El Flushing Meadows Corona Park, presidido por la gigantesca escultura Unisphere, de acero inoxidable, es el mayor globo terráqueo del mundo y uno de los símbolos más famosos de Queens. (Archivo GFR Media)

Han pasado siete años desde que el huracán Sandy diezmó esta península de barrera en el extremo sur de Queens, cuando arrancó la rambla de sus anclajes y esparció los escombros por toda su extensión. Sin embargo, no hay mal que dure cien años, y el barrio de clase trabajadora de Rockaway Beach se ha transformado: de ser uno de los secretos mejor guardados de la ciudad, en un destino de pueblo costero. 

El tren A de los fines de semana (sí, a esta playa se puede llegar en metro) suele estar lleno de sillas arenosas y tablas de surfear, mientras los visitantes  con sus bolsos de playa al hombro esperan un ferry en el Embarcadero 11 del Distrito Financiero. De hecho, este pueblo de surfistas, ahora es una mezcla de vida bohemia y gentrificación, donde el ajetreo urbano puede sentirse inmediato.

Viernes, 4:15 p.m. El viaje en ferry 

Surcar las aguas de los cinco distritos solía ser un deleite costoso para turistas (a pesar de la vieja ruta del Ferry de Staten Island), pero ahora el alcalde Bill de Blasio ha establecido el sistema subsidiado de ferries que recorre toda la ciudad con viajes de 54 minutos desde los cañones de Wall Street hasta los rompeolas de Beach Channel Drive en Rockaway por tan solo $2.75. Súbete a un ferri temprano para ganarles a las multitudes  y toma asiento en la parte superior  y observa cómo se desvanecen en el horizonte del mar azul monumentos icónicos como la Torre de la Libertad y la Estatua de la Libertad.

Desde el Bulevar de Rockaway Beach y el Fuerte Tilden, toma las escaleras hacia la Batería Harris Este para una de las mejores vistas panorámicas de mar abierto y el horizonte de la ciudad de Nueva York. (Archivo GFR Media)
Desde el Bulevar de Rockaway Beach y el Fuerte Tilden, toma las escaleras hacia la Batería Harris Este para una de las mejores vistas panorámicas de mar abierto y el horizonte de la ciudad de Nueva York. (Archivo GFR Media)

 6:00 p.m. Una bebida al atardecer

Una de las mejores vistas del atardecer de Ciudad de Nueva York se esconde entre una gasolinera en ruinas, en una franja de la bahía llena de baches de Beach Channel Drive: The Wharf Bar & Grill. Casi invisible desde la calle, se encuentra al oeste del Cross Bay Veterans Memorial Bridge, donde hay una vista panorámica ininterrumpida de Jamaica Bay. Pasa la barra trasera hasta el muelle flotante, donde puedes sumergir los dedos de los pies en el agua mientras te tomas una cerveza y miras cómo el sol se hunde en el agua y las luces del horizonte de Manhattan comienzan a parpadear.

Hermoso atardecer visto desde Queens, con el perfil de Manhattan al fondo.  (Archivo GFR Media)
Hermoso atardecer visto desde Queens, con el perfil de Manhattan al fondo. (Archivo GFR Media)

7:30 p.m. La comida de la rambla

Los tres búnkers de concreto alineados en la rambla se remontan a Robert Moses, el agente del poder y constructor maestro de la ciudad de Nueva York. Pero la escena  moderna de los puestos callejeros de Rockaway no tiene ni una década. En los puestos callejeros de la calle 106, el quiosco Caracas cocina las mismas  arepas rellenas de proteína (entre $6 y $10) que motivan a los comensales a hacer largas filas en su sucursal de East Village. Muchos vendedores  comparten el largo y ondulante mostrador de la estación de la calle Beach 97, pero La Cevicheria, que sirve ceviches peruanos (el ceviche mixto, de $13 es de los más vendidos), sigue siendo uno de los favoritos, tanto en Instagram como en el plato.

