Orlando Parga
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El insulto de Grijalva

Lo primero a preguntarle a Raúl Grijalva, que desde 2003 representa el tercer distrito congresional del estado de Arizona, es si osaría solicitar la renuncia del gobernador de un estado de la Unión con el mismo desparpajo con el que acaba de hacerlo con el territorio de Puerto Rico; lo segundo, es por qué no lo hizo en 2008 cuando el gobernador del territorio fue acusado por la fiscalía federal de 25 cargos criminales.

Las declaraciones autorizadas ayer desde Washington por el demócrata Grijalva constituyen otra afrenta a la dignidad de los ciudadanos americanos de Puerto Rico y son más graves y agresivas que los tuits insultantes que nos ha dedicado el presidente republicano Donald Trump.  La Casa Blanca no tiene poderes plenarios ni legisla sobre Puerto Rico, mientras que Grijalva habla so color de autoridad imperialista como presidente del comité a cargo de los asuntos coloniales que desde la cámara de representantes federal aprueba transferencias económicas a la Isla.  El prejuicio e irreverencia que exhibe contra un gobernante electo en una jurisdicción que no es la suya, que no ha sido imputado o acusado de maleficencia pública alguna, es asunto serio que no puede tomarse a la ligera y menos archivado por miedo a su represalia.

En época de los gobernadores norteamericanos hubo incidentes de congresistas pidiendo la cabeza de Blanton Winship y Rexford Guy Tugwell, motivados en quejas que contra ellos elevaron líderes políticos puertorriqueños.  Ese intervencionismo no añadía dolor al coloniaje porque, al fin y al cabo, el morador de Fortaleza era nombrado por Casa Blanca.  En 1960 fue otro cantar: la Asamblea Legislativa de Puerto Rico censuró al presidente Dwight D. Eisenhower por darle ‘pon’ en el “Air Force One” a su correligionario candidato a gobernador del partido estadista republicano Luis A. Ferré, acusando al presidente de interferir en la política doméstica del Estado Libre Asociado.  ¿Quién radica ahora la resolución de censura contra el congresista de Arizona que asume autoridad para solicitar la renuncia del gobernador que elegimos?

Lo vergonzoso es que en lugar de caerle arriba al entrometido algunos de nuestros líderes políticos y analistas luzcan a tal grado domesticados como para buscar justificaciones y apañar el atropello, atrapados por el atavismo de que Grijalva lo lanza contra el gobernador del otro partido o de la otra ideología.  Y ese ultraje a nuestra dignidad que se auto inflige por el colonizado contento, es mucho más grave que el escandaloso origen de este debate.


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