Vista de la ciudad de Almaty. (EFE/EPA/IGOR KOVALENKO)

Kazajistán comparte frontera con Rusia, China y otros países de  Asia Central y está considerado el noveno país más grande del mundo, con apenas 18 millones de habitantes. El Parque Nacional de Charyn, con un cañón similar al del Colorado, o el Lago Kaindy, son alguno de los tesoros de un estado donde nacieron las manzanas.

Entre sus pobladores conviven musulmanes, que forman la mayoría,  católicos ortodoxos y, en menor medida, cristianos protestantes, e intenta abrirse al mundo a través del mejor escaparate posible: el turismo. 

Río Kolsay. (Diego Caballo)
Río Kolsay. (Diego Caballo)

Entre sus ciudades, la más destacada es también la más habitada, Almaty -a más de 1,000 kilómetros al sur de la capital, Astaná-  que posee el 9% de la población total nacional y en la que luce sus amplias avenidas de numerosos árboles, mientras van desfilando edificios modernos de estilo soviético.

Destaca su cercana estación de esquí de Shymbulak, y algo más lejos el cañón Charyn, el valle de los Castillos, “tallados” por el viento, el agua y el tiempo, y Kaindy Lake, un lugar de belleza única y singular. 

Detalle del Valle de los Castillos. (Diego Caballo)
Detalle del Valle de los Castillos. (Diego Caballo)

El turista puede visitar una villa aborigen, donde se reproducen la forma de vida y de lucha de los antiguos kazajos, y donde apreciar su gastronomía, propia y de herencias ancestrales.

“Nos queda mucho por hacer y por aprender -dice el responsable de Turismo y Promoción de esta zona, Aslan Konurkhanov-  pero nuestro Gobierno, consciente del valor que representa el sector turístico, está apostando por potenciarlo".

Retrato de una kazaja Huns. (Diego Caballo)
Retrato de una kazaja Huns. (Diego Caballo)

A continuación añade: “Entre otras muchas cosas, Almaty, que se encuentra entre las mejores y más baratas ciudades del mundo para vivir, ha sido reconstruida en  tres de sus cuartas partes, además de dotar su estación de esquí, la más importante de  Asia central, a 2,200 metros sobre el nivel del mar,  hasta lograr convertirla en un destino ideal para los amantes de este deporte”.

Almaty, etimológicamente, significa “abuelo de las manzanas” o “sitio de las manzanas”, pues de estas tierras brotó el árbol “sievers”, antecesor de los manzanos, que posteriormente sería injertado para poder ofrecernos esta rica fruta de color rojo y sabor exquisito. Y de esta ciudad partimos para conocer otros lugares no demasiado lejanos.

Lago Kaindy con los pinos boca abajo. (Diego Caballo)
Lago Kaindy con los pinos boca abajo. (Diego Caballo)

El Lago Kaindy

Uno de los más bellos lugares de la zona es  el Lago Kaindy,  a poco más de 120 kilómetros de Almaty, con sus 400 metros de largo y 30 de profundidad en algunas partes, y a 2,000 metros sobre el nivel del mar. 

A este lugar se accede fundamentalmente en vehículos todoterreno por la dificultad del camino, y antes de que empiece el invierno, ya que después es prácticamente intransitable.

Sufrió un terremoto en 1887, a consecuencia del cual se desprendió una barrera natural que se llevó por delante tierra, rocas piedras y arboleda, fundamentalmente pinos, que, sorprendentemente, quedaron “sembrados” boca abajo en las aguas de color azul turquesa del lago, ofreciendo así un espectáculo único para el visitante. 

Los colores esmeralda, verde, azul y sus reflejos combinados con rayos solares, parece indicarnos puntos exactos de belleza.

Cañón Lunar en el Parque Nacional del Cañón Charyn. (Diego Caballo)
Cañón Lunar en el Parque Nacional del Cañón Charyn. (Diego Caballo)

Cañón Lunar y Valle de los Castillos

Otra de las excursiones recomendadas es al Cañón Charyn, con más de 150 kilómetros cuadrados, pero solo con una parte visitable, y de ella la más famosa y a la que acuden un mayor número de turistas es el denominado Valle de la Luna.

Es comparable al Gran Cañón del Colorado, según Konurkhanov, “aunque más pequeño pero yo lo calificaría de aún más bello” –recalca mientras ríe-. Forma parte del Parque Nacional cercano a la frontera china, a unas cuatro horas de Almaty en coche.

A lo largo de los siglos, el agua del río Charyn y el viento, fundamentalmente, han “esculpido” las rocas solitarias, libres de arboleda o matorrales, creando formaciones de diferentes tamaños.

Ofrecen al visitante sus tonos anaranjados con mayor o menor intensidad, según la hora del día en que se visiten, y acantilados como heridas gigantes que muestran las entrañas rocosas.

El Valle de los Castillos, en la garganta del río Charyn, también sorprende con sus caprichosas formaciones. La soledad, lo inhóspito, el sonido del silencio interrumpido por el viento y la belleza natural de los “castillos” que se pueden admirar mientras se camina por sus senderos, es todo un espectáculo natural interrumpido a veces por  algún ave rapaz en vuelo. 

