Benigno Trigo

Punto de vista

Por Benigno Trigo
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El amor en los tiempos de Black Lives Matter

Mi forma de leer literatura está cambiando después de la muerte de George Floyd y las protestas del movimiento Black Lives Matter. 

El semestre que viene daré una clase sobre la literatura global y las pandemias en Vanderbilt. Leeremos la novela de Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, entre otras obras. Como se sabe, la novela es sobre el amor constante de su personaje principal, Florentino Ariza, por su amada, Fermina Daza, durante las epidemias de cólera en el siglo pasado en Colombia.

Antes, interpretaba la novela como un llamado a la toma de consciencia de nuestra vulnerabilidad común frente a traumas históricos como las epidemias y el colonialismo. Pensaba que esa vulnerabilidad compartida podría ser la base para una sociedad mejor. Pero después de las protestas contra el menosprecio de las vidas negras, leo la novela de otra manera.

Hay dos mujeres negras en la novela que son sacrificadas al ideal del hombre criollo. Bárbara Lynch es una mulata que tiene “bajo la falda de loca de Jamaica: el círculo infernal”. Bárbara destruye el orden anquilosado del patriarca moribundo de la novela, y hace posible imaginar un orden nuevo. Leona Cassiani, por otro lado, es una “negra brava embadurnada de mierda y de amor en la fiebre de la pelea” que pone a Florentino Ariza en su lugar. Leona lo baja de las ramas y hace posible el ideal de vulnerabilidad común de la novela.

Pero si Bárbara y Leona juegan papeles importantes en la trama de la novela, no es menos cierto que también son ejemplos de vidas negras que, al final, importan menos que el amor por Fermina Daza y el ideal de vulnerabilidad común que lo sustenta. Más que eso, Bárbara y Leona son mujeres negras abyectas que se sacrifican por ese ideal.

La minusvalía paradójica de las vidas negras en la novela de García Márquez es parte de una larga tradición literaria de la que participan otros escritores afroantillanos, desde el cubano Cirilo Villaverde con la mulata Cecilia Valdés, hasta el puertorriqueño Manuel Zeno Gandía con la trágica Silvina.

La reducción de Cuba, Hispaniola y Puerto Rico a telenovelas, merengues y plenas por García Márquez es el resultado lógico de esta cuestionable pero antigua tradición que sacrifica las vidas negras a los ideales criollos, por no decir blancos. Ideales que sobreviven hoy en las ciudades del sur global, desde Cartagena de Indias hasta San Juan de Puerto Rico.

Al final, El amor en los tiempos del cólera construye un ideal de vulnerabilidad común. El ideal le permite al personaje principal sobrevivir los traumas históricos como el cólera y el colonialismo. Paradójicamente, ese ideal es también una ilusión que borra las vidas negras dentro y fuera de la novela. La violencia pasa de Colombia a las islas de origen de Leona y Bárbara (Curazao y Jamaica) a Cuba, Hispaniola, y Puerto Rico. Y su efecto me llega hasta Nashville, Tennessee. 


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