Ada Mildred Alemán Batista
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Tanatología y coronavirus

Sabemos que la pandemia del coronavirus ha causado muchas muertes y puede causar más. Ante la situación que vive el mundo, el miedo y la conciencia de la muerte es palpable antes, durante y después del fallecimiento de cualquier persona afectada por este agresivo virus. 

Esto, inevitablemente, nos lleva a estar muy pendientes a los decesos por el COVID-19 y la situación nos mantiene en vilo. Por eso, es necesario conocer sobre la tanatología.

Tanatología es la ciencia de la muerte y sus expresiones. Aborda la situación de la persona en proceso de muerte y la situación de sus allegados. También atiende el equipo de profesionales de la salud, voluntarios y personas que atienden a una persona en estado terminal. El núcleo de atención son el paciente y su familia. La atención se ofrece antes, durante y después de la muerte.

Cada persona se atiende como un ser biopsicosocial: biofísico, psico-espiritual y sociocultural que existe en un tiempo y un espacio determinado. La tanatología examina el sentido del proceso de muerte, sus rituales y la significación social que damos a la muerte. 

Trabaja con la dinámica del sufrimiento que se experimenta ante la pérdida de uno mismo ante su inminente muerte y la de los allegados por la pérdida del ser querido. Es así, pues se sabe que la muerte y la perdida acentúan la importancia de las emociones, de nuestros sentimientos.

Quienes sufren duelo por la pérdida de un ser querido, necesitan expresar y comunicar su dolor. No hacerlo, afecta la recuperación. Superar el duelo requiere una serie de tareas para enfrentar las emociones/sentimientos que normalmente se experimentan y para poder seguir adelante.  

Ante la pandemia del COVID-19 surgirán muertes rápidas, que se pueden catalogar como inesperadas. Es el tipo de muerte se asocia con riesgo de duelo patológico. Además, no se podrán llevar a cabo los rituales funerarios de velorio y entierro, según acostumbrados. Sobre el particular se sabe que no presenciar los rituales funerarios de un ser querido deja muchos asuntos psíquicos sin resolver. 

En estos casos los dolientes expresan su situación mediante estado de shock, sensación de irrealidad, sentido de culpa e impotencia y perdida de la esperanza. También se experimenta coraje e ira, que pueden llevar a la agresividad y la violencia. Brotan pensamientos repetitivos e intrusivos, estados depresivos y ansiosos, y episodios de pánico. A mediano y largo plazo, puede surgir el trastorno de estrés postraumático. Aparte, quienes ya tenían algún diagnóstico de un trastorno mental, empeoran. Igual aumenta la incidencia de suicidios y hospitalizaciones. 

No obstante, si estas situaciones se trabajan de modo adecuado y eficaz, se pueden generar reacciones positivas. La evidencia empírica demuestra que las comunidades se unen para auto reconstruirse. O sea, se logra solidaridad y compasión. Comienzan a expresar niveles más altos de gratitud, esperanza y bondad. 

Las investigaciones revelan que tras un aumento de los estímulos que nos hacen conscientes de nuestra mortalidad, una reacción positiva es confirmar que el mundo tiene muchos aspectos buenos y bonitos. 

En la vida los individuos también son capaces de sacarle partido a la conciencia incrementada de la muerte. En este sentido, algunos de los estudios revisados indican que los pensamientos sobre la mortalidad pueden lograr un descenso en la tasa de divorcios, despertar el deseo de hacer el bien y del autocuidado. Todo esto ocurre si se trabaja de modo adecuado con los duelos que estén experimentando los dolientes.

Para eso se recomienda el “acompañamiento tanatólogico”. Implica acompañar emocionalmente a la persona para ayudarla, no curarla o quitarle el dolor, sino hacerle llevadero y soportable el sufrimiento derivado del proceso de duelo. Es marchar a su lado según su ritmo y en la dirección que él ha escogido. Es saber guardar silencio y escuchar activamente las congruencias e incongruencias de las entrelineas y el no verbal. Es lograr la última tarea de duelo, reubicar emocionalmente al ser querido fallecido, llevándolos con nosotros, pero sin que eso nos impida seguir viviendo. 

Tiene el fin de asistir al deudo en su proceso de duelo, para lograr la congruencia y equilibrio psicoemocional necesaria entre pensar, sentir, decidir y actuar. Persigue resolver de modo positivo el duelo por la pérdida de un ser querido, para un mejor entendimiento, aceptación y resolución de la situación. La meta es que la persona siga hacia adelante y aprenda de la experiencia. 

A nivel comunitario y de todo el país, requiere educar sobre la muerte y el duelo. La meta es desarrollar las habilidades que viabilizan enfrentar de modo asertivo, las múltiples pérdidas que experimentaremos en el transcurrir de nuestras vidas. Pero, sobre todo para que seamos la mejor versión de uno mismo, porque entendimos nuestra finitud.   





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