


El amarillo chillón con el que entró vestida la gobernadora a su mensaje de estado, escoltada por su principal enemigo político, el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, y por el de la Cámara, Johnny Méndez, ya auguraba un viaje exprés a su mundo paralelo. El pasaje de ida vendría financiado con el chequecito del reembolso reembolsable que anunció de inmediato. El cierre, con broche de oro, sería el canto de sirena de la estadidad, acompañado del mantra de “¡cuatro años más!”, listo para encender la pelea entre los del Sharktank y los del Politank. Pero Trump abrió la boca esa misma tarde y la luz amarilla del vestido JGOísta cambió a roja: “La estadidad sería un desastre”.

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