Jorge Schmidt Nieto

Punto de vista

Por Jorge Schmidt Nieto
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La política en cuarentena por el COVID-19

El coronavirus está cambiando la manera de hacer política en el mundo. Puerto Rico no es la excepción. Algunos cambios no durarán, pero otros permanecerán.

No veremos este año la imagen clásica del político estrechando manos, abrazando correligionarios y besando bebés. La distancia social producirá escenas surrealistas de políticos dando discursos sin audiencias. Representará reinventar radicalmente las estrategias de atracción de votos. Será extraña una campaña sin mítines multitudinarios y sin caminatas por las casas. Parecerá inusual no ver imágenes de candidatos rodeados de seguidores, confundiéndose en enérgicos saludos. Muchos políticos hasta se habrán contagiado personalmente.

La campaña deberá enfocarse en la televisión, la radio y las redes sociales. Los influencers políticos cobrarán mayor relevancia, en la medida que las estrategias electorales se adapten para evitar que los candidatos se aíslen de sus electores. Seguramente aumentará el volumen de anuncios por redes sociales y habrá más lives, lo que favorecerá a quienes mejor sepan manejar las redes.

Por otro lado, las campañas se darán en un ambiente de reducción considerable de libertades y derechos civiles. Ha sido necesario aislar a países enteros y suspender derechos a poblaciones completas para contener la crisis de salud pública. Pero el precio ha sido enorme. Se ha suspendido el derecho de asociación, la privacidad, el movimiento y la educación, en aras de proteger el derecho a la salud y para mantener la seguridad. Salió a la superficie la tensión subyacente en todas las democracias entre el orden y los derechos. Por eso, la constitución de Puerto Rico establece que, en el sistema democrático, el orden está subordinado a los derechos.

La situación se ha tolerado hasta ahora, pero al extenderse por varias semanas o meses, como amenaza con suceder, muchos exigirán la devolución de sus derechos, aun cuando la pandemia no hubiese terminado. En algunos lugares se normalizará la situación y las personas se acostumbrarán al nuevo estilo de vida con menos libertades, aunque sea parcialmente.

Sobresale también la naturaleza mundial de estos fenómenos. En poco tiempo todos los salones de clase del planeta amanecerán vacíos, no habrá conciertos ni festivales. Nadie irá de compras a los centros comerciales, no se proyectarán films, no rodarán balones en los estadios. Imperará silencio en los aeropuertos y las avenidas de las grandes capitales parecerán estacionamientos. Viviremos temporalmente un futuro apocalíptico hollywoodense. Ni siquiera durante la segunda guerra mundial se paralizó el mundo entero.

También la política está en cuarentena. Parlamentos y congresos cerrados, gabinetes presidenciales reunidos a distancia, presidentes y primeros ministros en aislamiento. Este virus atacó los centros económicos y políticos mundiales, a diferencia de otras epidemias que se concentraron en países en desarrollo, como el ébola y la fiebre porcina.

Se consagrarán aquellos gobiernos que manejen la crisis de manera responsable, que anticipen escenarios, que no mientan, que se comuniquen a diario con transparencia, que coordinen sus agencias y que tengan la infraestructura. Esta fue una oportunidad para Donald Trump de garantizar su reelección. Un manejo aceptable habría bastado, pero no fue así. 



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