Carlos E. Díaz Olivo
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La culpa es de la gobernadora

En la noche del pasado viernes se anunció que la gobernadora Wanda Vázquez solicitó la renuncia de la secretaria de Justicia, Dennise Longo Quiñones. Las razones de la gobernadora para la separación todavía no se han divulgado oficialmente.

La remoción de un funcionario de la categoría del Secretario de Justicia es asunto delicado, que se presta a todo tipo de conjunturas. En pleno año electoral y a un mes de enfrentar un proceso primarista en su colectividad política, la acción tomada por Vázquez resulta en extremo arriesgada. Por consiguiente, razones poderosas deben justificar un movimiento de tal naturaleza. ¿Cuál habrá sido ese motivo tan poderoso? ¿Incompetencia, conflicto de interés, insubordinación, deslealtad o pura politiquería?

La realidad es que Longo Quiñones nunca lució cómoda ni en dominio de la Secretaría de Justicia. Aunque bien intencionada, al articular posiciones jurídicas con implicaciones importantes en términos de política pública, no solo no convencía, sino que generaba dudas y cuestionamientos mayores.

Lejos de fortalecer la posición institucional, las intervenciones de Longo Quiñones con frecuencia la dificultaban. La gobernadora, sin embargo, le apoyó una y otra vez. En tal sentido, diferencias significativas de política pública o problemas de insubordinación de parte de Longo Quiñones parecían no ser el caso.

La saliente funcionaria también se vio sumergida en la controversia que se suscitó con su señora madre, cuando esta ocupó interinamente la Secretaría de Salud. La doctora Consuelo Quiñones de Longo manifestó públicamente que las razones que la llevaron a renunciar a su cargo obedecían a su exclusión de la toma de decisiones importantes en el ámbito de salud, pues en la práctica el departamento a su cargo se administraba sin contar ella.

La situación en Salud se complicó con las denuncias de manejos inadecuados en los procesos de compra de las pruebas para diagnosticar el COVID-19 y con un referido al Departamento de Justicia de la señora madre de Longo Quiñones.

A pesar de lo complejo que en el ámbito personal, profesional e institucional resultaba toda esta situación, la gobernadora reiteró su confianza en Longo Quiñones. Como resultado de este voto de confianza, podemos decir que problemas de conflicto de interés o lealtad, que preocuparan a la señora gobernadora, tampoco parecían existir.

El último acontecimiento en que se vio involucrada Longo Quiñones giró en torno a los referidos que la Asamblea Legislativa hizo sobre cerca de una decena de funcionarios del Ejecutivo, incluyendo a la propia titular de Justicia.

Apenas dos días después del último referido, Longo Quiñones estaba fuera de su puesto. Este evento nos deja dos posibles explicaciones para el despedido de la funcionaria. La primera es que la gobernadora no quería que Longo Quiñones se mantuviera en su cargo con la carga de un referido sobre su persona. La segunda posibilidad es que la gobernadora le preocupaba que fuese Longo Quiñones quien tuviera a su cargo el escrutinio inicial en lo que respecta a la procedencia de los referidos de gran parte de los funcionarios de su administración.

La posibilidad de que a la gobernadora no le pareciera correcto que la autoridad máxima en Justicia permaneciera en su cargo con un referido contra de su persona, debe descartarse de salida. La propia gobernadora, cuando fue Secretaria de Justicia, enfrentó un referido por una alegada intervención indebida en un proceso criminal en donde su hija era la perjudicada y ella no renunció, sino que optó por permanecer en su puesto. En ese momento invocó la presunción de inocencia. Así que, debemos presumir que igual presunción y oportunidad de reivindicación también le asiste a Longo Quiñones.

Queda entonces, la última posibilidad. La gobernadora se sentía incómoda y no confiaba en Longo Quiñones para que manejara un referido que involucra a personas claves dentro de su administración en un año electoral. Esta es la más preocupante de todas las posibilidades. Si este no fue el motivo real para el despido de Longo Quiñones, entones, por la manera extraña y poco cuidadosa con que la gobernadora ha manejado esta salida, ella misma se ha colocado a la defensiva, exponiendo su proceder a todo tipo de conjetura.

En estos momentos en que la gobernadora se presenta ante electorado como como la mejor alternativa de administración pública para Puerto Rico, resulta irónico que sea ella quien genere dudas sobre su capacidad de administrar y manejar con efectividad su gabinete, y más aún sobre la transparencia y honestidad absoluta de su gobierno en el manejo de los asuntos públicos. Por lo tanto, si hay que identificar a quién echarle la culpa de esta controversia a estas alturas de los procesos electorales, no hay que buscar a nadie más. La culpa del daño infligido es de la responsabilidad exclusiva de la propia gobernadora.

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