Jaime Lluch
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El imperio romano y los retos del PNP

¿Cómo nos ven a nosotros los puertorriqueños en Puerto Rico los 329 millones de estadounidenses? ¿Cómo nos ven los 535 congresistas y los presidentes sucesivos? ¿Cómo nos ve el cuarenta y pico por ciento de la población de Estados Unidos que son la base social del Trumpismo y que representan el nuevo nacionalpopulismo de extrema derecha?  

Estas preguntas son de particular importancia para el PNP como partido que aboga (supuestamente) por convertir a Puerto Rico en una unidad permanente de la federación. Es bastante obvio que una de las mayores dificultades que va a enfrentar cualquiera que abogue por convertir a Puerto Rico en un estado de la federación es la percepción nacional, étnica, cultural y lingüística que tiene el “mainstream” de los estadounidenses sobre lo que es Puerto Rico. En otras palabras, convertir a Puerto Rico en un estado de la federación enfrenta obstáculos constitucionales y económicos considerables, pero todavía más formidables son las dificultades que presentan las percepciones sobre la nación y la identidad, y la etnicidad, que tienen la gran mayoría de los estadounidenses vis-à-vis Puerto Rico.

Sorpresivamente, las percepciones sobre ciudadanía, identidad y etnicidad en el antiguo imperio romano hasta el siglo V, y en el posterior “imperio bizantino” (realmente sería mejor denominarlo como “Romanía”) entre el siglo V y el 1453, nos ayudan a entender el dilema puertorriqueño y los retos que enfrentan los “estadistas”.

La importante obra reciente de Anthony Kaldellis (2019), señala que en el año 212, la Constitutio Antoniniana hizo que casi todas las personas libres se convirtieran en ciudadanos del imperio romano. Este principio fue posteriormente codificado en el derecho romano, por ejemplo en el Corpus de Justiniano que decía que “todos los que están en el mundo romano son ciudadanos romanos”, aunque habían ciertos grupos excluidos como los esclavos y grupos de “bárbaros” incorporados posteriormente. Esto fue parte de la evolución del imperio romano tardío, que pasó de ser un imperio de conquista a una especie de proto-estado global extendiendo sus leyes y sus costumbres a todos sus “ciudadanos” (Kaldellis 2019: 53).

Ahora, a pesar de esta ciudadanía romana que se extendió durante el imperio romano tardío, observamos que en la parte oriental del imperio en realidad, a pesar de tener la misma ciudadanía, había un criterio de inclusión/exclusión en el “genos” romano, que tenía que ver con etnicidad y no con un estatus puramente legal. Por lo tanto, entre la población provincial de la antigua Constantinopla la mayoría de sus residentes eran considerados “romanos” y la mayoría tenían la misma “ciudadanía romana”, pero había unos criterios de inclusión/exclusión que obedecían a clasificaciones étnicas. La “comunidad romana” no incluía a aquellos vistos étnicamente como pertenecientes a grupos étnicos como los eslavos, armenios, etc.(Kaldellis 2019: 63). Así que los romanos eran un “genos” y los grupos étnicos un “ethnos”, o incluso algunos grupos eran vistos como extranjeros o “ethnikoi”.

Igualmente, hoy en día, los 329 millones de estadounidenses y los 535 congresistas se ven a si mismos como un “genos” mientras que a nosotros en Puerto Rico nos ven como un “ethnos” o hasta “ethnikoi” y por lo tanto distintos al estadounidense promedio, a pesar de tener la misma ciudadanía nominal.  Uno de los grandes retos del PNP es cómo bregar con estas percepciones.


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