Angie Vázquez
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Lo que nos enseña el caso del piloto de FURA

Las noticias sobre el caso del piloto de FURA, el Sr. José Estrada Almodóvar, y la directora ejecutiva de la Autoridad de Transporte Marítimo, Mara Pérez, han acaparado la atención del pueblo. Sin entrar en los pormenores del caso más allá de lo publicado en la prensa, ya destaca en este asunto la hipocresía arbitraria con la que se maneja el buen cumplimiento del deber de algunos empleados

Nos pasamos la vida hablando sobre la importancia de los valores sociales positivos, como la honestidad, responsabilidad, integridad y cumplimiento, pero la realidad social laboral en Puerto Rico es contraria a todo ello. 

Muchas personas que siguen y cumplen honestamente con los principios morales y legales en sus trabajos reciben a cambio acoso, castigo, amonestaciones, persecución, intimidación, amenazas de pérdida del empleo, reducción de sueldos o beneficios, traslados injustificados, limitación de sus derechos de ascenso, marginación y hasta ridiculizaciones y humillaciones personales.

Nos pasamos hablando de los grandes héroes y heroínas de la historia de los pueblos. No olvidemos, por favor, que los empleados que valientemente denuncian situaciones y condiciones de abuso laboral son verdaderos héroes que ayudan, en su mala experiencia y con sus sacrificios y denuncias, a evitar que colapsen moralmente las agencias y organizaciones sociales que funcionan corruptamente bajo el estándar caprichoso de jefes autoritarios y oportunistas. 

¿Qué ejemplo damos a los jóvenes que hoy estudian y se preparan para la vida laboral aspirando a ser buenos ciudadanos y personas? ¿Cuál es el mensaje? ¿Que las leyes se doblan y cambian de acuerdo a favores personales o sometimiento a figuras de autoridad nominal? ¿Que las leyes son para unos y no para otros? ¿Que es mejor callar y someterse al abuso que denunciarlo so pena de ser fuertemente castigado? 

La moral se aprende, pero, una vez internalizamos los valores, depende de nuestra voluntad y control interno poder aplicarla y defenderla. Eso diferencia y separa a una persona íntegra de la cobarde, hipócrita u oportunista. Quien asume la denuncia del abuso está moralmente en lo correcto y es valiente. No debemos dejarles solos ni desprotegidos porque sabemos que el sistema laboral-político-social, corrupto y disfuncional, va a tirarle con todo para callarles, doblegarles y anularles como personas y empleados.

Toda persona que asume la estrategia de la denuncia, sea víctima de violencia doméstica o acoso sexual, o sea funcionario de agencia o empleado de empresa sabe, de antemano, que le esperan tiempos difíciles para probar su inocencia o encontrar justicia desenmascarando culpables. Sabe, igualmente, que callar es una sentencia de muerte a su salud mental porque las cosas no mejoran ni se arreglan solas, sino que empeoran. Entonces, si alguien cumple con su deber moral de informar y denunciarlos abusos o las acciones incorrectas debemos reconocerle su valor y agradecer el favor que nos hace luchando por mejorar las cosas.

La denuncia propone una oportunidad de reflexión y de cambio. Cuando no se entiende de esta forma, los agresores y agresoras burocráticos despotrican contra el denunciante para intimidarle y derrotarlo. La persona que denuncia, sin embargo, gana desde el inicio porque vence los miedos independiente a los resultados de procesos o investigaciones administrativas. Gana porque puede acostarse a dormir tranquilo con su conciencia. Gana porque tiene dignidad y respeto por sí mismo. Gana porque no se somete a la corrupción y sabe que sus acciones fueron correctas. 

En tiempos presentes, donde tanto decimos que los valores se han perdido, vale la pena saber que existen personas dispuestas a dar cátedra sobre el comportamiento ético y legalmente correcto. 


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