Carmen Dolores Hernández
💬

Repensar la educación en Puerto Rico

El modelo educativo institucional que conocemos, vigente durante siglos, ha fracasado. Hace años que no funciona bien la combinación de niños, maestros y escuelas; aún menos la de burócratas, planes y categorías. Una circunstancia externa -la pandemia- ha imposibilitado (por el momento) una de sus condiciones básicas: la presencia simultánea de alumnos y profesores en un aula. Se abre el camino para un nuevo modelo educativo.

Lo primero es determinar qué esperamos de la educación masiva. El consenso probablemente apunte a facilitar la formación intelectual de la persona, propiciándole los instrumentos para comunicarse mejor con sus congéneres, con su realidad y con su tradición, descubriéndole así sus posibilidades de acción individual. No es información lo que requiere hoy el estudiante (eso lo tiene en su teléfono celular); es la capacidad de situar esa información en un contexto general, evaluarla, contrastarla con datos real o aparentemente contradictorios. Es adaptar el conocimiento a sus propias circunstancias y aptitudes. Esperaríamos, además, que las destrezas y conocimientos adquiridos estimulen el deseo de participar constructivamente en la sociedad al ensanchar los fundamentos de su relación con los demás, haciéndole ver la necesidad de colaborar eficazmente para lograr fines comunes y la conveniencia de vivir en paz y prosperidad.

Siempre me ha molestado la idea de los niños reunidos durante horas en un aula, escuchando lecciones interminables que no relacionan con sus vidas. Es la manera más segura de suscitar un aburrimiento existencial que a algunos les durará toda la vida, virándolos en contra de cualquier cosa que huela a “conocimientos” y/o “cultura”. Educar no es eso. Educar es sacar lo mejor de la persona (como indica la raíz etimológica de la palabra), estimulando su intelecto, despertando su sensibilidad, haciéndola consciente de los esfuerzos de los demás y proporcionándole instrumentos para expresar mejor sus pensamientos, necesidades y ambiciones. Educar es un proceso apasionante que debe ofrecerse y recibirse con pasión.

La coyuntura actual que nos impulsa a repensar las prácticas educativas exige que tengamos en cuenta, no solo las circunstancias imperantes (distanciamiento social), sino también la idiosincrasia del joven de hoy, más volcado hacia lo audiovisual dinámico y lo gráfico que hacia lo escrito y lo hablado. El reto es ensanchar sus intereses y destrezas, demostrándole la conveniencia de hacerlo. Es provocar más intereses a partir de los que tiene.

Podríamos pensar en módulos educativos según las disciplinas tradicionales (sus divisiones son arbitrarias, pero proveen estructura en el proceso de enseñar). Se transmitirían de modo virtual y creativo para captar la atención del educando. Las explicaciones del maestro se intercalarían con elementos animados -filminas, tirillas cómicas - y con elementos visuales: mapas, cuadros, fotos. También con intervenciones de otras personas en forma de, por ejemplo, debates, escenificaciones, entrevistas, incluso interpretaciones musicales. Lo ideal sería un instrumento transmisor interactivo que permitiera la intervención del estudiante.

Se trata de una idea difícil (y costosa) de implementar. Más difícil aún será asegurar el acceso general. Pero si hoy gastamos miles de millones de dólares en una burocracia educativa ineficaz (a juzgar por los resultados) y desconectada de los propósitos básicos de la educación ¿no deberíamos plantearnos un cambio total de paradigma educativo que contemple la enseñanza presencial solo en los primeros grados, cuando se adquieren las destrezas básicas? La enseñanza ulterior se ofrecería mediante módulos que respondan al interés y al ámbito referencial de los estudiantes (la historia de los videojuegos, por ejemplo, podría llevar a la de la tecnología y de allí a la ciencia, al igual que las tramas podrían ligarse a las de obras literarias).

En nuestras manos está seguir con un sistema que aplasta y limita los intereses de los estudiantes o ponernos a la altura de las circunstancias con iniciativas nuevas, creativas, dinámicas, transformadoras.

Otras columnas de Carmen Dolores Hernández

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Ruth Bader Ginsburg y las abogadas puertorriqueñas

Como Ruth Bader Ginsburg, un grupo pionero de abogadas puertorriqueñas abrió una brecha importante para sus congéneres en la profesión, plantea Carmen Dolores Hernández

martes, 1 de septiembre de 2020

“Black Minds Matter”

Es hora de incorporar a nuestro canon cultural a Arturo Schomburg, aquien no se suele conocer como puertorriqueño, quizás por el apellido alemán de su padre, quizás porque vivió de adulto en Estados Unidos y escribió en inglés, señala Carmen Dolores Hernández

viernes, 3 de julio de 2020

Somos los únicos responsables de nuestro bienestar

Somos los responsables de nuestro bienestar; debemos asumirlo con valentía y honradez. Lo requieren los desastres que hemos vivido desde el 2016, escribe Carmen Dolores Hernández

domingo, 7 de junio de 2020

Leer para sobrevivir

Cuando niña la lectura me hacía invulnerable a todo requerimiento engorroso, escribe Carmen Dolores Hernández