Juan Alicea
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La economía de la pandemia

Nueva Zelanda, el primer país en el mundo en declararse libre del COVID-19, cuya primera ministra, Jacinda Arden, ha sido elogiada por su estelar manejo de la crisis, decidió reabrir la economía del país bajo el siguiente ejercicio: Arden y su equipo de trabajo (incluyendo a su principal miembro de la oposición, algo impensable en Puerto Rico) se sentaron a tomar una decisión de consenso basada en la ciencia y en los números. Al final de la reunión, las decisiones se tomaron con el visto bueno de los epidemiólogos y expertos en el tema que trajeron proyecciones reales y cálculos de riesgo. 

Aludo a Nueva Zelanda porque presenta el escenario idóneo bajo el cual la economía se debió activar: con un balance sensible de análisis de que detenerla indefinidamente no es viable ni deseable, pero a la vez sopesado con data confiable el riesgo real de cada paso en ese proceso de reapertura.

Ese no es el escenario bajo el cual reabrimos en Puerto Rico. Nos faltan dos fichas esenciales: data para un manejo de riesgo confiable y una gerencia gubernamental ágil y organizada. 

Pero, si el manejo de los gobiernos de allá y de aquí son tan opuestos como la tesis y la antítesis, la conducta de la ciudadanía en ambos fue muy similar. Igual que en ese lejano país del sur del Pacífico, aquí el pueblo tomó esta pandemia de forma seria y proactiva. La gente se encerró. Respetó la cuarentena y aplanó la curva. 

Del mismo modo en que el pueblo se hizo cargo de su salud, igualmente le toca hacerse cargo de la reactivación ordenada de nuestra economía, que ya echó a andar, con miedo, y con dudas, pero echó a andar. 

La decisión de reabrir la economía, en muchos sentidos, la ha asumido el pueblo, la presión de la opinión pública y las diversas industrias que se han adaptado o reinventado para seguir funcionando, unos con más dificultades que otras. Literalmente tenemos un proceso de “autocertificación” que es un ejercicio basado en la propia evaluación del patrono, ya que no hay un brazo gubernamental a cargo de auditar y certificar que cada plan esté en cumplimiento. 

Según Manuel Laboy, secretario de Desarrollo Económico, el proceso de reapertura ha sido ordenado porque la data que han estado recibiendo “refleja que ha habido una buena respuesta no solo de tener protocolos sino de tener registrada la información”. Sin embargo, nos preocupa de sobremanera las alta incidencia de actividades sociales lo cual pudiese dar la impresión que emergencia terminó. Por otro lado, hasta candidatos a posiciones electivas manifestado que desobedecerán el toque de queda para hacer política. 

De acuerdo con Laboy, la reactivación de la construcción significa al menos unos 29,000 trabajadores, mientras la apertura plena del sector industrial representa otros 70,000 empleos. Esto es esencial, porque no hemos podido articular un mecanismo eficiente que apoye a los miles de desempleados que claman al Departamento del Trabajo por asistencia, sin recibirla. 

A esto debemos sumar que, a base de diversos estudios a nivel internacional, la recuperación de la economía mundial, será lenta y tomará años. Algunos lo han perdido todos, y los que no, tienen miedo y cautela ante un futuro incierto en medio de una pandemia de la que todavía estamos aprendiendo a manejar. 

Lo proyectado en el campo de la construcción es que entre 30,000 a 44,000 empleados se reintegren paulatinamente a un mercado que deja $890 millones o el 2% del Producto Nacional Bruto de la Isla.

Se prevé que se moverían en la economía unos $3,000 millones en proyectos programados, tanto con capital federal, del gobierno y privado. Pero esto no ocurrirá instantáneamente. Los sectores de la construcción, en los que intervienen directamente el Colegio de Ingenieros y Agrimensores de Puerto Rico, enfrentan graves retos de ausentismo y logística tras la reapertura. 

Prevenir el contagio nos toca a nosotros individual y colectivamente. Reactivar la economía de forma segura dentro de las circunstancias, también. Este pueblo ha sufrido huracanes, terremotos y una pandemia en rápida sucesión, con la salida de un gobernante en el medio de todas estas crisis. Bajo cualquier óptica, nos ha tocado vivir demasiadas experiencias traumáticas de forma sucesiva.

Estos duros capítulos en nuestra historia nos ha hecho más sabios, más fuertes, más conscientes de que nos tenemos que hacer cargo nosotros y funcionar desde la autosuficiencia. Desde esa óptica, ya nos lanzamos a salir y a trabajar. Del mismo modo que asumimos nuestra salud al encerrarnos, nos toca asumirla ahora al salir. En nuestras manos está.




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