Jorge Colberg Toro

Punto de vista

Por Jorge Colberg Toro
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Las vidas del ELA

Hace 36 años, participé en un programa radial en donde se discutía el futuro del Estado Libre Asociado (ELA). Desde entonces, he estado escuchando el cacofónico pronóstico de que el ELA está en coma, que su final está a la vuelta de la esquina y que la única opción real que tenemos es escoger entre la anexión o la independencia.  

Ese trillado discurso - el cual aún permea diariamente en los medios de comunicación y los programas de análisis - se ha convertido en una verdadera risotada; porque el llamado fin del ELA no es otra cosa que el vaticinio malogrado más prolongado de la humanidad.

La pregunta que muchos se hacen es cómo el Estado Libre Asociado, aún con sus defectos, ha logrado sobrevivir enfrentando todos los embates que ha tenido – impugnaciones, enemigos congresionales y hasta el abandono de muchos líderes del PPD – y aun así mantiene un fuerte respaldo electoral.

La respuesta es sencilla: el centenario pensamiento autonomista – construido en tiempos recientes bajo el modelo del ELA - es la solución pragmática a nuestra realidad. Y lo es, porque la autonomía es la única alternativa que soluciona un complicado dilema político y sociológico, de evitar que se nos fuerce a tener que escoger entre la destrucción cultural del asimilismo o la ruina económica de la independencia. Es decir, seleccionar entre la horca o la silla eléctrica. 

Esa es la realidad. El pueblo no tiene que decirlo, pero lo sabe. 

A pesar de eso, por décadas, hemos escuchado a diversos políticos y comentaristas afirmar - con evidente demagogia - que el ELA es el culpable de todos los males y que su desarrollo, como opción autonomista, no puede ser la solución al problema del estatus político. 

Ese despótico discurso solo responde al desvelo ideológico de estadistas e independentistas, que saben muy bien que un nuevo ELA - que sea impulsado por todo el PPD - hace de sus posibilidades de triunfo una quimera.

Entonces, los mismos que dicen que el ELA está muerto y que supuestamente no tiene seguidores, se niegan a ponerlo en la papeleta y se inventan todos los trucos y malabares posibles, para buscar una mayoría artificial que no existe en favor de la estadidad.

Pero no conformes con eso, le exigen al PPD definiciones, pero los estadistas no hablan del territorio incorporado ni los impuestos; y los independentistas, a la vez que desprecian al ELA, piden un país soberano con ciudadanía americana y fondos federales. ¿Quién los entiende?

La historia ajusta cuentas, y recientemente la jueza puertorriqueña de la Corte Suprema de Estados Unidos, Sonia Sotomayor, emitió una opinión que ha puesto en pelea al ELA. En la misma, valida múltiples argumentos que los estadolibristas hemos defendido por años. 

El ELA se hizo bajo la naturaleza de un pacto que fue validado por la comunidad internacional y la Ley Promesa podría estar violentando ese acuerdo, dijo la jueza. Del saque, los líderes populares despertaron; los pipiolos y estadistas andan perplejos; y los analistas sepultureros del ELA, súbitamente, acaban de exhumar al ELA devolviéndolo a la vida.

El reto ahora es para el PPD. Es momento de impulsar una propuesta seria del desarrollo del ELA, que despeje cualquier vestigio de subordinación política.   

Pero si el liderato actual del PPD no corresponde a la altura de los tiempos, la historia seguirá su curso y el ELA continuará ahí, vivo, firme, presente y vigente; trascendiendo ciclos electorales y esperando que surja entonces una nueva generación de líderes populares que retomen la causa estadolibrista y honren, como corresponde, la memoria de Luis Muñoz Marín y de Rafael Hernández Colón.  


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