Manuel Martínez Maldonado
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Erosión, calentamiento global y negación

A pesar de la evidencia indiscutible de la erosión de las playas en Ocean Park, Loíza y Rincón hay quienes siguen discutiendo que esto es pasajero. Que es parte de “efectos dinámicos que ocurren naturalmente”. Sí, el mar va y viene, pero hace rato que viene más de lo que se va. Según el National Ocean Service del U.S. Department of Commerce, el nivel del mar ha estado subiendo durante el último siglo y se ha disparado en las últimas décadas. Esto no es una opinión de la agencia, sino medidas de satélite con laser: ciencia. Que haya niveles más altos en algunos sitios que en otros sí es natural: como el globo, el mar no es plano. En algunos sitios, factores como tierra más alta y corrientes diferentes, protegen las costas. No hay duda alguna de que el calentamiento global contribuye al aumento del nivel marino, causando que el agua se expanda y derritiendo glaciares y témpanos de hielo. 

No es solo un problema local. Como ya he señalado antes, el que crea que el problema es de otros no entiende la dinámica del globo en que vivimos y nuestra relativa cercanía a lugares donde se forman huracanes que son intensificados por el calentamiento de las aguas. En el NY Review of Books (21 de noviembre de 2019) se señala que el estado de Luisiana ya no semeja una bota porque perdió la suela, y cómo el mar ha entrado a porciones de tierra en Nueva York, Boston, Providence, New Haven, Filadelfia, Baltimore y Virginia y modificado sus humedales. Además, indica que muchas comunidades costeras en Luisiana, Florida, Rhode Island, Nueva York y California han sido transformadas por la erosión costera. 

El Departamento de Recursos Naturales de Puerto Rico ha estimado que 3.6% de nuestro terreno está a riesgo de ser afectado por cambios en el nivel del mar y que más de 50,000 estructuras podrían quedar irreparables. El impacto económico de tal calamidad es obvio. Adicionalmente, tenemos los costos devastadores —casi $195 millones, de acuerdo a FEMA— que ocasionó María, que incluyen los destrozos en las costas. De los huracanes más destructivos en la historia de EE.UU., 17 han ocurrido en este siglo. Su costo: María, $300 billones; Katrina, $160 billones; Sandy, $72 billones. Peor es que las predicciones científicas (no las opiniones de constructores) son que, para 2100, viviendas con un costo de casi $900 billones se verán inundadas por haber sido desarrolladas en áreas vulnerables.  

Es indispensable que se proteja al consumidor, que se tenga el bien común como lo más importante en un negocio como lo es la construcción, cuyos permisos dependen del gobierno. No hay que hacer muchos estudios, la mayoría de los cuales no se pueden, ni necesitan hacerse aquí: los hacen NASA y otras agencias federales e internacionales. Lo que hay que tener es respeto. Hay que retirar de la costa el desarrollo; en algunos sitios debe de estar prohibido. No se puede negar lo obvio.     


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