Andrés Fortuño Ramírez

Punto de vista

Por Andrés Fortuño Ramírez
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No caigas en sus redes

La era de la razón parece haber muerto. Hay tanto pasando en el mundo que no nos da tiempo a procesarlo todo. Reaccionamos a lo que vemos en Internet como lo hacen los seres más primitivos en la selva. Dependientes de nuestros instintos y siempre en estado de alerta, pareciéramos solo tener dos respuestas al mar de noticias, las ignoramos o las compartimos.

Andamos tan a prisa, que no tenemos tiempo para leer, para escuchar y para realmente entendernos. En cualquier conversación, sea digital o en persona, ya tenemos formulada una respuesta antes de que el exponente termine su punto. Reaccionamos sin pensar y los que manejan los grandes intereses del mundo lo saben. Inclusive, muchos se aprovechan de nuestra impulsividad para distribuir opiniones que les favorezcan, vendernos falsas ideas o cosas que no necesitamos.

Antes de Internet todo lo que salía en la tele lo dábamos por cierto. Mucho antes, nuestros abuelos escuchaban la radio y vivían convencidos de que todo lo que salía por sus altavoces era la verdad y nada más que la verdad. Basta ver el caso de la trasmisión de “La Guerra de los Mundos”, narrada por Orson Wells en 1938, y el pánico que causó en algunos de sus oyentes, quienes creyeron que lo que se narraba estaba realmente sucediendo.

Si algo he aprendido en estos años, es a reconocer que no todo lo que aparece en Internet es cierto. Hay que leer más allá de los titulares y corroborar la confiabilidad de los sitios y fuentes. Igual que existen los “trolls”, personas que se dedican a denigrar y desprestigiar a través de sus burdos comentarios, también existen sitios que se dedican a confundir, a sembrar el odio y el pánico.

En esta era de comunicaciones no podemos darnos el lujo de jugar a ser inocentes. Respirar profundo, escuchar antes de opinar, leer antes de responder y pensar antes de actuar, son nuestras mejores armas para defendernos de aquellos que salen todos los días a pescar ingenuos. Asegúrate de no caer en sus redes.



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