Poblado de los Huns. (Diego Caballo)
Poblado de los Huns. (Diego Caballo)

El Pueblo de Huns

A solo 35 kilómetros de Almaty se encuentra el pueblo étnico de Huns, heredero de los escitas, población nómada que basaban su forma de vida en el pastoreo ambulante y en la cría y adiestramiento de caballos de monta. Un lugar ideal en el que se puede ver recreado el pasado viajero de los kazajos, que cambiaban de ubicación según la época del año. 

Muestran su tremenda habilidad montando a caballo, que incluye simulacros de lucha y algunas ceremonias ancestrales, además del disfrute de su particular gastronomía.

En ella destaca el cordero, sin olvidar la cabeza y la parte más preciada de ella, los ojos del animal. También guisan la lengua de vaca, carne de caballo y hacen combinaciones culinarias con la leche de yegua y un queso de sabor intenso y ácido.

Unos kazajos con sus aves rapaces a caballo. (EFE/EPA)
Unos kazajos con sus aves rapaces a caballo. (EFE/EPA)

Grandes amantes de la cetrería

A las afueras de Almaty se ofrecen demostraciones del arte de la cetrería, a las que son muy aficonados los kazajos, que permite contemplar y admirar el magnífico adiestramiento de las aves rapaces.

También se comprueba la forma de caza en vuelo de estas particulares aves y, en tierra, sorprende la obediencia al cuidador quien, con apenas unos gestos, consigue que el animal aterrice en su brazo enguantado.

En los desplazamientos por carretera se puede comprobar el esfuerzo e inversión que están haciendo para conseguir avanzar, con cierta rapidez, en la creación de infraestructuras en el sector turístico.

Según Aslan Konurkhanov,  “Almaty es la parte del país  de mayor afluencia turística de Kazajistán, entre otras cosas, por la cercanía de su aeropuerto, su reserva natural, a poco más de tres horas, y que en estos momentos se está desarrollando el turismo de montaña, con un plan maestro que incluye más de 13 nuevos complejos de montaña para 2025”.

Estación de esquí de Almaty. Al fondo la ciudad. (EFE/EPA/IGOR KOVALENKO)
Estación de esquí de Almaty. Al fondo la ciudad. (EFE/EPA/IGOR KOVALENKO)

Paraíso invernal

Almaty  cuenta además con el atractivo de sus montañas para la práctica de deportes invernales, como el esquí, el patinaje sobre hielo y el alpinismo. En las afueras de la ciudad se encuentran la estación de esquí de Shymbulak y Medeu, la pista de patinaje sobre hielo más alta del mundo, a 1,691 metros sobre el nivel del mar. 

Konurkhanov señala también que las autoridades “agilizarán los trámites para que el visado resulte mucho más fácil para el viajero y la página de Turismo aparecerá también en español”.

Efectivamente por los márgenes de la carretera se ve en numerosas ocasiones el eslogan: “Kazajistán 2050”. “Esa es nuestra meta –dice el responsable de turismo- para lograr que el país esté entre los 30 primeros países desarrollados del mundo”.

 Capital cultural

Astaná, la ciudad capital de Kazajistán desde 1997 se destaca por su vibrante vida cultural. Ostenta rascacielos de diseño futurista y hasta playas artificiales en las azoteas de los mismos. 

 Obra del arquitecto Norman Foster cuenta con una  inmensa pirámide, que alberga el Palacio de la Paz y la Reconcilicación. Así mismo  un  palacio presidencial, inspirado en la Casa Blanca estadounidense pero varias veces más grande y coronada por una  cúpula azul. Lo flanquean dos rascacielos gemelos dorados, que albergan las sedes de la banca y el fondo de seguros estatales.

 Uno de los núcleos culturales de la ciudad es el Museo Nacional de Kazajistán, un moderno edificio  construido en 2014. Es un museo principalmente etnográfico y arqueológico que atesora las reliquias sobre las que se cimenta la identidad del país. El corazón del museo es la Sala de Oro, que alberga la vestimenta ceremonial de un “guerrero dorado” del pueblo saka, realizada con  cientos de piezas de oro. Data del siglo III a.C.

Una muestra de la gastronomía kazaja. (Diego Caballo)
Una muestra de la gastronomía kazaja. (Diego Caballo)

Almaty cuenta por su parte con el Museo Estatal de Arte Abilkhan Kasteyev, con una vasta colección de artes gráficas y decorativas tradicionales de Kazajistán, así como colecciones de arte oriental,  ruso,  europeo,  contemporáneo extranjero y pintura kazaja del siglo XX.

Abilkhan Kasteyev es considerado uno de los pintores más importantes de Kazajistán. Por otro lado, en Almaty también se encuentra  el Teatro de Ópera y Ballet Abay

En Kazajistán, donde dice un refrán que se es amigo tras compartir la  primera comida, el sueldo medio está en torno a los 500 dólares, un litro de gasolina cuesta 60 centavos de dólar, pero queda mucho por hacer de cara a convertirse en una potencia a ser tenida en cuenta en el sector turístico mundial.

Una gran ventaja les acompaña: las enormes posibilidades que ofrece y su gran hospitalidad que se comprueba en el mismo momento del aterrizaje del avión ya que, al llegar, ofrecen al visitante un cesto de manzanas y una amplia sonrisa de bienvenida.


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