José Gabriel Martínez Borrás
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Evo Morales y la crisis política boliviana

A través de su carrera, Evo Morales emergió como líder cocalero y de movimientos aborígenes en el país sudamericano de Bolivia. Durante la década de los 2000, su Movimiento Al Socialismo (MAS) socavó las bases de un país históricamente conocido por su pobreza, y por una oligarquía que mantenía unas relaciones neocoloniales en su comercio exterior. Alrededor del 90 por ciento de la población rural vivía en la pobreza, con uno de los índices de desarrollo humano más bajos de la región. Las industrias extractivas de recursos primarios, la base de su economía, eran repartidas entre una élite nacional y trasnacionales de naturaleza extractiva, y muy poco se refinanciaba en el país para fomentar su desarrollo. 

Para Bolivia, la época anterior a Morales se distinguió como neoliberal, de ajustes macroeconómicos a través de políticas de austeridad y privatización, impuestas en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La mayoría de los pueblos indígenas se quedaba rezagada con la venta o cierre de servicios esenciales, políticas que favorecían a los inversores extranjeros, y una burocracia corrupta que facilitaba estas transferencias hacia el extranjero. No ha de sorprender que la percepción de la población era de un saqueo de recursos económicos y de una gobernanza ilícita. 

El punto culminante vino con las movilizaciones indígenas de la pasada década, el cual conllevó la insurrección de sectores marginados. Un hito fue la famosa “guerra del agua”, cuya privatización aumentó su precio, desatando protestas en la ciudad de Cochabamba, o la “guerra del gas” que repudió la explotación extranjera del recurso. En este escenario, Morales emergió como uno de los líderes de las comunidades y ganó las elecciones de 2005 con un mandato de revocar las políticas neoliberales. 

Morales se distinguió por renegociar acuerdos con las transnacionales, redirigiendo estos recursos para financiar proyectos domésticos, y nacionalizando algunos como bien público. De acuerdo con la BBC, el cambio en las políticas de gobernanza llevó un promedio de crecimiento económico anual de más del cuatro por ciento, mantuvo la inflación en sus niveles más bajos en décadas, e implementó importantes políticas de reducción de la pobreza. Por primera vez, Bolivia iba a la delantera de los países de la región con crecimiento económico, que inclusive atrajo migración de países vecinos. 

A ese fenómeno llamado “evonomics”, en el cual los bienes públicos servían para apoyar procesos de desarrollo e inclusión, y un sector informal de artesanos y pequeños comerciantes se incorporó a la economía nacional de manera legítima, proveyendo más del 60 por ciento del empleo. Inclusive, negoció con la agroindustria de Santa Cruz, la cual formaba parte de la oposición, un acuerdo de apoyo a la economía nacional. 

Sin embargo, no se produjo una transformación hacia un modelo de producción industrial doméstica, por lo que continúa la dependencia en exportaciones de recursos naturales. Además, se perfila un déficit en la balanza comercial y la dependencia del financiamiento externo. 

Morales intentó hacer varios cambios constitucionales para posibilitar su reelección. Ello aglutinó a las fuerzas de oposición en su contra. En las elecciones del 20 de octubre se perfilaba la tensión que culminó con choques entre detractores y simpatizantes. A raíz de acusaciones de fraude, y amenazas del ejército, Morales dimitió a su cargo, lo cual podría llevar a inestabilidad política seria. 

No se puede descartar la intervención extranjera: por un lado, los gobiernos conservadores de la región están pasando por su propia crisis (Chile, Colombia y Ecuador). Morales era de los pocos líderes progresistas que permeaban ante los cambios regionales, y sin duda Estados Unidos criticaba sus políticas como muy favorecedoras a intereses de sus competidores en el plano internacional. Las divisiones regionales pueden incrementar los peores resultados de la crisis boliviana actual.

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