Orlando Parga
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Freno al abuso contra médicos y pacientes

El paciente de cáncer visita al médico y la receta automáticamente llega a su farmacia por vía electrónica. Cuando va a buscarla se acaba la diligencia del sistema, atacado por la glotonería del seguro médico. El medicamento no fue autorizado, está siendo evaluado y el seguro tiene 72 horas para contestar. El paciente de cáncer – no de catarro – tiene tres alternativas: paga un fracatán, se sienta a esperar o se querella.

Querellarse es otro episodio. Lo atienden amablemente y le ofrecen un catálogo de explicaciones que termina en una consulta para otras opciones con las que sustituir la receta por una más barata. El paciente de cáncer pierde la paciencia, reacciona; esta receta fue emitida por su oncólogo, en ejercicio de su mejor criterio profesional y al tratamiento adecuado a su enfermedad; ningún médico generalista o tecnólogo médico bajo contrato del seguro puede alterarla sin poner a riesgo su salud. Los empleados del seguro se cruzan de brazos… eso es lo que dispone el protocolo que impusieron los administradores del seguro.

Este es el sistema que tiene en fuga a nuestros especialistas médicos más competentes. Los planes médicos les pagan lo que, y cuando, les viene en ganas, por lo que cada vez son más los que abordan el avión hacia Florida, Texas, Georgia, Carolina del Sur o cualquiera otra jurisdicción que respete la competencia profesional y el derecho a la salud.

Ya pronto nos ocurrirá a nosotros lo que a nuestros hermanos caribeños de islas vecinas. ¿Los ha visto y escuchado hablando inglés en la sala de espera de su médico? Tuvieron que volar a Puerto Rico para verlo. Nos veremos volando al Norte para ver a nuestro médico.

Estas son las aseguradoras que invierten una millonada publicitaria para que nuestros ancianos pongan la salud en sus manos como afiliados de planes Advantage financiados por Medicare. Ahora ofrecen pagarles hasta la factura del teléfono, cuando lo que realmente necesitan es que cubran un servicio médico de excelencia y la medicina más adecuada para garantizar su derecho a la vida.

La gobernadora Wanda Vázquez ha prometido atender lo que por tanto tiempo escapó a otras administraciones, reglamentando a las aseguradoras y frenando este abuso mortal contra nuestra clase médica y sus pacientes. El derecho a la salud es inviolable. Hay que atajar la gula descontrolada de los que juegan con la expectativa de vida de nuestra gente.

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