Christa von Hillebrandt-Andrade
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Terremotos, pandemia y tormentas: nuestra nueva normalidad

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Mientras veo caer lluvias torrenciales, siento fuertes ráfagas en Mayaguëz y monitoreo la secuencia sísmica del suroeste de Puerto Rico, con el “hand sanitizer” y mascarilla a la mano, no salgo del asombro y preocupación por la multiplicidad de los desastres y sus impactos en cascada que están ocurriendo en Puerto Rico. ¿Quién lo hubiera pensado? Muchos pensamos con María que sería lo peor que nos tocaría vivir…

Parecen tiempos lejanos, y solo debe haber sido hace unos años, que en reuniones y talleres de Manejo de Emergencias en Puerto Rico sugeríamos que evaluáramos qué pasaría si un terremoto ocurría a la vez que pasaba un huracán. A los que hacíamos tales sugerencias nos llamaban “profetas del desastre”. Viendo la situación al día de hoy, admito que nos quedamos cortos, pues hoy no estamos pasando por dos desastres, sino tres de manera simultánea, sin habernos recuperado de Maria.

Nos preguntamos, ¿cómo puede ser? ¿Es algo pasajero? ¿Qué acciones debemos tomar?

Los terremotos, la pandemia y los sistemas atmosféricos son de origen diferente y de por sí no conectados. Los terremotos ocurren por la liberación de energía acumulada en el interior de la tierra, el COVID-19 es un virus que se transmite entre personas y los sistemas tropicales se originan y evolucionan por condiciones atmosféricas y oceánicas.

Aunque su origen es diferente, cada uno de estos fenómenos tiene sus efectos cascada, y cuando convergen estos se exacerban. Los terremotos y huracanes afectan viviendas y estructuras – donde nos sentimos más seguros en un huracán, no necesariamente son lo más seguro para terremotos. Los deslizamientos son un efecto colateral de los terremotos, y también ocurren a causa de aguaceros, tormentas y huracanes. Inundaciones costeras pueden ser provocadas también por la actividad sísmica y atmosférica, ya sea por tsunamis, hundimientos de terreno, como en El Faro de Guayanilla, o marejadas ciclónicas. La pandemia ha comprometido el sector de salud, además de forzarnos a mantener un distanciamiento físico y tomar medidas más estrictas de higiene. Sin embargo, para responder a los terremotos y huracanes necesitamos servicios de salud.

Hay un entretejido total entre los efectos cascada de cada uno de estos eventos que nos vienen impactando desde 2017 y causando impactos profundos sobre la educación, la convivencia, la salud, la infraestructura, la economía; en fin, afectando la calidad de vida de todos en Puerto Rico, pero de manera particular a los más vulnerables.

Y esto no es pasajero. Se pronostica que los temblores del suroeste continuarán por años, con el calentamiento global se pronostican sistemas atmosféricos más frecuentes e intensos y el COVID-19 también estará presente, así como la posibilidad de otras pandemias.

La respuesta a estas amenazas varía. En el terremoto queremos estar afuera; en el huracán debemos mantenernos adentro de estructuras seguras; en caso de tsunami hay que salir rapidito de las zonas costeras; en caso de COVID-19 tenemos que quedarnos en nuestras casas, en nuestras burbujas… FEMA, la NMEAD, NOAA y la Red Sísmica dan sus recomendaciones sobre cómo se debe responder a estos eventos. Sin embargo, le toca a cada persona, a cada núcleo familiar, evaluar su situación y tomar las acciones pertinentes para responder y proteger su vida dependiendo de la situación.

Para enfrentar todas las emergencias, desastres que han ocurrido, están ocurriendo y pueden ocurrir, necesitamos Oficinas de Manejo de Emergencia a nivel municipal, regional y estatal para atender y coordinar la preparación, mitigación, respuesta y recuperación. Espero que cada vez tengamos más profesionales de carrera que puedan atender las situaciones a corto, mediano y largo plazo. Su trabajo conjunto con comunidades, agencias gubernamentales, el sector privado y organizaciones no gubernamentales, entre otros, es importantísimo, porque no hay institución que pueda atender por su cuenta las múltiples situaciones.

Hemos hablado de “reconstruir mejor” o “build back better” para un Puerto Rico resiliente. Pero para hacer esto nos tenemos que salir de nuestras burbujas sectoriales y co-diseñar de manera inclusiva el futuro que queremos, considerando todas las amenazas y sus impactos dentro de nuestro contexto social, económico y político. Necesitamos considerar datos e información científica, incluyendo el Censo, tomar en cuenta todos los sectores de la sociedad y de ninguna manera responder a los estresores de manera independiente. Urge la toma de acción, y trabajar juntos de manera colaborativa para proteger vidas y nuestra sustentabilidad.

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