


Durante los últimos dos años, los medicamentos conocidos como GLP-1, Ozempic, Wegovy, Mounjaro y sus primos, se han convertido en un fenómeno cultural, económico y clínico. Son, en décadas, uno de los avances más importantes en el manejo del peso y la diabetes. Pero detrás del entusiasmo hay una realidad molestosa que el sistema de salud, la industria farmacéutica y hasta los propios pacientes han preferido ignorar: una vez se interrumpe el tratamiento, el beneficio desaparece y, en algunos casos, el rebote es mayor, con personas que terminan pesando más que al comenzar.

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