a Superman, puede dormir tranquilo: esa “Kryptonita” alcalina es como el romerillo cubano.





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