Gustavo G. Cortina Rodríguez
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La inmunidad colectiva como estrategia contra el COVID-19

Los retos del COVID-19 han provocado distintas reacciones a nivel internacional por su impacto en el plano familiar, comunitario y global. Además, se escuchan múltiples opiniones sobre qué podemos hacer para reducir daños y proteger vidas. De todas, una particularmente llama la atención. Se trata de la inmunidad colectiva.

Anteriormente, expuse al respecto que no debemos apostar a ese mecanismo. Hoy, con nueva información, reafirmo que esta metodología no es la más eficiente. 

La inmunidad colectiva es un concepto epidemiológico que describe el estado en el que una población es lo suficientemente inmune a una enfermedad, haciendo que la infección no se propague. 

Reconozco y respeto el porqué muchas personas piensan que esto puede ser la solución ante la situación que vivimos, pero personalmente no estoy de acuerdo con el concepto.

Esta inmunidad colectiva, conocemos que se puede lograr de dos formas: muchas personas contraen la enfermedad y con el tiempo desarrollan una respuesta inmune (inmunidad natural) o la persona se vacuna contra la enfermedad para lograr la inmunidad, lo que no es posible todavía en el caso del COVID-19.

Recién hemos visto como muchos países comienzan con la reapertura de la economía, a pesar de que persisten los contagios con el nuevo coronavirus, y existen voces que consideran que que esto podría traer la inmunidad colectiva y que sería beneficioso para su país. 

Podemos utilizar a Suecia como barómetro para entender el concepto. Suecia ha adoptado un plan controversial ante la pandemia del COVID-19. El país optó por no usar la cuarentena u otras medidas de protección para aplanar la curva de contagios. Su enfoque ha sido desarrollar esta inmunidad colectiva, diseñada por el Dr. Anders Tegnell, epidemiólogo del país.

¿Cuál ha sido la propuesta de Suecia? La idea es que si más personas se infectan y adquieren anticuerpos, eventualmente obtendrán inmunidad al virus. El país ha mantenido abiertos los restaurantes, escuelas, gimnasios, pero ha involucrado a sus habitantes en las prácticas de distanciamiento físico y lavado de manos. 

Parece sencillo el planteamiento, pero no lo es. Lo primero es que estamos trabajando con un virus novel, que todavía no conocemos bien. Ya sabemos que no es solo un virus respiratorio, sino que puede provocar diversos daños. Estos incluyen desde daños leves a permanentes en distintas partes del cuerpo incluyendo el intestinos, los pulmones, los riñones, la piel e incluso daño neurológico. Además, los efectos los pueden  sufrir personas de cualquier edad, incluso sin historial de condiciones prexistentes. 

Debemos mencionar también que el virus puede provocar una tormenta de citoquinas que puede ser peligrosa para la persona. Esto implica una respuesta exagerada del sistema inmunológico ante una infección.

Otra razón por la que esto puede representar un peligro es que los expertos en salud pública han alertado que para lograr una inmunidad colectiva natural, se tendría que esperar años. Durante ese proceso, miles de personas podrían morir por COVID-19. Y más allá de eso, sigue siendo desconocido si los anticuerpos por la infección desarrollan inmunidad o pueden proteger a largo plazo. Esto sigue bajo investigación en distintas partes del mundo. 

Agrego que investigaciones también han señalado que no hay diferencias significativas en las cargas virales en niños y adultos. O sea, es peligroso en lo personal y en el contagio a los demás.

No somos rebaños

Hasta el momento ningún país ha alcanzado inmunidad colectiva al COVID-19. Incluso, se estima que menos del 10% de la población mundial ha estado expuesto al virus. Para lograr inmunidad colectiva para este coronavirus, de 60% a 70% de la población debe infectarse. Este número definitivamente representa un gran riesgo para la salud pública de todos los países.  Algunos investigadores han mencionado que sin tener una vacuna o tratamiento para el COVID-19, podría tomar de cuatro a cinco años lograr inmunidad colectiva.

En el caso de Suecia se encuentra entre los 10 países con el mayor número de muertes per cápita por COVID-19. Incluso, el epidemiólogo del país dijo “no estar totalmente convencido” si el plan estaba dando resultado. 

Lo que sabemos sobre Suecia es que han tenido que ir cambiando las medidas de protección poco a poco, por ser uno de los países con la tasa de letalidad más alta. Tomando la experiencia de Suecia, hacer esto en Puerto Rico puede tener unas consecuencias bien agudas. Al momento, no hemos saturado el sistema de salud, pero de no tomar las debidas precauciones esto puede cambiar. Además, tenemos que recordar que el sistema sanitario de la isla tiene varias limitaciones, comenzando por el número de ventiladores y cuartos de intensivo.

Tenemos que reconocer que los seres humanos no somos rebaños. La inmunidad colectiva es un término de protección, no de experimentación. 

Una vida es importante y ninguna pérdida es justificada. Como científicos, los salubristas estudian los números a través de la epidemiología y la bioestadística. Esto ayuda a desarrollar proyecciones, modelos, promover política pública y toma de decisiones importantes. Sin embargo, no podemos ver la situación que vivimos solo en números. Porque, a fin de cuenta, estamos hablando de vidas, de personas, familiares y compañeros. La meta de los salubristas es que todos y todas tengan salud.


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