Celia Mir

Punto de vista

Por Celia Mir
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La obesidad y el COVID-19

Cerca de un 40% de la población mundial está afectada por problemas de sobrepeso y obesidad. Un número creciente de esas personas presenta problemas de salud relacionados. Cerca de tres millones fallecen anualmente.

La obesidad se define como un exceso en la cantidad de grasa o tejido adiposo. Mientras, el sobrepeso es una elevación en la relación peso-talla. La obesidad, que afecta tanto a hombres como mujeres, se puede medir con el índice de masa corporal (IMC).  Para calcularlo se toma el peso de una persona en kilogramos y se divide por el cuadrado de la talla en metros. Una persona con un IMC igual o superior a 30 es considerada obesa. Una persona con un IMC igual o superior a 25 es considerada en sobrepeso.

Estar obeso es un valor subestimado casi tan grave para los jóvenes como para los adultos mayores ante la amenaza de la nueva cepa del coronavirus. La acumulación de depósitos de grasa exagerados constituye un factor de riesgo frente al progreso de la sintomatología del COVID-19.

El citado virus produce un síndrome respiratorio agudo grave.  Ante esta enfermedad se batalla fuertemente para mantener las funciones adecuadas del sistema respiratorio.   La evidencia reciente, en diversos países del mundo, sugiere que la obesidad en COVID-19 se asocia con una enfermedad más graves, aunque las razones de esta relación no están todavía del todo claras. No obstante, se ha visto que la acumulación excesiva de grasa puede reducir el proceso de renovación constante del aire en la inspiración y espiración o sea el proceso de respiración.

Otros aspectos relevantes son que el exceso de grasa puede comprimir el diafragma lo que reduce la capacidad pulmonar y que ocurren efectos proinflamatorios que inducen diabetes, estrés oxidativo y afectan la función cardiovascular.  Estas son muy malas combinaciones. Entonces, los pacientes tienen mayores probabilidades de desarrollar embolias pulmonares.

Las modificaciones del metabolismo celular en los obesos comprometen significativamente el sistema inmunitario.  Se deterioran las respuestas inmunes al virus y el paciente será menos propenso a salir adelante.

Además, en el obeso, el uso los medicamentos que utilicen para las comorbilidades como diabetes e hipertensión podrían sobre activar mecanismos metabólicos que facilitan la entrada e infección por COVID-19.

Estas relaciones se traducen en un aumento del riesgo de desarrollar la forma severa de la enfermedad causada por el novel coronavirus. En estos casos, se asocia con un mayor tiempo de estadía hospitalaria en intensivo y la probabilidad de requerir ventilación mecánica invasiva.

A menudo se culpa a la industria alimentaria y a los sistemas de salud por no hacer lo suficiente para combatir la obesidad. Sin embargo, es labor del individuo tomar decisiones para evitarla y mejorar su bienestar. 

Alimentarse de forma balanceada, con mayor ingesta de hortalizas y frutas, limitar las azucares, las grasas y el alcohol y comer despacio porciones pequeñas es fundamental. Además, resulta crucial el ejercicio. Muévase más, camine, baile, nade, o corra bicicleta, pero ante todo busque apoyo.  El nutricionista-dietista licenciado junto al médico le ayudarán.

Para intentar reducir la prevalencia de enfermedad grave por COVID-19 es necesario mantener una mayor vigilancia sobre la presencia de la enfermedad en las personas obesas.





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