Mayra Montero
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¿Eso fue un gran debate?

No. Fue un ramillete de actitudes coloniales, y además en un tono alicaído.

No hubo un intercambio sólido de ideas, ni hubo pasión, ni novedades o propuestas que uno pudiera decir que están tramando algo.

Nada. Nada es menos cero.

La parte que más me gustó de la alcaldesa de San Juan fue cuando dijo que iba a hablar con las “uniones obreras” (las de la metrópoli, supongo) para suprimir las leyes de cabotaje. Mejor que hable con su jefe, Bernie Sanders, que ha dicho una y mil veces que se opone a que las eliminen.

El senador Eduardo Bhatia se expresó de una manera tan prístina que no dejó nada en claro. Era el discurso de siempre, cuidándose las espaldas y el resplandor de la energía solar. Una aureola como un santo.

El alcalde Charlie Delgado recurrió muchas veces a la palabra antro. Hizo bien. Todo es un antro.

Y luego una se moría de hastío. No había sustancia. No la hubo en las dos horas que duró el encuentro. Apagaditos. Desabridos. Daban un pasito adelante, otro pasito atrás. Bhatia sonrió dos o tres veces mientras hablaban sus contrincantes, ese fue todo el ímpetu que le puso a la batalla. Los demás ni eso. ¿Pero por qué no debatieron?

Será una estrategia o algo por el estilo. ¿Eso es todo lo que nos van a dar? Nadie puede escoger a conciencia entre tres candidatos que no provocan más que bostezos. Me encantaría haber dicho que ganó fulano, y que mengana se mostró aguerrida. Sin embargo, me cuesta exprimir lo poco que estoy exprimiendo.

Todos, en un momento u otro, se encomendaron al Congreso: lo que usted diga, señor Congreso.

Será el confinamiento que nos tiene alelados. Alelados a ellos, que no a los que vimos el debate-no-debatido, quienes sí estábamos alertas.

La audiencia estaba necesitada de guerra (y cuidado que había razones para guerrear), pero la verdad es que nos enfrentamos a tres fantasmas que no tienen nada nuevo debajo de las sábanas. Apagué la tele y me vine a escribir.

Si alguien me dijera que debo elegir entre los tres candidatos, o pararme frente a un pelotón de fusilamiento, como Aureliano Buendía, me voy con los cien años de perplejidad.

Por lo demás, llueve. Se mojan las matas. Los candidatos se medirán en las urnas dentro de un mes. Se ven muy animados. Mantengan esa energía.

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