Kenneth McClintock
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Monumento a los caídos en la Segunda Guerra: rectificando un olvido

A mediados de la década de 1990, el presidente Bill Clinton develó el diseño para uno de los memoriales más grandes y vistosos que se construiría en el National Mall de la capital federal, entre el obelisco en honor a Jorge Washington y el memorial a Abraham Lincoln, el futuro memorial conmemorativo de la Segunda Guerra Mundial, o WWII.

El diseño, sorprendentemente, incluía una columna conmemorativa para cada uno de los 48 estados en tiempos de WWII, y solo a dos de los territorios de la nación, olvidando y excluyendo al Distrito de Columbia, y a siete territorios.  Entre los seis territorios excluidos estaban cuatro que habían sido totalmente ocupados por el ejército imperial de Japón: los territorios estadounidenses de las Filipinas, Guam, la Samoa Americana y las Islas Marianas.  Cuando hablamos de territorios ocupados, estamos hablando de muerte, destrucción, hambre, violaciones y otros crímenes contra la humanidad.

Además de la exclusión de esos cuatro territorios ocupados por el imperio japonés, ese primer diseño excluyó a los territorios estadounidenses caribeños de Puerto Rico y las Islas Vírgenes Estadounidenses, que aportaron más personal militar proporcionalmente que muchos estados y sufrieron el terror de los submarinos alemanes que generaron muerte y carestías de alimentos importados.  Excluía también de las columnas conmemorativas al territorio estadounidense del Canal de Panamá, jurisdicción que protegía esa vía de comunicación tan importante para las fuerzas aliadas durante WWII.

Ante esa exclusión y olvido inexcusable, me di a la tarea de radicar legislación para reclamar que se rediseñara lo que habría de ser uno de los memoriales mejor ubicados en la capital del país.  Iniciamos un intenso cabildeo, con el apoyo del congresista José E. Serrano, el comisionado residente Carlos Romero Barceló, el asesor Jeffrey Farrow y otros.  Como resultado, logramos que una comisión gubernamental encabezada por el destacado veterano del WWII, el senador Bob Dole, incorporara al diseño final del memorial a Puerto Rico y los demás territorios excluidos, junto a Alaska y Hawái, que por ya ser estados admitidos más de una década después de la guerra habían sido automáticamente incluidos desde un principio para evitar la ira de sus cuatro senadores y tres representantes en el Congreso.

Hoy, miles irán al World War II Memorial a honrar a los hombres y mujeres caídos en esa guerra, representados por unas pequeñas estrellas doradas en su fondo. Cuando se detengan a la entrada del memorial, quizás se les haga difícil divisar las columnas dedicadas a Alaska o Hawái, pero cuando miren al lado derecho de la entrada, verán que la columna dedicada a Puerto Rico está colocada bien prominentemente.  Eso se debe a que nos colocaron entre las últimas jurisdicciones de la lista.  Sin embargo, nuestra columna quedó entre las primeras que más verán los miles que hoy visitarán el memorial.  Como dijo Jesús en Mateo 19: 23-30, “los últimos serán los primeros”.



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