Punto de vista

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El plebiscito y los caudillos

Puerto Rico fue retirado de la lista de territorios no autónomos de la Organización de las Naciones Unidas en 1953, cuando el primer gobernador electo, Luis Muñoz Marín, de la mano de Estados Unidos, argumentó en la ONU que Puerto Rico ya no era una colonia por haber obtenido su propia constitución. Sin embargo, ¿realmente la Constitución del 1952 pudo asolar la condición colonial?

Los caudillos políticos conocen esa respuesta. Por años el tema del estatus territorial ha sido una quimera y en su lugar se ha entretenido al pueblo con “vicios y barajas”. Desde 1952 hasta la actualidad, administración tras administración de gobierno el pueblo ha consentido implícitamente a que se nos burlen en nuestra propia cara.

Mientras, se han permitido crímenes de naturaleza civil y penal y su impunidad. En el verano del 2019 solo afloró un extremo del témpano de hielo. Porque la lucha de Puerto Rico no es contra compueblanos, es contra los caudillos que buscan controlar las masas por medio de partidos políticos.

Lo cierto es que hasta tanto no se traiga el estatus colonial a la mesa, no existirá espacio para hablar de estadidad o independencia. Por ello, en las próximas elecciones generales no se puede pensar en “rajar la papeleta” con un voto íntegro. Es momento de despertar y salir para hacer valer el derecho al voto de una manera inteligente.

Hoy cobra fuerza un debate entre quienes defienden participar en el plebiscito del 3 de noviembre y quienes no apoyan esa votación. Desde ya se han enfilado los cañones para boicotear la consulta. Se argumenta que participar de la consulta sería un acto simbólico, pues el resultado no tendría efecto jurídico alguno, tal y como ha ocurrido en las pasadas consultas en los años 2012 y 2017 respectivamente.

Sin embargo, el problema no es el plebiscito. El problema consiste en no reconocer la vigencia del estatus colonial de la isla para erradicarlo. El problema reside en que el pueblo permite que los caudillos políticos permanezcan en sus puestos, creyendo en sus engaños.

Los partidos políticos han pasado de servir al pueblo a servirse a sí mismos. Nietzsche decía que la razón y el conocimiento son una invención para poder controlar el hombre; y no se equivocó. El problema no es el plebiscito…