José Gabriel Martínez Borrás
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Las primarias demócratas y la crisis política en EEUU

Ayer se celebró el Supermartes, la primaria más grande del Partido Demócrata a nivel nacional en los Estados Unidos. El contexto de esta contienda surge de las críticas a la tenue presidencia de Barack Obama y la derrota de Hillary Clinton en el 2016, la cual no prevaleció ante el actual titular, Donald Trump. 

Después de la crisis económica norteamericana del 2008 y la catástrofe de las guerras de Iraq y Afganistán, la población estadounidense sentía la necesidad de reformas socioeconómicas y políticas de envergadura. El expresidente Obama se presentó como una alternativa de cambio sustancial ante la percepción del electorado de un sistema corrupto, altos niveles de desigualdad a través de cuarenta años de reformas neoliberales y la venidera crisis climática. 

La apatía entre la ciudadanía se cimentó con las decisión de la Corte Suprema conocida como Citizens United (2010), la cual desregulaba las campañas electivas a favor de grandes intereses, profundizando la crisis de la democracia representativa. La movilización del electorado en el 2008, gracias al carisma de Obama, no se volvió a manifestar durante el resto de su presidencia.  

Entra Bernie Sanders, un senador y político independiente, que a través de su carrera ha hecho alianzas con los demócratas en apoyo a causas progresistas. En la campaña del 2016 generó entusiasmo entre una base que sentía apatía ante el sistema político. Sanders propone reformas fiscales y tributarias moderadas, semejantes a aquellas de la posguerra en los Estados Unidos y de mirada a la crisis del siglo XXI: inversión para la educación ciudadana, garantía de un sistema de salud nacional (similar al canadiense o del Reino Unido) y apoyo a un Nuevo Trato Verde, o sea, inversión para eliminar fuentes de energía no renovables y generación de empleos a través de tecnologías sostenibles. 

La pregunta sería, ¿quién se opone a estas políticas? No está de más decir que para los demócratas conservadores, las reformas de Sanders no se alinean con sus intereses. Al igual que Clinton hace cuatro años, el ala neoliberal demócrata busca una figura, no para vencer a Trump, sino para frenar estas propuestas. 

Entra Joe Biden, exvicepresidente bajo Obama, y el cual fue escogido por el anterior como compañero de papeleta para suavizar su imagen y elegibilidad ante fuerzas más conservadoras. Biden es visto como parte del estatu quo político, corrió sin éxito para la presidencia en varias ocasiones, y sus propuestas enfatizan un regreso a las políticas de Obama: fortalecer el sistema de seguros médicos conocido como Obamacare, y reintegrar a los Estados Unidos a acuerdos multilaterales de los cuales Trump retiró al país. 

Sanders ganó los primeros estados de la primaria, lo que llevó a un desespero de parte de la casta dirigente demócrata. Ello vino acompañado de ataques en su contra en los medios y en apoyo a Biden.  Este ganó la mayoría de los estados conservadores en el Supermartes de ayer, a pesar de que la semana pasada estaba casi descartado. En otras palabras, ahora comienza la verdadera primaria, que es un reflejo de la misma lucha primarista del 2016 y del estado social actual en los Estados Unidos. 

La pregunta es: ¿quién debe debatir contra Trump en las elecciones generales? ¿Sanders o Biden?     


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