Eudaldo Báez Galib
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La juventud puertorriqueña levanta bandera

(El viernes pasado se publicó en estos espacios una columna titulada “Los legisladores: ¿nos reforman o nos deforman”, por la estudiante de Derecho, Angeli Rivera).

Gracias, Angeli.

No le conozco a usted más allá de cómo hilvanó sus ideas en la columna. Además, fui, como usted, estudiante de Derecho y, como usted, hablé cuando tenía qué decir. Eso me asiste al considerar sus expresiones, y no hacia dónde las dirige, sino con el espíritu que las origina. 

Usted levanta bandera: “Si no les quedó claro, después del Verano del ’19, vamos a enseñarles que Puerto Rico sí está claro y que somos un pueblo que no se dejará pisotear nunca más”. Esa advertencia, intelectualmente calibrada entre enojo y principios, alcanza más allá de los señalamientos específicos en su columna. 

He expresado públicamente que luego de ese “Verano del ‘19”, nada cambió y volvimos a la “burundanga” Palesiana; y al choliseismo. Angeli, usted me ha entusiasmado a reconsiderar.

Asumo que no está sola en sus expresiones y que refleja el sentir de un sector generacional.  Lo que ofrece esperanza. Pues me retiré de la política activa, entre otras razones, ante la sorpresa de que los políticos jóvenes estaban a mi derecha, estando yo consciente que en el curso de la vida debían estar a mi izquierda. 

E inspira que su generación haya almacenado la experiencia y profundad de sus actos en la marcha multitudinaria y las vigilias en Cristo y Fortaleza. Porque puede repetirse ante una contumacia, venga de quien sea.

Lamentablemente, eventos recientes, además de los señalados por usted, evidencian que sectores de nuestra política  no han entendido ‘la nueva calle’. Pero ¡qué remedio! “Al perro huevero, aunque le quemen el hocico”. Genuflexian en culto ante Niccolo, el que educó al Príncipe en eso del “fin justifica los medios”—independientemente de razón, justicia o sentir colectivo—. Son los que sustituyen nuestro “contrato social” con los de seguros, servicios legales, publicidad, bitumen y, por supuesto, a los “fantasmitas”. 

Soy consciente que hablar de “país” genera tensión en nuestra sociedad. Pues el conflicto elementalísimo puertorriqueño es entre el evidente nacionalismo cultural en riña amarga con la realidad política. O sea, “soy boricua y a orgullo lo tengo”, pero con pasaporte estadounidense y esperando el “situado” que sustituyó a Méjico por Washington, bajo la simpatía del “hotdog and apple pie”.

Angeli, ustedes están robusteciendo un país. “Lo que constituye una nación no es hablar una misma lengua, ni pertenecer a la misma raza, sino poseer en común grandes cosas del pasado y la voluntad de hacer otras en el futuro”. Identifico a ustedes por ahí. 

Y, en fin (repasando la famosa frase de Disraeli, “La juventud de una nación es la depositaria de su futuro”), su columna grita futuro. Gracias.

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