Una pareja disfruta del ambiente musical,  una escena típica cerca de una sucursal de Caracas Arepa Bar, conocido por su comida venezolan, ubicado entre los  puestos callejeros de la calle 106, en las ramblas. (The New York Times)
Una pareja disfruta del ambiente musical, una escena típica cerca de una sucursal de Caracas Arepa Bar, conocido por su comida venezolan, ubicado entre los puestos callejeros de la calle 106, en las ramblas. (The New York Times)

9:00 p.m. Los sonidos de la rambla

Están prohibidas las fogatas en la playa de la ciudad de Nueva York. Pero en  cada puesto hay música las noches de viernes y sábados. Echa un vistazo a la banda de sala o rock local que toca en un rincón del patio de Caracas en el puesto callejero de la calle 106. Cerca de Rippers encontrarás más rock y punk. Y en Low Tide Bar, en los puestos callejeros de la calle 97, hay tanto bandas en vivo como un DJ que pincha sesiones mpredecibles. Un acuerdo de hora límite flexible acaba con el retumbe de la rambla para convertirlo en susurros de alrededor de las 10 p. m.

Sábado, 9:00 a.m. Surfea como los lugareños

Surfear en Rockaway alguna vez solo era para una comunidad muy   cerrada, compuesta por una mezcla de lugareños dedicados y surfistas  que arrastraban sus tablas por el tren A en lo más álgido del invierno para alcanzar las fuertes marejadas. Ahora,  Nueva York es una genuina ciudad de surfistas (basta revisar la lista de los principales diez lugares para surfear de cualquier revista especializada). Para unirte a las multitudes, dirígete a una las dos playas para surfear en Rockaway en la calle 69, donde Locals Surf School opera desde una tienda de campaña negra. La escuela para surfear, encabezada por Mike Reinhardt y Mike Kololyan, tiene clases grupales (de $85  por dos horas con equipo incluido) y privadas ($100 dólares). Para el desayuno previo a la clase, estos dos personajes también abrieron Locals Collective, una cafetería a una calle de la playa  que también hace las veces de  sala de exposición del carpintero  Joseph William Falcone, mejor conocido como “Joey Clams”. Si  no necesitas clases, Boarders, otra tienda en la calle Beach 92, renta tablas (entre $35 y $50) y trajes de neopreno ($5 con la tabla, $10 solos).

Rockaway Beach, al sur de Queens, es uno de los sitio más visitados entre los que buscan buenas olas para surfear.  (The New York Times)
Rockaway Beach, al sur de Queens, es uno de los sitio más visitados entre los que buscan buenas olas para surfear. (The New York Times)

12:00 p.m. El taco de Rockaway

Antes del huracán Sandy, la Rockaway Beach de la década del año 2000 puede dividirse en dos eras: antes y después del taco, en el momento en que el famoso quisoco de Rockaway Taco puso a trabajar sus freidoras. El famoso taco de pescado fresco -frito  con rapidez acompañado de ensalada de repollo y crema de chipotle, envuelto en una tortilla suave- ahora se puede encontrar en Tacoway Beach, en la parte trasera de Rockaway Beach Surf Club en la calle Beach 87. Los tacos de pescado ($3.50) son la razón por la que estás aquí, pero el club de surfistas tiene eventos  todo el verano. Trata de ver la marca de hasta dónde llegó el agua del huracán Sandy en el muro, inmortalizada en uno de los muchos murales.

 2:00 p.m. Bicicletas y caminatas 

Toma una de las 600 bicicletas de Lime  en las aceras de Rockaway ($1 para abrir la cerradura y 15 centavos  por minuto después de eso) y toma la ruta escénica a lo largo de la rambla y el Bulevar de Rockaway Beach hasta el Fuerte Tilden y el Área Recreativa National Gateway, donde encontrarás viejos cuarteles del ejército convertidos en galerías por la Rockaway Artists Alliance. Dirígete a la galería sTudio 7, abierta la mayoría de los fines de semana (donativo sugerido de $5), que de cuando en cuando tiene exposiciones en una enorme planta de reparación de automóviles abandonada que se ve como uno de los escenarios de “Chernobyl”. 

