Carlos E. Ramos González
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¿Por qué exigirle tanto al Derecho?

Mientras continúe el toque de queda en todas sus modalidades, con sobrada razón parte de la conversación pública atenderá su legalidad. Estas limitaciones afectan los derechos constitucionales de toda la ciudadanía, aunque persigan el fin de proteger la salud y vida de los habitantes de Puerto Rico y del mundo. No obstante, no podemos olvidar una dimensión fundamental del problema. Simplemente, el Derecho no lo puede resolver todo. Este también tiene sus límites.

El asunto ha sido discutido en otros contextos. Por ejemplo, cuando pretendemos que las leyes resuelvan todos los problemas sociales. Específicamente, la pretensión de tipificar como delito toda conducta que en un momento dado la sociedad considere antisocial. De momento, el Código Penal es tan extenso, que hasta olvidamos lo que se prohíbe. O cuando se quiere legislar la moral, olvidando el sentido común: la moral no se legisla. 

Algo de esto nos está pasando con la pandemia que nos golpea tan fuerte. Por encima de los toques de queda, también hay un llamado de la ciencia que no puede legislarse. Hay que mantener el distanciamiento social en las áreas públicas y en determinadas circunstancias en nuestros hogares. Esto exige ante todo disciplina individual y colectiva. Esta última es difícil de articular o dominar. Hay un elemento cultural y educativo muy profundo. Pero no así la disciplina individual. Esta tiene que partir del convencimiento de su necesidad. De ahí la importancia de entender el problema. Por eso la urgencia de un gobierno como el nuestro que siga preocupado y ocupado al máximo pero transparente, sin opacidad alguna. Si todavía no se puede trazar la “curva de crecimiento”, expliquemos las razones de forma contundente a través del grupo del excelente grupo de médicos que se ha creado para ofrecer ciencia, dirección y urgencia al gobernante. Pero tenemos la obligación de exigirles transparencia. Por esta razón, no es aceptable que cualquiera de ellos o del gobierno haya invocado la ley conocida como HIPAA para ser oscuro o ineficiente al construir la curva. Ni la ley ni su aplicación pueden ir contra el sentido común. Además, esta ley específicamente permite “usar y publicar información privada de las personas para prevenir o disminuir amenazas serias a la salud o seguridad”.

Regresemos al distanciamiento y en ocasiones, aislamiento social. No hay ley que pueda controlar todas las manifestaciones que ello implica. Esto es un imperativo categórico: tiene que salir del instinto de sobrevivencia y de la responsabilidad con los demás que demanda la dignidad humana. ¿Qué ley puede obligar a mantener aislado a un familiar que regresa al hogar tras visitar un país o estado donde el contagio era critico? ¿Cómo se mantiene la disciplina individual u hogareña para ejecutar esta imperiosa acción? No hay gobernante que valga. Ni en los países más autoritarios se hubiese podido lograr. 

No le pidamos tanto al Derecho. Seamos exigentes con nosotros mismos. Exijamos transparencia a un gobierno acostumbrado a ser opaco. Pero, hagámoslo para que este conocimiento nos salve y nos haga personas más disciplinadas y solidarias con los demás. No lo demanda la ley: lo ordena la dignidad humana que nos define y compone a todos en idéntica magnitud.




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