Manuel Martínez Maldonado

Punto de vista

Por Manuel Martínez Maldonado
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Pájaros marinos, el calentamiento global y la contaminación

Volví a Puerto Rico a vivir frente al mar y me pregunté si habría cánticos y graznidos de aves marítimas. Era en realidad un sueño, porque conocía mi playa desde la adolescencia. Los primeros años dos pelícanos silenciosos planeaban sobre la playa y, de vez en vez, sobre el mar, se zambullían en busca de presa. Con el tiempo desaparecieron. Tuve que conformarme con ver de lejos gaviotas desubicadas cuando cruzaba el puente de la Laguna San José y, recientemente, suspiré profundamente cuando vi desde mi ventana un elegante y solitario chorlito marino pasearse por la orilla. 

La presencia o ausencia de aves marinas y su comportamiento ha sido, desde tiempo inmemorial, un indicador para los humanos de las condiciones del medioambiente marítimo. Por su tamaño (no hace mucho, en Vigo, me amedrentó el tamaño de una gaviota) son relativamente fáciles de observar y de ser capturadas para que lleven en sus patas bandas identificadoras que permiten saber a dónde van y de dónde vienen. 

Un artículo reciente en Science (12 de julio de 2019) sobre estudios conducidos en la última década indica una conexión estrecha entre la temperatura de la superficie de los océanos (ya sabemos que ayuda a generar huracanes) y la capacidad reproductiva de los pájaros marinos. Además, la frecuencia de poner huevos de estas criaturas da evidencia del calentamiento del agua: a más temperatura menos huevos. Concluyen los científicos que es necesario que los esfuerzos para colectar datos estandarizados de los pájaros marinos sean persistentes y precisos para monitorear la salud de los océanos globales.   

Los pájaros marinos no solo son afectados por el calentamiento que afecta sus ciclos reproductivos, sino que, sin querer, engullen materiales letales: venenos orgánicos y metales pesados lanzados al mar irresponsablemente. Además, se tragan plásticos que también han lanzado al mar asesinos del ecosistema.

¿Por qué eso nos debe importar? Los científicos han indicado (Journal of Marine Systems), que un descenso en la población de pájaros marinos puede augurar una baja en la cantidad de peces para pescar (claro, el exceso de pesca también puede reducir la población de peces y, por lo tanto, de pájaros). Esta reducción de peces afecta la pesca comercial. 

En Puerto Rico, según el Departamento de Recursos Naturales, en general los carruchos y langostas, peces de arrecife y chillos de aguas profundas constituyen las especies principales hoy en día. Su captura desembarca en alrededor de 89 centros pesqueros donde se estima laboran 1,200 pescadores y pescadoras comerciales. De acuerdo con un reportaje reciente, aunque los pescadores locales aportan apenas un 2.3% de los pescados y mariscos que se consumen en la isla, la pesca comercial en Puerto Rico, genera de $6 a 7 millones anuales en ventas directas, además de empleos. Claramente, en el archipiélago puertorriqueño la pesca contribuye significativamente a la economía, lo cual subraya la importancia de su manejo cuidadoso, conservación y que hay que desarrollarla más.


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