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La época navideña en Austria, un país con ocho millones de habitantes en Europa

Central, comienza oficialmente el cuarto domingo antes del 25 de diciembre.  Este marca

el período de Advento, que tradicionalmente eran días de ayuno y reflexión pero ahora

son celebrados con más bullicio y fiesta.

Durante estas semanas previas a la navidad, la plaza central de cada ciudad se

transforma en una zona festiva.  Encontramos artesanos ofreciendo sus obras, una gran

variedad de comida y bebida austríaca, actividades para los niños como nacimientos

vivientes, ponies o pistas de patinaje sobre hielo, música en vivo, y claro, abundantes

personas tomando cerveza y Apfelmost.  El Apfelmost o Glühmost  es una fuerte pero

deliciosa cidra de manzana fermentada que a menudo se toma caliente con canela y

especias para esta época del año.

En las casas los domingos de Advento se celebran de una forma más solemne. La familia

se reúne para encender una vela adicional en la corona navideña cada domingo.  Estas

coronas con cuatro velas generalmente son la pieza central en la mesa desde fines de

noviembre hasta que termina diciembre.  Generalmente se observan las llamas por

algunos minutos en completo silencio, cada cual reflexionando sobre lo que su corazón

desee.

El seis de diciembre es Nikolaustag, el día de San Nicolás – o como lo conocemos en

Puerto Rico y los Estados Unidos, Santa Claus o Santa Clós. Su misión es premiar a los

niños buenos con pequeños regalos, dulces y chocolate, mientras los que se portaron mal

son castigados por su némesis, el “Krampus”.  El Krampus parece un cruce entre

Chewbacca y una especie de demonio peludo y lengüilargo.  Pero ahora es el Krampus

quien hace de las suyas en este día.  Muchos jóvenes al parecer disfrutan vistiéndose de

esta forma para perseguir a sus amigos y conocidos con una escoba.

Es divertido observarlos en las plazas de las ciudades, donde parecen un ejército

corriendo en busca de malhechores, y a veces forman un círculo para bailar.  Mientras

tanto, St. Niklaus observa desde una calesa o funge como maestro de ceremonias.

Nochebuena en Austria es realmente una “noche de paz”, como bien dice la conocida

canción austríaca.  Las velas del árbol se prenden con llamas reales (siempre hay alguien

pendiente con un cubo de agua en la mano, pues aparentemente ha habido al menos un

“accidente” en el país casi todos los años) y todos se congregan alrededor para cantar. 

Los regalos los trae el niñito Jesús a medianoche.

La próxima ocasión para celebrar es la despedida de año.  Luego de un brindis con

champán a medianoche, todos los presentes bailan el primer vals del nuevo año.  Es una

ocasión muy bonita, ver a familiares de varias generaciones moviéndose al son de la

música de Strauss.

En algunas ocasiones todavía se celebra el “Bleigiessen”, que consiste en derretir un

pedacito de plomo sobre una llama para inmediatamente vertirlo en agua fría y tratar de

interpretar las curiosas formas que toma el metal al solidificarse en augurios para el

nuevo año.  Esto debió haber sido algo serio cientos de años atrás pero ahora los

austríacos no paran de reír mientras tratan de interpretar las abstractas formas.

Con la llegada del nuevo año quedan dos importantes celebraciones, el día de reyes el seis

de enero y la misa de la luz (Lichtmesse) el 2 de febrero, día que en nuestros campos aún

se conoce como el día de las candelarias.  El día de reyes no es tan importante como en la

tradición latinoamericana, pero todavía se conmemora. Y el dos de febrero hay fogatas a

la interperie, además de una misa iluminada por docenas de velas como celebración final

de la luz y las metáforas asociadas  con el perído navideño.

Aunque las navidades culminan oficialmente el 2 de febrero, este hermoso país parece

continuar de fiesta durante el resto del invierno, ya que los austríacos disfrutan a

cabalidad del deporte de esquí.  A menudo se pueden ver niños esquiando desde los 3

años, acompañados y protegidos por sus padres.  Siempre me sentí torpe sobre mis

esquís al ver la gracia y la destreza con la que estos jovencitos se desplazaban por la

nieve.  Y en Austria siempre parece haber un complejo o montaña para esquiar no muy

lejos de cualquier lugar donde uno esté.  De hecho, el esquí alpino es el deporte más

practicado en este país y también el más observado por televisión por sus fanáticos.

Jóvenes adultos con un bachillerato y buen manejo del inglés que deseen vivir en Austria

y experimentar estas fiestas de primera mano pueden trabajar un año en una escuela

superior como asistentes de idiomas.  Para más información visiten la

“Austrian-American Educational Commission” en su página de internet,

www.fulbright.at.
(La autora es profesora de idiomas en San Diego, California)


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