Gustavo G. Cortina Rodríguez
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La literacia en salud es esencial

Puerto Rico ha enfrentado varias situaciones preocupantes desde que comenzó el año. Comenzamos con los terremotos, que ocupaban nuestra mente, preocupación y solidaridad a todos los que habitamos en esta isla, especialmente en los que viven en la zona sur. Nos preguntábamos cuán preparados estamos para un evento como el que sucedió o una situación peor más adelante. Desde hace unos meses, esto cambió porque nos concentramos en un evento sin precedentes: la pandemia por COVID-19. Hace unos días, hablando con mi señora madre, me mencionó: “yo recuerdo que la primera vez que me hablaste del coronavirus fue el día del terremoto”. Estas palabras me llevaron a hacer una introspección de todo este tema y tal vez analizar un poco el comportamiento de la población.

En este análisis, que puede tener un sinnúmero de temas, me quiero concentrar en lo que más me llamó la atención: la literacia en salud. Este concepto se define como la “concienciación de una persona al aprendizaje en la salud y que actúe en el desarrollo de sus capacidades de comprensión y gestión, favorables a la promoción de la salud (UFTM)”. Hasta la propia definición que les acabo de exponer puede parecer complicada, pero este término, para ser directo, significa cuán eficiente eres en exponer un tema de la salud para que toda la población pueda entenderlo. Aquí es donde muchos profesionales de la salud pública tienen que educar a la población de una forma sencilla, directa y que sea entendible por cualquier persona.

En numerosas ocasiones, observamos que los salubristas utilizan un lenguaje técnico y esto puede ser una barrera en el mensaje que se está tratando de emitir. Además, a veces pensamos que la alfabetización en salud es solo ir a comunidades y poblaciones vulnerables a orientar y ese no es el caso. Esa alfabetización tiene que ir acompañada de un cambio en la estructura y diseño en las relaciones de autoridad que puedan existir entre los servicios sanitarios y las poblaciones. Solo así podremos ver modificaciones de conducta y empoderamiento en los temas de salud. Debemos siempre trabajar y visualizarnos en esa horizontalidad, porque el salubrista también aprende de comportamiento y diversidad de temas en las intervenciones. Ese es uno de los regalos más especiales que podemos encontrar en este campo; aprender de todos y todas.

Hace unos meses, cuando comencé a orientar sobre el COVID-19 en distintos escenarios a través del movimiento Humanización en Salud, he podido notar que existen -en muchas ocasiones- las mismas preguntas a pesar de todo el tiempo transcurrido. Es por esto que se debe, a nivel gubernamental y municipal, utilizar educadores en salud y especialistas en comunicación en salud. Estos profesionales están capacitados para trabajar en la promoción de salud, no importa la población a la que se enfrenten. Tienen la habilidad de desarrollar mensajes entendibles y de una forma sencilla. He podido observar cómo compañeros y compañeras en esa especialidad han dado la milla extra; pero necesitan el apoyo y los recursos necesarios para lograr los cambios. 

Al día de hoy todavía escuchamos frases como: “¿me puse la mascarilla bien?”, “he utilizado mi mascarilla 10 veces”, “no conozco a nadie que tenga COVID-19”, “eso es un catarrito” “yo no veo a nadie enfermo en las calles”, “la salvación es individual”, entre otras. Estas dudas y enunciados pueden ser aclarados por estos profesionales que tienen mi admiración y respeto. Muchas veces, están trasbastidores, sin que nadie sepa el trabajo titánico que realizan para nuestra población.

Quisiera recordarles que no ver en Puerto Rico personas en las calles colapsando, como ha pasado en países como Italia, España y China, se debe precisamente a que a nivel individual y colectivo se han tomado las medidas necesarias para que nuestro sistema no colapse. Debemos continuar con las medidas de prevención y protección para seguir evitando que esto suceda.


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