Miguel Miranda Román

Punto de vista

Por Miguel Miranda Román
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Debemos confiar más en la comunidad científica de Puerto Rico

Llevamos cuatro meses llenos de sacrificios, expectativas y ansiedad, pendientes al desarrollo de la pandemia de COVID-19. Aunque estemos cansados de estar en casa, de no ver en persona familia extendida, a los amigos y no poder visitar nuestros lugares favoritos, todavía ¡no podemos bajar la guardia! Aún no existe un tratamiento realmente efectivo contra la nueva cepa de coronavirus y la tan esperada vacuna todavía está bajo desarrollo.

¿Qué podemos hacer para ayudar a controlar la pandemia y adaptarnos a la nueva normalidad? La respuesta es sencilla. Urge escuchar a los expertos profesionales de la salud y a la comunidad científica como el equipo de #CienciaBoricua.

Una de las principales recomendaciones de los científicos, que todos tenemos que seguir sin excepción al salir de nuestro hogar es usar algún tipo de mascarilla que se ajuste a nuestra cara y que cubra la boca y nariz. La ciencia ha demostrado que las mascarillas en combinación con el distanciamiento físico funcionan para evitar que el virus se propague al toser, estornudar, hablar o inclusive respirar. Es bien importante recordar que las mascarillas no son infalibles, y que además de mantener distancia física, debemos evitar juntes con personas que no vivan con nosotros. También debemos lavarnos las manos con agua y jabón o desinfectarlas con “hand sanitizer” frecuentemente. Seguir estas recomendaciones, sencillas pero poderosas, representa un claro acto de humildad y empatía por los demás.

En medio de la pandemia he escuchado críticas o comentarios como “los científicos no se ponen de acuerdo”. Sucede que durante este periodo hemos visto el proceso de la ciencia desenvolverse ante nuestros ojos y de manera acelerada, creando la ilusión de que los debates y desacuerdos entre los científicos son problemáticos. Sin embargo, nada más lejos de la verdad. El debate y las diferencias de opinión son una parte esencial del proceso de la ciencia, y de cómo se llega al consenso científico.

El uso de las mascarillas es un ejemplo de esto. Al inicio de la pandemia su uso era solo recomendado para los profesionales de la salud, en parte por la poca cantidad que había de ellas. Pero, a medida que fuimos haciendo más estudios, la evidencia científica demostró que el usar mascarillas ayuda a controlar la pandemia y la recomendación de su uso cambió.

La ciencia relacionada al COVID-19 y al coronavirus que la causa ha ido evolucionando, pero esto no es razón para sentir sospecha. La ciencia es bien dinámica y se actualiza constantemente según surgen nuevos descubrimientos. ¡Hace pocos meses ni siquiera conocíamos la existencia de este coronavirus!

Hay personas que desconfían de la ciencia, ya sea por experiencias personales o históricas. Desafortunadamente, la ciencia ha abusado de comunidades marginadas. Por ejemplo, en la década de 1950, científicos estadounidenses probaron la primera píldora anticonceptiva en mujeres puertorriqueñas sin su consentimiento. Sin embargo, hoy día Puerto Rico cuenta con una comunidad científica robusta y vocal que aboga y vela por que la ciencia sea más justa y ética.

Actualmente, numerosos científicos puertorriqueños y del resto del mundo estamos diariamente buscando soluciones para detener el COVID-19 y lo hacemos sin una agenda política, guiados por el compromiso con el bienestar económico, social y de salud de Puerto Rico y de todo el planeta. Al igual que usted, queremos que la economía del país se recupere. Pero también entendemos que abrir todas las operaciones económicas y sociales, sin seguir una estrategia basada en datos y en ciencia, va a llevar a un aumento descontrolado de la pandemia y hasta un posible colapso del sistema de salud. Esto sería perjudicial para nuestra economía. Por esto tenemos que escuchar más las recomendaciones de la comunidad científica, y continuar la conversación en nuestras casas, con nuestros familiares y amistades sobre la importancia de la ciencia.

El autor es estudiante doctoral de Ciencias Biomédicas en Memorial Sloan Kettering Cancer Center, Nueva York, y miembro de la red de Ciencia Puerto Rico.