Punto de vista

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¿Quién sonríe en un mundo de desigualdades?

Deténgase a pensar momentáneamente en el poder de una sonrisa. En esta ocasión, sin embargo, no se enfoque en el poder que tiene una sonrisa para transformar una vida, cambiar el ánimo o provocar una conversación. Mire las relaciones de poder que se establecen con la sonrisa y cómo esa sonrisa denota la posición que usted ocupa en esa relación.

La política, como disciplina, estudia las relaciones de poder. Analiza el intercambio entre quien ostenta el poder y quien tiene que someterse a él. Evalúa cómo la persona apoderada percibe su rol y lo ejecuta dentro de un ambiente en el que conoce que le deben seguir. Vivimos en un mundo complejo en el que predomina este tipo de relaciones. Las vivimos desde el seno del hogar hasta el recorrido social de cada día. Como personas sociales, estamos tan “acostumbradas” a estas relaciones políticas, o de poder, que las damos por sentadas y, muchas veces, la mayoría de las veces, no las cuestionamos. 

Cuando se levanta el cuestionamiento contra esa norma social de poder como ha ocurrido recientemente en las numerosas protestas a través de todo Estados Unidos, nuestra primera reacción es retar mentalmente ese cuestionamiento. Al ser humano promedio le incomoda el cuestionamiento porque presupone salir de la rutina, pensar fuera de la caja, alterar el orden establecido, y nos tranquiliza creer en la existencia de un orden invisible que seguimos y obedecemos sin cuestionamiento.

Otras personas, a quienes no les resulta tan natural la existencia de una norma incuestionable, escogen salir de la invisibilidad y buscarse un espacio en un mundo de desigualdades en el que la mayoría escoge ser invisible. Esos terminan sonriendo porque en este juego la sonrisa se reserva para quien se siente apoderado, quien ha encontrado un espacio que le hace visible. Y mi punto es que eso es bueno, que es apropiado, que es justo, que es equitativo.

En un mundo de diversidades donde prevalecen las dualidades hombre-mujer, negro-blanco, gay-straight, joven-viejo, entre otras tantas, buscamos, a mi juicio, equivocadamente, establecer una norma que borra la sonrisa de quien no encaja en “lo normal”. Es irónico que en este mundo de diversidades en el que la norma es la diversidad busquemos imponer una norma distinta. Entonces hablamos de desigualdad. Porque realmente vivimos en un mundo de desigualdades.

Sonríe quien tiene poder, quien domina, quien controla, quien manda, quien dicta, quien puede. Las imágenes que hemos visto en días recientes de todas las personas que se saltaron la norma y se hicieron visibles en protestas alrededor de todo Estados Unidos y del mundo no tenían sonrisas, pero están buscando su lugar en un mundo de desigualdades en lo que llega la verdadera diversidad. No están esperando a que la igualdad les llegue para buscar motivos para lucir su sonrisa. Están buscando que sus vidas importen porque las de quienes sonríen importan ya y por eso sonríen. Todas y todos debemos sonreír.