María Calixta Ortiz
💬

Unidad planetaria en la pandemia

La pandemia del COVID-19 va a dejar huellas bien profundas en todos los seres humanos. Es difícil explicar lo que se sale de nuestro entendimiento y cómo reaccionamos ante lo nuevo, lo cambiante, lo impredecible. Como epidemióloga, ha sido un gran reto hacer un acercamiento para entender el virus, evaluar las tendencias a nivel global y aplicarlas a mi país.

Desde el brote en Wuhan, me documenté con la información que comenzaba a surgir, justo cuando los terremotos agobiaban miles de personas en Puerto Rico. Tengo tantas ansias de seguir investigando que llevo incontables horas frente a una computadora, escuchando relatos de pacientes, explicaciones de médicos y leyendo artículos científicos.

El 20 de enero emití mi primer resumen en las redes sociales alertando sobre el virus, basado en lo que al momento se conocía del COVID-19. Tuve muy pocas reacciones en ese momento. Era de esperarse, nadie pensó que nos podía tocar de cerca. Además, el efecto de los temblores no permitía una preocupación más.

Proyectar escenarios es algo común en mi disciplina. Tenemos que hacer pronósticos constantemente, pero hoy desearía no tener que hacerlos. Estoy entrenada para evaluar el dato real, para ejecutar el experimento controlado y nunca especular.

En los profesionales de la salud, las huellas de la pandemia calarán hondo. Y en mi caso no sabré a ciencia cierta cómo se siente estar detrás de una bata, mascarilla y gafas con el miedo entre las costillas al atender un paciente positivo. En el hospital, solo se ven a los ojos, los más expresivos, y no necesitan comunicarse. 

Imagina que eres médico y que tienes que decidir entre poner un respirador a un paciente de 45 años o a uno de 65 años. Y sentir pánico de que al salir de ahí no estés lo suficientemente libre del virus, para entonces abrazar a tu familia.

Imagina a los que pierden un familiar inesperadamente debido al virus y poco antes no se les permite ni acercarse a darle su mano para que puedan morir acompañados. Tampoco está la opción de organizar un merecido adiós como acostumbramos, reunidos para compatir abrazos. Entonces, nos queda buscar consuelo en las cenizas que guardaremos para cuando se pueda dar una despedida. Confieso que he llorado con distintos relatos de esta realidad de la pandemia.

Mientras, para todos los ciudadanos que debieron ajustar su itinerario y estilo de vida al trabajo o estudio en remoto desde las casas, la situación es también impactante. Se han tenido issues con la mesa de trabajo, la misma donde cenan, con la silla que no se ajusta a lo adecuado para una jornada de nueve a 10 horas; con el Internet, que colapsa por el aumento de requerimientos ante las necesidades de adultos y niños trabajando tareas con altas demandas.  A veces, también ocurre que se pierde la paz debido a muchas horas juntos y encerrados. Apresurados muchos vamos comiendo el desayuno y el almuerzo mientras se trabaja. Llegan ajustes y más ajustes para batallar con lo nuevo, lo impredecible. ¡Exhalemos, al menos tenemos salud y trabajo!

Y ni se diga de esas parejas que no han podido verse en persona por semanas, darse un abrazo y cenar juntos. Puedo imaginar a los que han perdido su trabajo y que ya no tienen ahorros para seguir. Ese será otro golpe fuerte y propiciará más éxodo de nuestra gente a otros países. Ya conozco de algunos que ante la impotencia de no poder hacer nada a distancia se han marchado.

A pesar de todos los escenarios difíciles descritos, nunca había visto tanta unidad entre nosotros y el mundo. Sabernos más pequeños que el virus mismo, ante la impotencia de no poderlo controlar, y a la vez sabernos tan grandes para ayudar sin medida, para aprender sin medida, para aceptar sin medida, para valorar sin medida. Nunca hemos estado tan distantes, pero a la vez nunca tan unidos.





Otras columnas de María Calixta Ortiz

martes, 14 de julio de 2020

De frente a la nueva ola del COVID-19

Desde marzo, los epidemiólogos advertimos que el COVID-19 se manifestaría en una ola tras otra, al menos por un año y medio. Esto es, señores, hasta diciembre de 2021, escribe María Calixta Ortiz

viernes, 3 de abril de 2020

Una tercera forma de contagio al COVID-19 es posible

Dos estudios demuestran que la trasmisión es más fácil de lo que se creía, incluso en una conversación de voz alta y cercana, por lo que es recomendable el uso de la mascarilla, escribe María Calixta Ortiz

domingo, 15 de marzo de 2020

Distanciamiento social para aplanar la curva epidémica

Con el distanciamiento social, el número de infectados será más bajo y se mantendrá por debajo de la saturación, de manera que la epidemia sea menos violenta e intensa, dice María Calixta Ortiz