 6:00 p.m. Atardecer en el agua

 Jamaica Bay es una de las reservas naturales más grandes dentro de los límites citadinos que hay en el país. Toma una moto de alta velocidad de Rockaway Jet Ski y experimenta la bahía  durante un recorrido al atardecer de una hora de duración ($150). Los guías te ayudarán a navegar el laberinto de vías fluviales e islas, desde donde los aviones que despegan desde el cercano Aeropuerto Internacional John F. Kennedy proyectan su sombra sobre embarcaciones, yates, botes de pesca y veleros que navegan los bajíos. El recorrido da una vuelta por la extensión al oeste mientras el sol transforma la superficie del mar en una teja, los cielos se tiñen de lavanda y la adrenalina baja.

 8:00 p.m. Uzbekistán a orilla del mar

Tal vez Uma sea el único restaurante uzbeko que tenga un estante para tablas de surfear frente a sus puertas y un constante flujo de videos de surfeo sobre la barra. Pero el favorito de Rockaway -uno de los pocos restaurantes que abre todo el año- trae los sabores de la Ruta de la Seda hasta el mar. Comienza con una ensalada Uma ($12), que consta de una mezcla ahumada de pimientos rostizados, berenjena frita y tomates frescos que forman una pila sedosa con un acento de ajo y un montículo de feta desmoronado. Las empanadas y las brochetas de carne del menú valen la pena, en especial las empanadas Manti del tamaño de un plato. Cualquier banquete de iniciación en Uma debe incluir el ‘plov’ ($13), el platillo nacional de Uzbekistán: res condimentada sobre zanahorias, arroz y garbanzos, espolvoreada con las uvas rojas ácidas uzbekas que los dueños, Conrad Karl y su esposa, Umida  traen desde Uzbekistán. Vierte un poco de salsa de chile hecha en casa y acompaña tu platillo con una cerveza ucraniana tipo lager de barril.

9:30 p.m. Rockea con Whit

Whitney Aycock, el propietario extravagante y malhablado de un local de pizzas, es adorado en Rockaway. Tras ser obligado a cerrar dos locales en menos de un año, Aycock ahora tiene un amplio restaurante con áreas techadas y al aire libre, Whit’s End, donde ofrece sus pizzas distintivas (cuyo precio comienza en $10) y su ingeniosa boloñesa de pollo a la parmesana ($22); suele tener una fila que va más allá de la puerta. Pero en la parte trasera, a la que solo se llega a travésde la calle Beach 97, Aycock construyó un escenario improvisado que en verano se llena con bandas que hacen nuevas versiones de Grateful Dead.  

En la rambla, en la calle Beach 97, cerca del Rockaway Beach Club, los visitantes se pueden tomar fotos. (The New York Times)
En la rambla, en la calle Beach 97, cerca del Rockaway Beach Club, los visitantes se pueden tomar fotos. (The New York Times)

Domingo, 9:00 a.m. Sana relajación

Algunas personas solo quieren ir a la playa a relajarse. Así que, hazlo, después de pasar por Breakwater Surf Co. por tu ropa de playa de último minuto. Para algo un poco más desafiante, dirígete a la bahía detrás del restaurante Thai Rock, donde Rockaway Jet Ski ofrece una clase de yoga de pie sobre una tabla de una hora de duración ($40, incluye equipo).

Mediodía. A buscar en las cajas

La fiebre de la cerveza artesanal de la ciudad de Nueva York ha plantado su bandera en la península en Rockaway Brewing Co., que comenzó como un experimento en el patio trasero de la casa en Far Rockaway y desde entonces se ha expandido hacia el norte de Queens. Su cervecería de Rockaway está construida en un viejo almacén cavernoso y tiene una mesa de pool y juegos de mesa. También funciona como tienda de discos usados, con cajas en la pared del fondo llenas de vinilos antiguos. De entre las cervezas de barril que sobresalen están las tipo ale, perfectas para un día soleado en la playa, como la refrescante y ligera Rockaway Pilsner o la de trigo y lúpulo DaBeach ale.  


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